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Ejército del Aire y del Espacio  El JEMA alerta del riesgo de guerras de desgaste sin superioridad aérea y reclama sistemas de sexta generación

El general del Aire Francisco Braco Carbó reclama a la industria capacidad de «liderar la innovación» en Defensa

El general del Aire Francisco Braco Carbó, jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA), advierte de que Europa perdió «el tren de la quinta generación» y reclama a la industria capacidad real para liderar la innovación. Expertos, empresas y responsables públicos analizan en Madrid cómo escalar la base tecnológica e industrial española ante el rearme europeo.

El II Congreso de Derecho, Defensa y Empresa celebró este jueves su segunda jornada en la Escuela de Organización Industrial (EOI) de Madrid, reuniendo a juristas, responsables públicos y empresas del sector en un momento de consolidación del rearme europeo. El encuentro, organizado por la consultora Indie con el apoyo de Indra Group, EM&E Group y Grupo Amper, abordó los desafíos operativos, industriales y regulatorios que condicionarán la capacidad de respuesta de España y Europa en los próximos años.

El JEMA urge a avanzar hacia sistemas de sexta generación, tras perder Europa el tren de la quinta, y reclama a la industria capacidad de «liderar la innovación» en DefensaEjército del Aire y del Espacio

La jornada comenzó con una conversación entre el director de Defensa de Indie, Nacho G. Pandavenes, y el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA). Braco ofreció un repaso de los principales retos estratégicos, subrayando que sin superioridad aérea «todo conflicto deriva en una guerra de atrición».

El JEMA advirtió de que Europa ha perdido la oportunidad de disponer de un sistema propio de quinta generación y defendió la necesidad de acelerar el salto hacia plataformas de sexta generación basadas en un «sistema de sistemas». Según explicó, la capacidad de disuasión dependerá de integrar operaciones multidominio, proteger infraestructuras críticas —como los satélites de comunicaciones— y reforzar el equilibrio entre personal, organización y tecnología.

Mayor liderazgo de la industria

En su intervención, también reclamó un mayor liderazgo por parte de la industria, señalando que el debate ya no gira en torno a qué necesita la defensa, sino a «qué es capaz de ofrecer la industria». Braco defendió asimismo la fidelización del personal y el mantenimiento de la preparación operativa bajo el principio de «fight tonight, fight tomorrow»: operar hoy con lo disponible y estar listos para el combate del mañana. Recordó, además, que las Fuerzas Armadas tienen un papel de servicio público y que «el cliente es la sociedad».

Contratación pública

La primera mesa analizó el uso de medios humanos y técnicos de terceros en los concursos públicos. Ana Calvo (White & Case) recordó que el artículo 75 de la Ley de Contratos permite recurrir a apoyos externos, especialmente útil en un sector donde la colaboración entre empresas es habitual. Carlos Rodríguez Villasante (GNGH Abogados) añadió que los grandes programas obligan a combinar recursos propios y ajenos mediante UTE o subcontratación.

Marta Plaza (GTA Abogados) advirtió del riesgo de «licitadores de paja» o de controles insuficientes durante la ejecución. Irene Fernández Puyol (Gómez-Acebo & Pombo) subrayó que las habilitaciones no pueden aportar-se con terceros y que los compromisos de adscripción deben verificarse con el adjudicatario.

Fondos de inversión en defensa

La segunda mesa abordó la entrada de fondos de inversión en empresas de defensa, un fenómeno creciente ante la presión de la demanda. Joaquín Ortiz (Hyperion Fund) explicó que la industria afronta proyectos de gran escala sin un crecimiento presupuestario equivalente, lo que obliga a muchas compañías a apoyarse en capital privado para afrontar una «travesía en el desierto» previa al empuje que aportan los grandes contratistas.

Desde el ámbito jurídico, Javier Tortuero (Uría Menéndez) reclamó due diligence reforzada y contratos más sofisticados. Enrique Aguado (Interpath) señaló que la falta de capacidad productiva y la inestabilidad presupuestaria limitan la capacidad de inversión. La moderadora, Rosa María Vidal Monferrer (Broseta Abogados), destacó que la reconversión industrial obliga a gestionar riesgos regulatorios en un entorno internacional cambiante.

España ante el rearme europeo

La tercera mesa, centrada en los programas de rearme europeos, puso el acento en la necesidad de ordenar capacidades, reforzar la cadena de valor y consolidar modelos de cooperación empresarial y público-privada.

Carlota Sánchez-Cuenca (AESMIDE) defendió que España debe proyectar mejor sus capacidades al exterior y fortalecer su estructura interna, impulsando alianzas y consorcios que permitan escalar innovación y talento. Carolina Díaz (Asturias HUB Defensa) destacó el papel de los hubs regionales como conectores entre industria y administraciones.

Daniel Rey (HUB de Defensa de Aragón) subrayó la fortaleza industrial aragonesa y su potencial en ámbitos como los data centers vinculados a inteligencia artificial. Ramón Gurriarán (ámbito académico) recordó que Europa necesitará más de 600.000 profesionales especializados antes de 2030. Representantes de Grupo Amper y EM&E Group coincidieron en que la inteligencia artificial será determinante en capacidades como la defensa antidrón y reclamaron acelerar el desarrollo tecnológico europeo.

Cooperación UE-OTAN, disuasión y cultura de defensa

La última mesa analizó el marco europeo y atlántico. El general de brigada Víctor Mario Bados Nieto, director del IEEE, destacó el reconocimiento internacional hacia la industria española por su apoyo a Ucrania y señaló que sistemas como los «Patriot PAC-3» o el mortero embarcado español están teniendo impacto directo en el frente.

Héctor Casado (DIGEID) comparó el momento actual con la transición posterior a la Segunda Guerra Mundial y subrayó la necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea. Silvia Gamo (Fundación Círculo) y el economista Antonio Fonfría insistieron en que la colaboración público-privada es imprescindible y que la industria tenderá hacia cuatro o cinco grandes consorcios europeos, con Indra como pieza central del ecosistema español.