Donald Trump junto a Xi Jinping en una imagen de archivo
Análisis militar
La nueva geopolítica
En la actualidad la historia se repite con dos grandes imperios, EE.UU. y China, que muy probablemente protagonizarán la historia del siglo XXI, y con un tercero en discordia que de alguna manera perturbará esas relaciones: Rusia
Debido a los acontecimientos recientes motivados por la guerra de Ucrania, la situación en Groenlandia, Venezuela y en Irán, se están produciendo análisis de distinto signo, tratando de comprender la nueva postura de la administración Trump en EE. UU. y las disfunciones en el orden internacional, al menos desde el punto de vista de las naciones del llamado mundo occidental integrado en la OTAN.
Observando con atención estos análisis se desprende una inquietante conclusión: es probable que no nos estemos dando cuenta que la geopolítica tal como la entendemos desde Europa, ha cambiado de forma quizás irreversible.
La geopolítica desde Europa se basa en nuestra posición geográfica en el mundo, pero también en nuestra evolución histórica. En la historia de la humanidad ha habido siempre al menos dos imperios enfrentados, con mayor o menor virulencia, en función de los intereses que tuvieran en ese momento, y los sigue habiendo en la actualidad. El problema es que, en la parte occidental del mundo, sobre todo en Europa, llevamos demasiado tiempo sin darnos cuenta.
La razón pudiera ser que en los últimos 80 años la situación de los dos imperios enfrentados, en la Guerra Fría que siguió a la GMII, no solo no nos supuso un problema, sino que nos ha llevado a pensar que estábamos en un mundo nuevo en el que teníamos resuelto nuestra seguridad y bienestar, olvidándonos o no queriendo ver que el mundo es un lugar, con frecuencia, bastante inhóspito.
Dos grandes imperios, EE.UU. y China, muy probablemente protagonizarán la historia del siglo XXI
Lo anterior nos permitió vivir en la seguridad de estar protegidos por uno de ellos, que además era el más fuerte. Y hoy nos despertamos de esa ensoñación, desconcertados como si fuéramos traicionados por nuestro imperio protector y preguntándonos qué hemos hecho mal y qué tenemos que hacer para seguir disfrutando de nuestra seguridad y tranquilidad.
Europa debe pensar qué papel quiere jugar, qué nivel de influencia y ambición, pero también qué responsabilidad está dispuesta a afrontar
El antecedente más cercano es el enfrentamiento entre los imperios totalitarios (nazi y japonés) y democrático (la alianza euroatlántica).
Y en la actualidad la historia se repite con dos grandes imperios, EE.UU. y China, que muy probablemente protagonizarán la historia del siglo XXI, y con un tercero en discordia que de alguna manera perturbará esas relaciones: Rusia. Eso no significa que otras naciones no sean protagonistas de esa historia, pero siempre estarán condicionadas por estos tres actores.
Todos los imperios constan de la Nación principal y de una serie de naciones integradas más o menos dependientes o vasallas, entendiendo el vasallaje como se entendía en la Edad Media.
Es evidente que las formas han cambiado, pero es necesario entender la dinámica imperial para saber dónde estamos y lo que queremos en cada momento.
La actual geopolítica seguirá buscando el equilibrio de valores fundamentales de libertad y seguridad, en un mundo con unas características nuevas y muy importantes: la globalidad y la capacidad de comunicación instantánea.
También hay que tener en cuenta que la rivalidad se producirá entre dos modos de entender el equilibrio de los valores fundamentales: democracia y autocracia.
Desde nuestro punto de vista, como democracias liberales occidentales, el equilibrio se conseguirá mejor en la democracia con la división de poderes, sus contrapesos y la importancia de la opinión pública de sus naciones.
Sin embargo, hay que ser conscientes de que las autocracias disponen de una ventaja para conseguir sus intereses: su capacidad en la toma de decisiones al no depender de los contrapesos de las democracias ni de la reacción de sus opiniones públicas.
Ahora bien, su debilidad está en que el equilibrio entre los valores fundamentales es, en su caso, difícil de conseguir y la historia nos enseña que ese tipo de imperios colapsa antes, aunque también es cierto que al final colapsan todos para de nuevo volver a empezar.
La actual geopolítica seguirá buscando el equilibrio de valores fundamentales de libertad y seguridad
En este escenario, Europa debe pensar qué papel quiere jugar, qué nivel de influencia y ambición, pero también qué responsabilidad está dispuesta a afrontar con realismo y pragmatismo.
Europa está claramente integrada en uno de los dos polos principales, en todos los órdenes y claramente en lo referente a la seguridad, y, a pesar de los acontecimientos recientes, sería interesante hacerse una pregunta: quién necesita más a quién, EE.UU. a Europa o Europa a los EE.UU..
Siguiendo la lógica de los imperios, EE.UU. necesita más a Europa que al contrario por lo siguiente: Europa proporciona a la alianza (concretada en la OTAN) territorio y población si EE.UU. se compara con China. Por otro lado, y quedando claro que Rusia se ha posicionado como enemiga de Europa, su preocupación estará en el continente más que en apoyar al otro imperio (China). En esta idea, si Europa toma conciencia de su seguridad sin depender, como hasta ahora, de EE.UU., permite a esta focalizarse en Asia-Pacífico donde, por otro lado, cuenta con naciones vasallas: Japón, Australia, Filipinas y Taiwán.
Esta situación proporciona ventaja a la Alianza euroatlántica, y es la razón principal por la que el vínculo transatlántico debe mantenerse, aunque de una forma diferente.
El pilar europeo de OTAN será la mayor aportación a la Alianza, los órganos de mando y control y los cuarteles generales tendrían que estar a cargo de mandos europeos y por consiguiente el presupuesto de la OTAN tendrá que modificarse y los EE.UU. ya no tendrían que ser el mayor contribuyente.
Europa tendrá que articular unidades multinacionales para responder a las amenazas de seguridad y, como es obvio, tendrá que aumentar sus gastos en defensa.
La nueva arquitectura de seguridad de la Alianza se verá modificada, pero se ha avanzado mucho en interoperabilidad y equipos, de forma que el posible ejército europeo no será un problema a nivel operacional y táctico.
Eso sí, siempre será necesario contar con los EE.UU. como reserva estratégica y su paraguas nuclear.
La dificultad mayor será la implicación de las naciones europeas en la nueva situación y la pedagogía necesaria para con sus opiniones públicas. Lo fundamental es que esa implicación en temas de seguridad y defensa consiga la disuasión en el escenario europeo que la situación actual exige.
Además de todo lo dicho, y teniendo en cuenta que el mundo complejo que se avecina será mucho menos seguro y confortable, Europa debe tratar de ser un actor importante y respetado, si no quiere ser reducido a la insignificancia y, por tanto, dejar de ser ese espacio de bienestar y progreso que todos queremos.
Sin duda, es el momento de Europa y esta grave crisis tiene que ser la gran oportunidad para construir una Europa fuerte y competitiva en todos los campos y respetada en su seguridad.