Un militar en una sala del Mando de Operaciones de RetamaresJesús Hellín / Europa Press

Instituto para el Bien Común Global de la UFV

Una reflexión sobre la inteligencia militar española

Es transversal a toda la organización de las FAS. Desde las más pequeñas unidades hasta los más altos cuarteles generales, todos requieren de información, analizada en su caso con menor o mayor profundidad

Es preciso comprender lo que sucede para decidir mejor y actuar más rápido que el adversario. La inteligencia militar facilita la comprensión de la situación, ayuda con ello a la decisión y permite la anticipación a las acciones del enemigo. Esto, en todos los niveles de conducción de la guerra: táctico, operacional, estratégico y, por supuesto, en todas las áreas del combate. La inteligencia militar, transversal a todos los dominios y a toda la estructura de las Fuerzas Armadas, ha de estar capacitada para poder gestionar los datos, la información adquirida en todos estos campos y que, ésta, esté a disposición de la autoridad de cualquier nivel, clara, completa, objetiva y oportunamente.

A principios de este siglo, se consolidaba la idea de la necesidad de dotar al jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) de las herramientas necesarias para el planeamiento y conducción de las operaciones. En 2004, se tomó la decisión de crear el Mando de Operaciones (MOPS) y el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS); piezas clave en el avance hacia la acción conjunta. Sin embargo, el CIFAS, tanto en su creación como en su desarrollo posterior, se encontró con oposición en las propias Fuerzas Armadas, en el Centro Nacional de Inteligencia e, incluso, en el incipiente MOPS.

La resistencia corporativa por asimilar que la acción de las Fuerzas Armadas (FAS) o era conjunta o no sería nunca eficaz se reflejó en su creación. No obstante, se inició un proceso de crecimiento en capacidades, en el establecimiento de relaciones con servicios militares extranjeros y en la participación en operaciones. El avance fue muy lento hasta iniciada la segunda década del siglo, cuando el entonces JEMAD, el almirante general Fernando García Sánchez, con el apoyo del ministro de Defensa, Pedro Morenés, decidió dar un paso adelante, dotándole de capacidades de las que carecía y mejorando notablemente sus presupuestos económicos. Es entonces cuando se consolida el CIFAS dentro de las FAS, a pesar de las resistencias internas y externas a su desarrollo.

El CIFAS se creó con la vocación de dirigir un sistema –el Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas– que contara con las capacidades de inteligencia de los Ejércitos y de la Armada. Su vocación era integradora, buscaba la suma de todos. El sistema debería poner a disposición del usuario la información necesaria que, analizada en el nivel correspondiente, diese lugar a la inteligencia precisa. Lenta pero inexorablemente, en el campo de la inteligencia militar se evolucionó de lo específico a lo conjunto, para abrirse camino hacia las operaciones multidominio.

El edificio de la inteligencia militar se apoya, en esta evolución, en las ideas de la transversalidad de la inteligencia con respecto a las FAS y los distintos espacios de batalla; de la integración del sistema de inteligencia militar en un Sistema de Inteligencia Nacional y en el campo internacional; y de la necesidad de la profesionalización de los militares y civiles que trabajen en este sistema. Todo ello con la Unidad de Acción como fundamento del sistema.

El campo de batalla bidimensional clásico permitía la visión global del comandante y la percepción adecuada de la situación; pero, conforme los campos de batalla se ampliaron y aumentó la movilidad del combate, se perdió esa visión, dificultándose la toma de decisiones. La aparición de la tercera dimensión unida al espacio exterior y al ciberespacio, acompañadas por la revolución en las comunicaciones, han permitido recuperar la visión global del campo de batalla. La inteligencia militar trata de poner a disposición del comandante, sea en el escalón que sea –desde el más bajo de nivel de decisión táctica hasta el nivel estratégico– información relevante, no necesariamente analizada en todos los casos. En el nivel de conducción táctico, prima la celeridad de la explotación de la información sobre cualquier otro factor; urgencia que se ralentiza en otros niveles de conducción, ya que cuanto más alto es el nivel, la inteligencia es más predictiva que ejecutiva.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una rueda de prensa durante su visita al Mando de Operaciones de RetamaresJesús Hellín / Europa Press

La inteligencia militar es transversal a toda la organización de las FAS. Desde las más pequeñas unidades hasta los más altos cuarteles generales, todos requieren de información, analizada en su caso con menor o mayor profundidad. Para conseguir esto, se necesita contar con sistemas de comunicación cada vez más seguros, capaces de gestionar el flujo de la información adquirida en campos de batalla hipersensorizados y de medios que permitan facilitar su explotación en función de la necesidad de cada escalón. No se trata de proporcionar información verticalmente, desde un escalón del mando a otro; sino de que, ésta, esté a disposición de quien tenga necesidad de conocer. La información, los datos, no son tácticos, operacionales o estratégicos, lo es el análisis que se hace de ellos. Esto explica la necesidad de potenciar el Sistema de Inteligencia de las FAS, convirtiéndolo en un sistema funcional que integre todas las capacidades de obtención; capaz de poner a disposición de los distintos escalones de mando la información adquirida por los medios de obtención, independientemente de que estén orgánicamente encuadrados en el nivel táctico, operacional o estratégico.

Las FAS pueden actuar en escenarios muy diferentes desde los de combate convencional prácticamente estático a escenarios de gran movilidad o en la guerra irregular o asimétrica; pero no les es extraña la no guerra que se ejecuta a través de acciones indirectas de carácter psicológico, económico, de presión, utilizando como arma la droga o la inmigración ilegal, las acciones subversivas de apoyo a movimientos secesionistas, etc.; acciones con las que, sin utilizar la fuerza militar, se pretende doblegar la voluntad del adversario. La Seguridad Nacional excede a la Defensa Militar pero no le es ajena. Las acciones en esa zona gris afectan directamente al área específica correspondiente: interior o exterior, económica, política, sicológica… pero también a las FAS, en tanto éstas puedan conducir a su intervención. La inteligencia militar debe estar integrada en un Sistema de Inteligencia Nacional, porque la solución de continuidad en la información puede derivar en consecuencias graves en cuanto a la Seguridad Nacional.

Si la inteligencia militar desborda los límites de las FAS para fundirse con la inteligencia nacional, también lo hace hacia el exterior, a través de relaciones bilaterales con países amigos o aliados con los que se comparten amenazas comunes o en el campo multilateral, por la pertenencia a organizaciones internacionales como la OTAN o la Unión Europea. Esta red exterior, que debería contar con las agregadurías de defensa de las diferentes embajadas, se completa con el despliegue en las zonas de operaciones y se apoya en sólidas relaciones bilaterales entre servicios amigos o aliados.

Una inteligencia transversal a todas las FAS e integrada en un Sistema de Inteligencia Nacional requiere de medios tecnológicos avanzados con respecto a las comunicaciones; de importantes capacidades de gestión de información y de medios de obtención de información en los distintos dominios o áreas de combate. Un aspecto cada vez más protagonista, es la utilización de herramientas de inteligencia artificial (IA). Éstas han de ser auditadas desde su concepción en aspectos tan sensibles como los relativos a sesgos o a la posibilidad de manipulación de datos. Tanto los datos y la información –ingredientes para la elaboración– como el producto final presentado por estas herramientas, han de ser validados por el elemento humano, clave en todo el sistema.

El JEMAD, almirante general Teodoro Esteban López Calderón, en la Blue Line de LíbanoEstado Mayor de la Defensa

La piedra angular de la inteligencia militar no es la IA, unos excelentes medios de obtención o unas comunicaciones seguras. La piedra angular del sistema es el especialista en inteligencia. De forma genérica podrían considerarse dos tipos de actividades en la inteligencia militar: una técnica, orientada a la operatividad de la obtención y de las comunicaciones y otra analítica, dirigida a la elaboración de los productos de inteligencia que se requieran. En cualquiera de los casos, se precisa una formación específica y una especialización. La inteligencia militar española debe dar el paso adelante y convertirse en un cuerpo especializado; lo que, sobre todo en los niveles de mando operacional y estratégico, permitiría profesionalizarla, abriendo así una perspectiva de carrera que podría iniciarse en los Ejércitos y la Armada para culminar en el CIFAS.

Las líneas maestras de la inteligencia militar citadas, que son la transversalidad, materializada en un sistema matricial donde la información e inteligencia esté al alcance de todos aquellos que tengan necesidad de conocer sobre determinada materia; la integración en un Sistema Nacional de Inteligencia y en la comunidad internacional; y la profesionalización del personal, con un modelo de carrera de inteligencia atractivo, pueden ser directrices en el estudio de cualquier tipo de organización, estructura o arquitectura de inteligencia que se imagine. Pero hay que partir siempre de lo que tenemos, de lo que se ha ido construyendo con esfuerzo, del CIFAS que pronto cumplirá 22 años de existencia y trabajo eficaz. Consolidado como piedra angular del sistema de inteligencia, debe ser quien dirija la evolución de esta función de combate hacia el futuro, un motor para el cambio, armado con la autoridad del JEMAD.

  • Juan Bautista Sánchez Gamboa es general de brigada de Infantería (R) y analista del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria.