Red especial de camuflaje multiespectral ocultan un puesto de mando del Ejército de Tierra en Viator (Almería)
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El despliegue de nuevas tecnologías en el campo de batalla y su integración en los procesos de mando y control han centrado la Campaña de Experimentación Táctica del Ejército de Tierra en la Base de la Brigada 'Rey Alfonso XIII' II de La Legión, concretamente en el Campo de Maniobras y Tiro Álvarez de Sotomayor (Viator, Almería). Esta campaña se ha desarrollado en un contexto marcado por lo que los mandos definen como un «campo de batalla transparente». Según explica el teniente coronel Jesús Aparicio Oliver, de la Jefatura del
Ciberespacio y de los Servicios de Asistencia Técnica (cisat) del Ejército de Tierra, durante una demostración operativa, esta realidad implica que «todo lo que está presente en el campo de batalla puede ser detectado y puede ser batido», lo que obliga a reducir al máximo la «firma» de las unidades y a acelerar la toma de decisiones.
En este escenario, el oficial detalla que los puestos avanzados de mando se están diseñando con sistemas de ocultación multiespectral, capaces de «atenuar la radiación electromagnética y térmica», lo que permite operar con una «firma muy reducida». Estas capacidades facilitan la dirección de operaciones tanto en zona de despliegue como desde territorio nacional, en misiones que pueden abarcar desde el apoyo a la retaguardia hasta la defensa del propio país. Un sistema de ocultación multiespectral es, básicamente, tecnología de defensa de última generación diseñada para ocultar vehículos, tropas o equipos de la detección enemiga en múltiples rangos del espectro electromagnético simultáneamente. Esta tecnología es capaz de bloquear sensores infrarrojos térmicos, infrarrojos cercanos y radar.
Puesto de mando del Ejército de Tierra en el Campo de Maniobras y Tiro Álvarez de Sotomayor
El concepto de «campo de batalla transparente» redefine la forma de combatir, al integrar tanto acciones cinéticas como no cinéticas. El mando explica que, ante una amenaza detectada, las fuerzas pueden optar por neutralizarla mediante fuego directo —como el empleo de morteros o sistemas antiaéreos como el Mistral— o recurrir a la guerra electrónica para «perturbar» al adversario. Esta combinación de capacidades busca maximizar la eficacia operativa en un entorno donde la superioridad ya no depende únicamente de la potencia de fuego.
La clave de esta transformación reside en el denominado proceso «sensor–decisor–efector». Según el teniente coronel, el Ejército está desplegando sensores en el campo de batalla que permiten obtener información en tiempo real. Esa información es analizada por los centros de decisión, donde se determina la respuesta más adecuada, que posteriormente ejecutan los sistemas disponibles, ya sean cinéticos o electrónicos. «Aquí es el centro de decisión donde tomamos las opciones necesarias en función de la situación y la misión», subraya.
La experimentación con nuevos materiales y tecnologías constituye otro de los pilares de este proceso. El oficial destaca la colaboración con pequeñas y medianas empresas, cuyos desarrollos se prueban en entornos operativos reales para adaptar tanto los equipos como las tácticas, técnicas y procedimientos. Esta cooperación permite acelerar la innovación y ajustar las capacidades a las necesidades del combate moderno.
Entre los sistemas en evaluación destacan los drones, definidos como «auténticos robots» capaces de ejecutar misiones de forma autónoma o semiautónoma. Estos dispositivos pueden ser programados para realizar tareas específicas y están acompañados por sistemas interceptores y equipos de guerra electrónica, que permiten vigilar el espectro electromagnético, detectar amenazas y actuar en consecuencia.
Malla de camuflaje multiespectral para oculta un puesto de mando del Ejército de Tierra
El teniente coronel pone de relieve que una de las principales ventajas de los drones es su coste relativamente bajo y su accesibilidad, ya que la tecnología «se ha democratizado mucho». Sin embargo, también advierte de las limitaciones actuales, como la dificultad para su despliegue en determinados entornos o la creciente demanda de estos sistemas, que complica su disponibilidad.
Lecciones aprendidas
La preparación del personal es otro aspecto fundamental en esta transformación. El mando señala que los soldados y, especialmente, los decisores deben adaptarse a un entorno tecnológico en constante evolución. Para ello, se desarrollan programas de formación y se aprovechan las lecciones aprendidas en ejercicios y operaciones anteriores, con el objetivo de mejorar la eficacia y la capacidad de respuesta.
En este sentido, destaca la existencia de una sección específica de «lecciones aprendidas» dentro de su unidad, encargada de recopilar y analizar experiencias previas para incorporarlas a los procedimientos actuales. Este enfoque permite una mejora continua y garantiza que el conocimiento adquirido se traduzca en ventajas operativas sobre el terreno.
La demostración refleja un esfuerzo por integrar tecnologías emergentes, reducir la vulnerabilidad de las fuerzas y acelerar los ciclos de decisión en un entorno cada vez más complejo. La combinación de sensores, sistemas de mando y capacidades de intervención —tanto cinéticas como no cinéticas— configura un modelo de combate en el que la información y la velocidad de respuesta resultan determinantes.