Eel Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), General de Ejército Amador Enseñat y Berea, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Fuerzas Armadas El Jefe de Estado Mayor del Ejército pide aprender del «fracaso estratégico» de la intervención internacional en Afganistán
el Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), General de Ejército Amador Enseñat y Berea, ha impartido la ponencia «La intervención de la Comunidad Internacional en Afganistán (2001-2021): razones de un fracaso estratégico», en su condición de Académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Enseñat ha defendido la necesidad de aprender del «fracaso estratégico» que supuso la intervención internacional en Afganistán —entre los años 2001 y 2021— para no volver a cometerlos, ni ahora ni en el futuro. En su intervención, detalló hasta diez razones que llevaron a ese «fracaso» de una intervención que pretendía, entre otros objetivos, acaban con el régimen de los talibanes y que los terroristas de Al Qaeda tuviesen allí su refugio
En una intervención centrada en las lecciones estratégicas del conflicto, el JEME ha sostenido que la misión terminó convirtiéndose para la mayoría en un «fracaso» y ha enumerado las principales causas que, a su juicio, condujeron al colapso del modelo afgano respaldado por Occidente.
El Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general de Ejército Amador Enseñat y Berea
El JEME recordó que el análisis coincide con la publicación, en diciembre de 2025, del informe final del Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR), titulado «Diecisiete años de vigilancia de la reconstrucción». A partir de ese contexto, defendió la necesidad de realizar una revisión de la operación y advirtió de que «ojalá tengamos en el presente y el futuro la capacidad de autocrítica y humildad de aprender de nuestros errores para no volver a cometerlos».
Entre las causas del fracaso, Enseñat destacó en primer lugar la propia complejidad histórica y social de Afganistán, al que definió como un país «indómito, belicoso y heterogéneo». El general recordó que ni el Imperio británico en el siglo XIX ni la Unión Soviética en el XX lograron controlar el territorio afgano y subrayó que las divisiones étnicas, lingüísticas, religiosas y tribales complicaron enormemente cualquier intento de estabilización. «Afganistán es además heterogéneo por su pluralidad étnica, su variedad lingüística, su falta de uniformidad religiosa, su estructura tribal, especialmente entre la mayoría pastún; y, una articulación social en torno a códigos consuetudinarios», subrayó.
En su intervención sostuvo que uno de los principales errores fue tratar de implantar un modelo político occidental incompatible con la realidad afgana. Según explicó, se intentó construir «un modelo que chocaba de frente» con la estructura tradicional del país. A su juicio, la comunidad internacional impulsó «la empresa excesivamente ambiciosa de construir una Nación» sobre unas bases políticas y sociales ajenas a la idiosincrasia afgana.
Fracaso de una economía sostenible
El jefe del Ejército de Tierra también señaló el fracaso económico y la corrupción como factores decisivos. Explicó que Afganistán mantuvo durante dos décadas una dependencia casi absoluta de la ayuda exterior y de las economías informales, especialmente del opio. La corrupción, añadió, «se transformó en una amenaza existencial para la reconstrucción y la legitimidad política», debilitando al Estado afgano frente a la insurgencia talibán.
El JEME detalló hasta diez razones de peso que llevaron a ese «fracaso» de la intervención en Afganistán
Otro de los elementos analizados fue el complejo contexto geopolítico regional. El JEME afirmó que Afganistán se convirtió históricamente en «un espacio de competición» entre potencias regionales y globales. Las rivalidades entre Pakistán e India, las tensiones entre Irán y Estados Unidos, la influencia rusa y china y la actividad de redes yihadistas impidieron consolidar un equilibrio estable. En este sentido el JEME subraya que «las rivalidades indo-pakistaníes, las tensiones irano-estadounidenses, la competencia entre Estados Unidos y Rusia, los intereses estratégicos chinos, las redes ilícitas transnacionales y el terrorismo yihadista presentan un escenario en el que cualquier intento de consolidar el estado afgano alteraba equilibrios entre los actores externos, por lo que el marco regional actuó como un condicionante estructural permanente».
En el plano operativo, el general cuestionó la aplicación del llamado «enfoque integral» aprobado por la OTAN en la Cumbre de Riga de 2006. Según explicó, la misión careció de «una unidad política de propósito» y de mecanismos eficaces de coordinación entre actores civiles y militares. «El enfoque integral no es un eslogan», afirmó, sino «un diseño político y de gobernanza existente, en el que se debe incardinar el esfuerzo militar».
El JEME también consideró insuficiente la sensibilidad cultural aplicada durante la intervención. A su juicio, la coalición internacional no comprendió adecuadamente las dinámicas sociales afganas ni el peso de las tradiciones locales. «La cultura no es un contexto, es parte del mecanismo causal de la situación que queremos modificar», sostuvo.
Otro de los problemas identificados fue la ausencia de un objetivo final claro y realista. Enseñat señaló que la operación pasó de unos fines limitados vinculados a la lucha antiterrorista a objetivos maximalistas de construcción nacional imposibles de sostener. Esa evolución provocó, según indicó, «una oscilación estratégica y de adaptación, más que de planeamiento y decisión».
Superposición de estrategias
En relación con ello, criticó la superposición de estrategias diferentes durante la guerra. Explicó que la coalición ejecutó al mismo tiempo operaciones contraterroristas, campañas de contrainsurgencia y tareas de construcción estatal, todo ello «bajo la presión constante que imponía la fecha de salida».
Uno de los puntos más relevantes de la ponencia fue la referencia al calendario de retirada aprobado por la OTAN en Lisboa en 2010. El general aseguró que fijar públicamente una fecha de salida otorgó ventaja estratégica a los talibanes. Según recordó, la insurgencia se organizó bajo la convicción de que «los extranjeros infieles se irían», limitándose a esperar el repliegue occidental acordado posteriormente en Doha.
Por último, el JEME criticó el diseño de las fuerzas de seguridad afganas, construidas bajo parámetros OTAN pero completamente dependientes del apoyo occidental. «Se generó una fuerza para operar con apoyo de Occidente, pero no para cumplir su misión o sobrevivir sin él», afirmó. A ello añadió que las capacidades reales del Ejército afgano fueron sobrevaloradas mediante «análisis complacientes» para justificar los plazos políticos de transición.
En concreto, afirmó el JEME, se creó un Ejército afgano con un «modelo OTAN, dependiente de apoyos que sólo las fuerzas occidentales o contratistas internacionales podían proporcionarles», dependencia a la que había que unir la insostenibilidad derivada de su «altísimo coste» de mantenimiento. De esta forma, se generó una fuerza afgana «para operar con apoyo de Occidente, pero no para cumplir su misión o sobrevivir sin él»
Como conclusión, Enseñat insistió en que ninguna de estas causas actuó de forma aislada, sino que todas «se relacionaron entre sí amplificando sus efectos adversos», hasta desembocar en el colapso del Estado afgano y el regreso de los talibanes al poder en 2021.