El presidente Donald Trump saluda a Xi Jinping durante un banquete en PekínBrendan Smialowski / AFP

Análisis de defensa

Un nuevo escenario para todos

Lo que parece claro, como siempre ocurre, es que los actores principales conocen el guion con mucho tiempo de antelación y comienzan a trabajar en su beneficio

Es una obviedad afirmar que el mundo está cambiando hacia un nuevo Orden Mundial, no sabemos si mejor o peor, pero creo que podemos intuir que muy diferente al actual. Este giro tan brusco se produce por la colisión de dos colosos, China y Estados Unidos, que no quieren configurar un mundo más justo, sino más adecuado a sus intereses, un mundo en el que los demás no tengamos nada que objetar y solamente nos quede la opción de unirnos a un grupo o al otro. Yo, como ya he afirmado en varias ocasiones, aunque no sea lo ideal, si tengo que elegir entre rollito de primavera y arroz tres delicias o empanada y hamburguesa no tendré ninguna duda.

Dentro del objetivo de ambos colosos es muy importante determinar cuál es el método que quieren aplicar para llegar a conseguir lo que buscan, la forma en la que pretenden imponer su criterio, tanto a sus enemigos como a sus aliados. En este sentido, parece que Estados Unidos está optando por el uso de la fuerza, a pesar de que Trump llegó al poder con la promesa contraria. China está optando por el debilitamiento económico y tecnológico de su enemigo, actuando de forma híbrida con sus proxis que son los que asumen el desgaste del enfrentamiento militar, como son Rusia en Ucrania e Irán en Oriente Medio. No nos confundiríamos mucho si dijésemos que uno actúa con prisas y el otro con la paciencia que le caracteriza.

¿Y quién comenzó todo esto?. ¿Realmente ya sabían hace muchos años que militarmente no podrían y tendrían que utilizar un nuevo modelo de enfrentamiento?. Pues no es descabellado afirmar que es cierto puesto que determinados conceptos y sus denominaciones surgen primero de China y después de Rusia, algo que no parece una casualidad.

En el año 1999, los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui presentaron el libro Guerra Irrestricta, en el que desarrollaban un concepto de guerra más amplia que podía ser utilizada contra un enemigo más poderoso, incluyendo métodos militares y no militares, letales y no letales, psicológicos, económicos, tecnológicos, sociales y de todo tipo para imponer al enemigo los intereses propios. Este pensamiento de los coroneles parece estar inspirado en el pensamiento clásico de Sun Tzu, el estratega militar chino que defendía la sorpresa estratégica y evitar combatir allí donde el enemigo era más fuerte.

El mero planteamiento de estas tácticas, ya en el año 1999, parece ya un reconocimiento de quién era su enemigo y de su superioridad militar sobre el terreno. Aunque en esa época China no tenía un enemigo militar único, Estados Unidos se iba consolidando como su rival geopolítico, aumentando la tensión entre ambos por el apoyo de EE. UU. a Taiwan y su posición con respecto a Japón. A pesar de ello, China priorizó el crecimiento económico propio y el comercio internacional sobre los conflictos, pero siendo conocedora de que llegaría un tiempo futuro en el que el enfrentamiento sería inevitable.

Si a todo lo anterior sumamos la revolución tecnológica en marcha, y la introducimos como un elemento clave en el presente y futuro inmediato, es más, como un elemento indispensable para alcanzar la victoria en esa lucha por dominar el mundo, el enfrentamiento parece aún más inevitable. El que produzca y domine las nuevas tecnologías ya existentes, y las que quedan por venir, dominará ese mundo que los dos quieren dominar. 5G, 6G, 7G, robótica, computación cuántica o inteligencia artificial son los nuevos misiles del nuevo escenario de enfrentamiento.

Vladimir Putin y Donald Trump en la base de la Fuerza Aérea de Elmendorf en AlaskaGavriil Grigorov / AFP

¿Y mientras esto ocurre que posición mantiene Rusia en este asunto? Pues China y Rusia, enemigos históricos, ahora son pareja de baile. ¿Comparten las mismas ideas y defienden las mismas metodologías? Pues la realidad es que sí, aunque cambiando los términos, pero manteniendo el fondo de la cuestión.

En el mes de marzo del año 2013, el hoy Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, Valeri Guerasimov, pronunció un discurso ante la Academia Rusa de las Ciencias Militares, que después sería publicado como un artículo en Voenno Promyshlenniy Kurier que pasaría a definirse con posterioridad como la «Doctrina Guerasimov». Esa doctrina define la guerra moderna como la fusión de las tácticas militares, ciberataques, diplomacia, presión económica, desinformación y otros elementos, manejados para debilitar al enemigo sin llegar al enfrentamiento bélico o al menos sin llegar en las primeras etapas.

La nueva doctrina de Guerasimov se sustenta sobre algunos conceptos clave que ayudan a conocer su verdadero significado. El primero es la proporción invertida, que alude a la utilización de un 80 % de acciones no militares y un 20 % para el empleo de la fuerza propiamente dicha. El segundo es la zona gris, con el uso del sabotaje y el apoyo a movimientos separatistas o radicales con el objetivo de generar divisiones o agrandar las ya existentes. Y, por último, la guerra de la desinformación con el triple objetivo de controlar el relato, fomentar la polarización y erosionar la confianza de la población en las instituciones.

Y mientras todo esto ocurría y chinos y rusos se dedicaban a debatir nuevos métodos de guerra, ¿los estadounidenses no pensaban nada?. Pues no, también pensaban en lo mismo, a pesar de tener la superioridad militar. Frank G. Hoffman, teórico militar estadounidense, en el año 2007 popularizó el término «Guerra Híbrida», definiéndola como aquella en la que se utilizaban técnicas no convencionales, tácticas irregulares, terrorismo y actividades criminales para favorecer el cumplimiento de los objetivos políticos.

Pues parece que después de todo lo expuesto todos plantean los mismos procedimientos, al menos en las primeras fases, es decir, apartar el enfrentamiento bélico para las últimas etapas e incluso ser capaces de vencer sin necesidad de utilizarlo. Pongamos algunos asuntos actuales que parecen una cosa, y ellos tratan de convencernos de ello, pero realmente son otra muy distinta. Los estadounidenses no se llevaron a Maduro para ayudar al pueblo venezolano, se lo llevaron para controlar el petróleo y que no llegue a China. Los EE.UU. no han atacado Irán solamente para evitar que lleguen a construir un arma nuclear, lo han atacado para evitar que su petróleo barato llegue a China. Y tampoco quieren controlar las rutas árticas para mejorar nada sino para evitar que se beneficien de ellas chinos y rusos.

Lo que parece claro, como siempre ocurre, es que los actores principales conocen el guion con mucho tiempo de antelación y comienzan a trabajar en su beneficio antes de que los demás ni siquiera seamos capaces de ver lo que está realmente ocurriendo. En esa época, filosofaban sobre los nuevos modelos de guerra porque ya sabían que los iban a necesitar para vencer a su enemigo y preparaban un cambio en el mundo sin contar con nosotros.