Javier Calderón, exdirector del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID)El Debate

 Fallece Javier Calderón, el militar que dirigió el CESID en una de sus etapas más controvertidas

En 1996, tras la victoria electoral del Partido Popular, el presidente del Gobierno, José María Aznar, lo designó director general del Centro Superior de Información de la Defensa

Javier Calderón Fernández (Dosbarrios, Toledo, 1931), una de las figuras más influyentes y controvertidas de los servicios de inteligencia españoles durante la década de los noventa, ha fallecido este 19 de junio. Teniente general del Ejército de Tierra y director del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) entre 1996 y 2001, su trayectoria estuvo marcada por episodios polémicos por el 23-F, el caso de las escuchas ilegales a Herri Batasuna, la desclasificación de los denominados «papeles del CESID» y los enfrentamientos internos que sacudieron al servicio de inteligencia español.

Ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza en 1949 y recibió el despacho de teniente de Infantería en 1953. Durante su carrera ocupó diversos puestos de responsabilidad, entre ellos la dirección de la propia Academia General Militar, la Inspección General del Arma de Infantería y la Dirección de Enseñanza del Ejército.

Javier Calderón, exdirector del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID)El Debate

Diversos autores lo han vinculado al denominado grupo FORJA , una corriente de pensamiento militar impulsada por el general Pinilla, antiguo director de la Academia General Militar . Aquella corriente defendía una concepción del Ejército fuertemente influenciada por una visión mezcla de religión y tradición de la institución militar, aunque sus integrantes ocuparon posteriormente destinos y responsabilidades muy diversos dentro de las Fuerzas Armadas.

Al frente del CESID en la etapa de Aznar

Durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, Calderón desempeñóba el cargo de secretario general del CESID, una posición clave dentro de la estructura del servicio de inteligencia. Su papel durante aquellos acontecimientos fue objeto de controversia durante años. Algunos antiguos miembros del CESID, entre ellos el coronel Diego Camacho, sostuvieron públicamente que existían vínculos o niveles de connivencia entre determinados responsables del servicio y el comandante José Luis Cortina, considerado una figura central en algunas de las investigaciones sobre la trama del 23-F. Sin embargo, ninguna resolución judicial acreditó responsabilidades penales de Calderón en relación con aquellos hechos.

Años después, intentó fijar su versión de los acontecimientos en el libro Algo más que el 23-F, publicado en 2004. La obra recibió críticas de algunos analistas y antiguos miembros de los servicios de inteligencia, que consideraron que el relato omitía episodios relevantes del golpe y que perseguía, en parte, exonerar la actuación de determinados responsables del CESID.

Su visión del 23-F

La llegada de José María Aznar al poder en 1996 devolvió a Calderón al primer plano. Nombrado director general del CESID, asumió el mando de un organismo inmerso en luchas internas y afectado por numerosos escándalos heredados de etapas anteriores.

El episodio que más erosionó su mandato fue el conocido caso de las escuchas ilegales a la sede de Herri Batasuna en Vitoria. La investigación judicial concluyó inicialmente con la condena de Calderón y de su antecesor, Emilio Alonso Manglano, aunque ambos serán posteriormente absueltos por el Tribunal Supremo al considerar que las condenas se habían sustentado en indicios insuficientes y en conjeturas no acreditadas.

Durante esos mismos años se produjo también la condena del coronel Juan Alberto Perote, antiguo responsable operativo del servicio secreto y uno de los mayores adversarios internos de Calderón y de Manglano. Perote se había convertido en una figura incómoda para la dirección del CESID tras abandonar el organismo y protagonizar diversas revelaciones sobre actividades reservadas.

Otro de los momentos más delicados de su mandato llegó con la batalla judicial por la desclasificación de los llamados «papeles del CESID», documentos relacionados con las operaciones encubiertas y la guerra sucia contra ETA desarrolladas durante los años ochenta. El Gobierno de Aznar se opuso inicialmente a hacer públicos esos documentos alegando razones de seguridad nacional. Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo obligó finalmente a su desclasificación parcial, convirtiendo el asunto en uno de los mayores reveses políticos e institucionales sufridos por el Ejecutivo y por la dirección del servicio de inteligencia.

Calderón abandonó la dirección del CESID en junio de 2001, tras completar el máximo período legal de permanencia en la carga. Su salida abrió paso a una nueva etapa en los servicios de inteligencia españoles y precedió a la transformación del CESID en el actual Centro Nacional de Inteligencia.

Su legado sigue generando debate y su nombre permanece ligado a algunas de las mayores controversias del CESID, desde las sombras del 23-F hasta las escuchas de Vitoria, los enfrentamientos internos del servicio y la polémica desclasificación de los papeles relacionados con la guerra sucia contra ETA.