Miembros de la Escuadrilla Elcano en Heliópolis

Miembros de la Escuadrilla Elcano en HeliópolisArchivo privado de la familia González Gallarza

Gestas del Ejército del Aire y del Espacio (III): vuelo Madrid-Manila de la Escuadrilla 'Elcano'

«Sic itur ad astra», Eneida, L IX, v 641.

«Sic itur ad astra» es un verso del legionario, poeta y agricultor Virgilio en la Eneida. Puede traducirse como «así se vuela a las estrellas», y su contexto es animar el dios Apolo al héroe Ascanio para que cumpla en la batalla su deber patriótico con valor, «virtus» romana, porque las grandes gestas y la gloria son la senda para conquistar la inmortalidad y lo divino. «Virtus» castrense que el mariscal prusiano von Clausewitz en su tratado De la guerra estimó la cualidad esencial del soldado, valor que brota de la espiritualidad de la vida interior.

«Virtus» romana que define a los pilotos militares y civiles que han hecho España figura señera de los cielos. Cita también patrimonio de soldados humanistas como Virgilio, Julio César, Bonaparte, Hurtado de Mendoza, von Clausewitz o, ya en el siglo XX, el aviador español Herrera Linares, quienes enriquecen el servicio a las armas con la sabiduría de sus escritos y ensayos. Y, asimismo, lema que persiste en el «Per aspera ad astra» del Mando de Transmisiones de nuestro Ejército de Tierra o de la Octava escuadrilla de la Flotilla de aeronaves de la Armada (FLOAN); además de recogerse en las fuerzas aéreas de la RAF, Sudáfrica, Canadá, Nueva Zelanda y Argentina, y en organismos internacionales como la NASA en su programa Apolo.

Este 2026 se conmemora el centenario del vuelo de Madrid a Manila por la escuadrilla «Elcano». Hazaña aeronáutica del capitán Rafael Martínez Esteve con el soldado mecánico Pedro Calvo en el avión n.º 4 «Sebastián Elcano», del capitán Eduardo González Gallarza con el cabo mecánico Joaquín Arozamena en el avión n.º 30 «López de Legazpi» y del capitán Joaquín Loriga con el sargento mecánico Eugenio Pérez Sánchez en el avión n.º 29 «Fernando de Magallanes» que me permite metamorfosear el «sic itur ad astra» de Virgilio en «sic ad astra volat miles Aereus Hispanus» (así vuela a las estrellas el soldado español del Aire) cuando, después de encomendarse a Dios, despegaron sus tres frágiles biplanos del aeródromo de Cuatro Vientos el 5 de abril de 1926 hasta aterrizar el 13 de mayo de 1926 en Manila con el único avión que resistió la epopeya.

Proeza culminada con embrionarios mecanismos, materiales y recursos tecnológicos por un itinerario de trampas y peligros ignotos sobre mares, montañas, planicies, desiertos o bosques. Tempestades y diluvios entre Pakistán, India, Tailandia y Filipinas. Implacable sol e infernales temperaturas en Libia y Egipto, Siria, Jordania, Iraq y Persia. Huracanes monzónicos sobre el golfo de Bengala y el mar de China. Señalización cartográfica a veces de una línea recta sobre la nada. Pueblos desconocidos de Irán, Pakistán, India y China, unos contemplados desde las nubes y otros con los que trataron en obligadas tomas de tierra. Añádase el cansancio físico, emocional y mental, más la precariedad de los «Breguet XIX», cuyas averías y problemas no acabaron hasta Filipinas. Y complétese el cuadro con la ausencia de noticias familiares para glosar el mérito de esta gesta aérea de nuestros militares españoles.

El «Breguet» de Esteve y Calvo reventó sus cilindros desarbolándose sobre el desierto sirio en los límites de Jordania e Iraq. Tras una semana perdidos entre dunas y rocas, agotada el agua, enfermos, con patrullas sin localizarlos, fueron rescatados al borde de la muerte por los pilotos de la RAF. El de Loriga y Pérez aterrizó de emergencia en Tien-Pak en la costa china de Guandong cuando el motor se gripó por el fallo de una soldadura del circuito del agua. Y el de Gallarza y Arozamena se golpeó contra un árbol en Macao, arreglándose con la ayuda de los militares portugueses de Macao y de la aviación naval inglesa. Como el avión de Loriga y Pérez no se recuperó a tiempo, Madrid aprobó seguir ruta con Loriga ocupando la plaza de Arozamena hasta aterrizar victoriosos en Manila después de 17.100 kilómetros en 39 días, 18 etapas y 106 horas de vuelo efectivo.

En Cuatro Vientos y mapa con la ruta de vuelo

En Cuatro Vientos y mapa con la ruta de vueloArchivo privado familia González Gallarza

Su valor, operatividad y ciencia situaron España en la cúspide aviadora de Occidente como nación moderna, científica, militar y tecnológica. Impulsó el cambio de la estructura de tela y madera al duraluminio, se rediseñaron los tanques de combustible y los circuitos internos de distribución, se eliminaron blindajes y accesorios que limitaban la carga útil de los aparatos, y se perfeccionaron motores y fuselajes. Se abrieron más seguros, nuevos y veloces corredores aéreos comerciales hacia Asia. Mejoraron los sistemas de seguridad ante fenómenos atmosféricos adversos, y evolucionaron los comunicacionales y cartográficos cuando la orientación de los pilotos era casi por instinto, habilidad y experiencia. Y, el más bello éxito de la escuadrilla «Elcano», se recuperaron los lazos con nuestra antigua colonia de Filipina, recordando al orbe que España seguía volando sobre la historia de los hombres.

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