El príncipe Simeón visita el Mando de Operaciones Especiales junto al Comandante Terencio Pérez veterano Boina Verde
Cultura de defensa, valores y compañerismo: la inmersión del nieto del rey de Bulgaria en un campamento de inspiración militar
Ubicado en el Alto Tajo y libre de pantallas, el campamento Don Pelayo inculca disciplina, primeros auxilios y valores castrenses a decenas de jóvenes
El príncipe Simeón es un joven de 19 años es nieto de Simeón II e hijo de la Princesa Kalina y el explorador español Kitín Muñoz, embajador de Marca Ejército
Cada verano, unos 60 niños y jóvenes se visten de «mimeta» y realizan actividades multiaventura o practican el orden cerrado. «No es un campamento militar, no es nuestra intención. Tratamos de enseñar valores como compañerismo, respeto y compromiso mientras los alumnos se divierten realizando actividades en plena naturaleza, alejados de pantallas y móviles», explica Yolanda Yunta Pérez, médico del campus y parte de su equipo directivo de Don Pelayo. Así se llama este campamento ambientado en el mundo militar, que cada agosto realiza sus actividades en pleno Parque Natural del Alto Tajo (Guadalajara). Uno de los cadetes (nombre que adquieren los inscritos cuando llegan) es Simeón, un joven de 19 años que proviene de Bulgaria, ya que es nieto del rey Simeón II e hijo de la princesa Kalina y del explorador español Kitín Muñoz, veterano Boina Verde y embajador de Marca Ejército.
El príncipe Simeón es un apasionado del mundo militar, la naturaleza y la aventura y tiene claro que quiere ser Boina Verde
El cadete Simeón lo dejó claro desde el principio: «quiero ser uno más, no digas quién soy», les dijo a sus padres cuando le apuntaron al campamento. Cuatro veranos después, Simeón no solo es uno más, sino que ahora realiza funciones de instructor y conoce la rutina a la perfección. Nada más llegar, los niños y jóvenes deben dejar sus móviles en una caja, reciben su «uniforme» y se les asigna un grupo según su edad. Cada día es diferente, pero todos empiezan con el izado de la bandera de España, «porque creemos que honrar los símbolos nacionales es valorar lo bueno que tiene nuestro país», apuntan desde la dirección. Tras una limpieza general de las habitaciones, los cadetes practican el orden cerrado para el acto de entrega de diplomas del último día. Es una forma de enseñar disciplina y constancia a los niños y jóvenes, pero es solo una pequeña parte de un día lleno de actividades.
Todos los días empiezan con el izado de la bandera de España, «porque creemos que honrar los símbolos nacionales es valorar lo bueno que tiene nuestro país»
Divididos por secciones, los cadetes de todas las edades practican deporte al aire libre, aprenden primeros auxilios como poner un torniquete o nociones básicas de Cuidado de Heridos en Combate Táctico (TCCC). A media mañana todavía hay tiempo para coger energías con el almuerzo. Al ser un campamento ambientado en asuntos militares, también aprenden a leer un mapa en la clase de topografía como auténticos exploradores, practican rapel (descenso con cuerdas por paredes vericales), construyen refugios en mitad del campo y realizan otras actividades como tiro con arco y ejercicios de orientación nocturna. Los cadetes también suelen ir al río, donde juegan a mimetizarse, es decir, camuflarse entre la maleza o diferentes tipos de terreno.
Mientras tanto, los mayores de 14 años ponen en práctica lo que han aprendido hasta entonces en una partida de airsoft por equipos. Toda esta frenética actividad es el día a día de los cadetes a lo largo de los quince días que dura el campamento. También hay partes menos aventureras y más teóricas, como las sesiones sobre cómo pruebas de ingreso a las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil o la Policía Nacional, que reciben aquellos jóvenes que están pensando en dedicar su vida profesional a la Defensa. Uno de ellos es Simeón, que quiere ingresar en el Ejército español para ser un Boina Verde. El joven es un apasionado del mundo castrense debido, en parte, a la tradición familiar, como es el caso de su abuelo paterno, Luis Muñoz Cebrián, que fue oficial del ejército español en el Sáhara Occidental español, entre otros destinos.
El cadete Simeón durante el arriado de bandera
La cultura de Defensa en los jóvenes
Los días que no se hacen actividades nocturnas, la jornada termina con el arriado de bandera y el toque de Oración, que se realiza antes de la cena. Esta dinámica propia de un ambiente militar «no busca militarizar a los jóvenes, sino que disfruten, hagan amigos y aprendan ciertos valores», afirman desde Don Pelayo. Es más, en algunos casos despierta la vocación de servicio entre los jóvenes, como el príncipe Simeón, que además aprenden a desenvolverse por sí solos en ambientes complejos. «El presidente, que es de Operaciones Especiales, tiene clarísimo que es un campamento de verano para reforzar valores como compañerismo, lealtad, aprendizaje… y, también, para divertirse», afirma Yolanda Yunta.
Los niños y jóvenes están en contacto con monitores cuyas profesiones impregnan una forma de vida que es la base para conocer el papel que realizan las FF. AA.
Como en cualquier campamento, el personal tiene sus certificaciones, pero, en Don Pelayo, además, parte de los monitores y organizadores provienen del mundo militar, en su mayoría de Operaciones Especiales, o pertenecen a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Ellos son los encargados de guiar las actividades y fomentar los valores que quieren transmitir desde el campamento. Esto sirve, en parte, para difundir lo que se conoce como Cultura de Defensa entre los jóvenes. No por el orden cerrado, las prácticas de TCCC o el izado y arriado de bandera, sino porque los niños y jóvenes están en contacto con monitores cuyas profesiones impregnan una forma de vida que es la base para conocer el papel que realizan las FF. AA. y los cuerpos de seguridad del Estado.
Más allá de eso, tanto el príncipe Simeón como sus compañeros habrán disfrutado de un campamento temático, pero formándose en aspectos prácticos y valores como el compañerismo, el esfuerzo, la lealtad, la empatía y la adaptación, entre tantos otros, que forman parte intrínseca del espíritu castrense.