El almirante Juan Rodríguez Garat

El almirante Juan Rodríguez GaratEl Debate

 El almirante Garat reivindica la historia de la Armada y cuestiona el mito de Trafalgar

Rodríguez Garat explica por qué la Armada española logró levantarse tras sus derrotas en un magnífico discurso de ingreso en la Real Academia de la Mar como académico numerario electo

El almirante Juan Rodríguez Garat ha defendido la necesidad de revisar la interpretación tradicional de la historia naval española durante su discurso de ingreso en la Real Academia de la Mar como académico numerario electo. En su intervención, ha reivindicado la trayectoria de la Real Armada del siglo XVIII, ha destacado el papel de figuras como Blas de Lezo y el marqués de la Ensenada y ha cuestionado que la batalla de Trafalgar se haya convertido en el episodio que determina la forma de interpretar todo el pasado naval de España.

La imposición de la medalla al almirante Juan Rodríguez Garat y entrega del diploma

La imposición de la medalla al almirante Juan Rodríguez Garat y entrega del diplomaArmada

Rodríguez Garat ha planteado su discurso como una invitación a mirar más allá de la derrota de 1805 y recuperar los avances institucionales, científicos, industriales y estratégicos que hicieron posible el desarrollo de la Armada de la Ilustración. A su juicio, la derrota frente a la escuadra británica no debe ocultar los logros de una institución que, desde sus primeros años, tuvo que superar importantes carencias materiales, dificultades para formar oficiales y problemas para disponer de tripulaciones.

«Trafalgar para muchos historiadores navales ha sido siempre el fin de la historia», ha afirmado. Frente a esa interpretación, ha propuesto una imagen diferente de la trayectoria de la Armada: la de una institución capaz de sobreponerse a sus derrotas y reconstruirse. Para explicarlo, ha recurrido al personaje cinematográfico de Rocky Balboa, que, pese a caer repetidamente, siempre consigue levantarse.

El almirante ha elegido la historia naval como hilo conductor de su intervención porque considera que permite comprender no solo la evolución de una institución militar, sino también el sentimiento de pertenencia a una comunidad nacional. Su exposición ha recorrido los orígenes de la Real Armada, las primeras campañas del siglo XVIII, las dificultades de su crecimiento, la actuación de sus protagonistas y el proyecto estratégico impulsado por el marqués de la Ensenada.

La historia como memoria

Rodríguez Garat ha comenzado reconociendo la importancia personal de su ingreso en la Real Academia de la Mar. Ha agradecido a la institución la oportunidad, con una mención especial al almirante González Ayer y al capitán de navío Blanco Núñez, a quienes ha atribuido haberle abierto las puertas de la Academia.

El almirante ha explicado que inicialmente consideró dedicar su discurso al poder naval o a la geoestrategia, dos materias relacionadas con sus intervenciones públicas habituales. Sin embargo, descartó ambas opciones. Sobre la capacidad de la geoestrategia para anticipar acontecimientos, ha expresado su escepticismo mediante una comparación irónica con las prácticas adivinatorias de la Antigüedad.

«Yo tengo la impresión, aquí en confianza, de que la geoestrategia, como herramienta para predicción de lo que va a ocurrir, no es mucho mejor que el análisis de las vísceras de los gansos que hacían los oráculos antiguos», ha señalado. Como ejemplo de la dificultad de anticipar el futuro, ha citado la imposibilidad de saber con certeza qué harán dirigentes como Donald Trump o Vladímir Putin.

La historia naval le ofrecía, en cambio, la posibilidad de abordar una materia que considera vinculada tanto a su trayectoria profesional como a su propia identidad. El almirante ha reconocido que no es historiador de formación y que la historia, entendida como ciencia, exige una preparación que no pretende atribuirse. No obstante, ha defendido una concepción más amplia de su significado.

El almirante Garat, durante un momento de su discurso

El almirante Garat, durante un momento de su discursoEl Debate

Para ilustrarla, ha recurrido a Miguel de Cervantes y a la definición que el escritor pone en boca de don Quijote: la historia es «émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente y advertencia de lo porvenir».

Rodríguez Garat considera, sin embargo, que la historia también constituye una forma de sentimiento y de continuidad entre generaciones. En su discurso ha descrito la pertenencia a una nación como algo que va más allá del territorio, la lengua o la existencia de un futuro compartido.

Los británicos han mitificado la batalla de Trafalgar»Juan Rodríguez GaratAlmirante (R)

«La historia es el saber que uno pertenece», ha resumido. Para desarrollar esa idea, ha utilizado la metáfora de un árbol cuyas raíces se remontan a los orígenes históricos de España y que ha crecido gracias al esfuerzo, la sangre y las lágrimas de muchas generaciones.

Ese árbol, ha advertido, ya no es el mismo que en el pasado, pero conserva la capacidad de dar frutos si continúa recibiendo los cuidados necesarios. La historia de la Armada debe abordarse, desde esa perspectiva, no como una sucesión de derrotas, sino como una trayectoria compleja de construcción, crecimiento, crisis y recuperación.

Trafalgar y la influencia de la historiografía británica

El núcleo del discurso ha sido la crítica a la interpretación de Trafalgar como punto final de la historia naval española. Rodríguez Garat ha señalado que buena parte de los estudios sobre la Armada, especialmente los referidos al siglo XVIII, se ha apoyado en la historiografía británica.

A su juicio, el Reino Unido comprendió antes que España la importancia de la historia como instrumento para construir una identidad nacional y reforzar la cohesión colectiva. En ese proceso, la batalla de Trafalgar y la figura del almirante Horatio Nelson adquirieron una dimensión que trascendió su significado estrictamente militar. «Los británicos han mitificado la batalla de Trafalgar», ha afirmado. Según su interpretación, la victoria permitió construir alrededor de Nelson una figura heroica a la que recurrir para despertar el sentimiento nacional británico.

El almirante Garat, tras su ingreso en la Real Academia de la Mar

El almirante Garat, tras su ingreso en la Real Academia de la MarEl Debate

Rodríguez Garat ha cuestionado, además, la importancia estratégica que suele atribuirse al enfrentamiento. Ha sostenido que la situación de las marinas francesa y española era ya muy desfavorable y que la batalla no produjo los efectos estratégicos que a menudo se le adjudican. La consecuencia de esa lectura, ha explicado, es que Trafalgar termina funcionando como una frontera que divide la historia naval española entre un pasado que acaba en derrota y un periodo posterior que queda relegado a un segundo plano.

El almirante considera que esta interpretación empobrece la comprensión de la institución. En lugar de presentar la derrota como el desenlace inevitable de toda una trayectoria, propone analizar los procesos que permitieron construir la Real Armada, sus aportaciones y las circunstancias que determinaron su evolución posterior.

Para expresar esa diferencia, ha contrapuesto dos imágenes. La primera es el mito de Sísifo, condenado a empujar una piedra cuesta arriba para verla caer de nuevo. La segunda es Rocky Balboa, un personaje que, pese a recibir golpes y acabar en la lona, consigue levantarse.

«Si uno descorre el telón de Trafalgar, la Armada se ha levantado», ha asegurado. El propósito de su discurso ha sido precisamente retirar ese telón para mostrar la evolución de la institución antes y después de la célebre batalla.

Los primeros pasos de la Real Armada

Rodríguez Garat ha reconocido que su propia visión de la Armada de la Ilustración cambió con el tiempo. Durante su formación en la Escuela Naval, según ha explicado, la enseñanza de la historia naval apenas permitía profundizar en aquel período. De esa etapa conservó inicialmente la impresión de que la Armada había construido buenos barcos y arsenales, había contribuido al desarrollo científico, pero terminó derrotada en Trafalgar, lo que parecía restablecer valor a sus logros anteriores.

Su cambio de perspectiva llegó al comprender que una institución no puede juzgarse exclusivamente por sus primeros años ni por su desenlace. Para explicarlo, ha comparado la evolución de la Armada con la vida de Immanuel Kant, filósofo nacido en Königsberg, la actual Kaliningrado. Si su trayectoria se valorara únicamente por los balbuceos de la infancia y las dificultades de sus últimos años, se perdería de vista la obra desarrollada durante su madurez.

Rodríguez Garat ha lamentado que la figura de Blas de Lezo apenas apareciera en los materiales de historia naval que estudió durante su formación en la Escuela Naval

La Real Armada, ha defendido, debe analizarse del mismo modo: atendiendo a lo que consiguió entre su nacimiento y su crisis final, que sitúa durante la Guerra de la Independencia, cuando la institución terminó muriendo «de inanición».

Su origen se encuentra en un periodo de debilidad naval española. Tras la pérdida de la capacidad marítima heredada de los Austrias, la Monarquía disponía de medios limitados para proteger el comercio con América y atender sus compromisos militares. La Guerra de Sucesión había dejado el dominio del mar en manos británicas y había evidenciado la necesidad de contar con una marina propia.

Una vez terminada la guerra, en 1714, España debía afrontar la recuperación de Barcelona y Mallorca, además de garantizar sus comunicaciones marítimas. La dependencia inicial de Francia no resolvió esas necesidades y la Corona tuvo que impulsar una nueva organización naval.

Las frases más destacadas del discurso

  • «La historia es el saber que uno pertenece».
  • «Los británicos han mitificado la batalla de Trafalgar».
  • «Trafalgar para muchos historiadores navales ha sido siempre el fin de la historia».
  • «Si uno descorre el telón de Trafalgar, la Armada se ha levantado».
  • «Una marina recién nacida no puede encontrar en sus fuerzas la felicidad que trae la experiencia».
  • «Sin marina no puede ser respetada la monarquía española, conservar el dominio de sus vastos estados o florecer la península, centro y corazón de todo».
  • «Si Patiño plantó el árbol de la Real Armada, fue Ensenada quien lo podó».

Rodríguez Garat ha situado en 1714 el nacimiento de la Real Armada, aunque ha advertido que no existe un documento que pueda considerarse una partida de nacimiento inequívoca. El proceso de consolidación comenzó en 1717, con la actuación de José Patiño, al que ha definido como un gestor extraordinario. La tarea era considerable. La nueva Armada necesitaba barcos, arsenales, oficiales y estructuras administrativas, pero carecía de buena parte de esos recursos. Aunque se establecieron instalaciones en La Graña, Puntales y Cartagena, durante las primeras décadas continuó dependiendo de otros centros de construcción naval y de la adquisición de buques en el extranjero.

También faltaban oficiales preparados. Patiño creó la Real Compañía de Guardias Marinas, inspirada en el modelo francés, con la intención de combinar la formación científica continental con la experiencia práctica británica. Sin embargo, la escasez de profesores y la necesidad de aprovechar los recursos disponibles ralentizaron el proceso. La institución tuvo que completar sus nuevas estructuras con personal procedente de la antigua marina y del Ejército. A pesar de esas limitaciones, la Monarquía decidió emplearla en operaciones militares de gran envergadura.

Cabo Passaro: una derrota que sirvió de referencia

En 1718, apenas cuatro años después de su nacimiento, la Real Armada se enfrentó a la Marina británica en la batalla de Cabo Passaro. El resultado fue una derrota española, que Rodríguez Garat ha considerado prácticamente inevitable por la desigualdad de experiencia y capacidades. El propio Patiño, ha recordado, era consciente de las limitaciones de una institución recién creada. El almirante ha resumido aquella situación con una frase atribuida al histórico gestor: «Una marina recién nacida no puede encontrar en sus fuerzas la felicidad que trae la experiencia».

El enfrentamiento se produjo, además, en unas circunstancias que Rodríguez Garat ha presentado como desfavorables para España, al señalar que los británicos atacaron a la escuadra antes de declarar formalmente la guerra. Pese al revés, la institución no abandonó su proyecto. El almirante ha destacado que Cabo Passaro se convirtió en una referencia para medir los progresos posteriores de la Armada.

En los años siguientes, España volvió a enfrentarse a los británicos y participó en operaciones como el desembarco de Orán, en 1732, y la conquista del reino de Nápoles. Más adelante, durante la Guerra del Asiento, la defensa de Cartagena de Indias se convirtió en uno de los episodios más destacados de la confrontación con Gran Bretaña.

Blas de Lezo, el héroe de una institución en construcción

Entre esos protagonistas, el almirante ha destacado a Blas de Lezo y Olavarrieta, cuya trayectoria considera representativa de los primeros años de la Real Armada. Rodríguez Garat ha lamentado que su figura apenas apareciera en los materiales de historia naval que estudió durante su formación en la Escuela Naval. Su popularidad posterior, ha explicado, se debe a una biografía que combina victoria, adversidad y tragedia personal. Nacido en 1689, Lezo quería ser marino en una época en la que España todavía no disponía de una estructura formativa capaz de ofrecerle el camino que buscaba. Por ese motivo ingresó en la Marina Real francesa, vinculada entonces a España por la dinastía borbónica.

Primer plano del monumento a Blas de Lezo en la Plaza de San Felipe en el Casco Antiguo, Cartagena, Colombia

Primer plano del monumento a Blas de Lezo en la Plaza de San Felipe en el Casco Antiguo, Cartagena, ColombiaGetty Images / Uwe-Bergwitz

Con apenas 15 años participó en la batalla de Vélez-Málaga, en 1704, donde perdió una pierna. Posteriormente perdió un ojo durante la defensa de Tolón y sufrió la pérdida de un brazo en el sitio de Barcelona. Estas heridas dieron origen a la denominación de «medio hombre», aunque Rodríguez Garat ha insistido en que su carrera no se explica por sus mutilaciones, sino por su valor y sus capacidades militares.

Tras incorporarse a la Real Armada, Lezo ascendió con rapidez en un contexto en el que faltaban oficiales para cubrir los puestos de responsabilidad. Su trayectoria incluyó operaciones en el Caribe y el Pacífico, la lucha contra la piratería y distintas campañas en el Mediterráneo.

Su episodio más conocido fue la defensa de Cartagena de Indias frente a la expedición británica. Allí coincidió con el virrey Sebastián de Eslava, con quien mantuvo diferencias personales y profesionales. A pesar de ellas, ambos fueron capaces de acordar una estrategia que permitió resistir a un enemigo muy superior en barcos y soldados. La táctica consistió en ganar tiempo y obligar a los británicos a soportar las enfermedades, las dificultades logísticas y el desgaste físico y moral de una campaña prolongada. La resistencia española terminó frustrando la ofensiva.

Sin embargo, el éxito militar no evitó el enfrentamiento entre los dos mandos. Rodríguez Garat ha señalado que las disputas por el reconocimiento de los méritos ensombrecieron el desenlace y que Lezo murió después de ser apartado por su superior, afectado por una herida infectada y por la amargura de su situación. El almirante ha presentado a ambos como héroes de España, aunque ha lamentado que no fueron capaces de compartir el mérito de la victoria. La historia de Lezo muestra, a su juicio, cómo los protagonistas individuales sostuvieron una institución que todavía no había alcanzado su madurez.

Ensenada y la construcción de una estrategia naval

La evolución de la Real Armada necesitaba, sin embargo, algo más que héroes y buenos gestores. Rodríguez Garat ha señalado durante su brillante intervención que durante sus primeras décadas la institución careció de una estrategia nacional sostenida, debido en parte a que las decisiones políticas estaban condicionadas por los intereses de la corte y por objetivos a corto plazo. Esa situación comenzó a cambiar con la llegada del marqués de la Ensenada, a quien ha atribuido la formulación de un proyecto naval coherente con las posibilidades de España.

Ensenada comprendió que el poder marítimo era esencial para preservar los territorios de la Monarquía y garantizar su posición internacional. Rodríguez Garat ha destacado una de sus afirmaciones más significativas: «Sin marina no puede ser respetada la monarquía española, conservar el dominio de sus vastos estados o florecer la península, centro y corazón de todo».

El almirante ha presentado esta idea como una reivindicación temprana del poder naval, anterior a los planteamientos de autores anglosajones posteriores. Ensenada diseñó una estrategia adaptada a los recursos españoles: España no podía competir por sí sola con Gran Bretaña en el mar ni con Francia en tierra, pero sí podía disponer de una Armada que, junto a la francesa, planteara un desafío a los británicos. Rodríguez Garat ha destacado que, con ese planteamiento, la institución obtuvo por fin una orientación estratégica definida. Ya no se trataba únicamente de construir buques o cubrir puestos de mando, sino de organizar las capacidades militares en función de un objetivo nacional.

Retrato del marqués de la Ensenada

Retrato del marqués de la Ensenada

Ensenada impulsó los arsenales de la Ilustración, mejoró los métodos de construcción naval y envió a Jorge Juan a Inglaterra para estudiar las técnicas con las que se fabricaban los barcos. El objetivo, ha explicado el almirante, no era copiar simplemente sus modelos, sino conocer los procedimientos que permitían construirlos. También promovió nuevas fábricas, ordenanzas para la Armada y medidas para afrontar la escasez de marineros. Entre ellas destacó la matrícula de mar, concebida para resolver un problema que España arrastraba desde hacía tiempo: la dificultad de encontrar tripulaciones suficientes para sus buques.

Rodríguez Garat ha atribuido esa escasez a una relación histórica problemática entre España y el mar. Las condiciones de servicio y la falta de incentivos habían desanimado a quienes podían dedicarse a la navegación, de modo que disponer de barcos no garantizaba contar con hombres para tripularlos. El marqués de la Ensenada también saneó la Hacienda y acumuló una gran capacidad de decisión política. Esa influencia, según el almirante, contribuyó tanto a la amplitud de sus reformas como a su caída, ya que sus medidas perjudicaron intereses de sectores privilegiados y despertaron la oposición de sus adversarios.

El discurso ha situado en consecuencia a Ensenada como el responsable de transformar una institución todavía en formación en un instrumento con objetivos definidos y mayores capacidades materiales. Si Patiño puso en marcha la Real Armada, ha resumido Rodríguez Garat, Ensenada fue quien la preparó para alcanzar sus mejores resultados.

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