La guerra de invasión en Ucrania se ha convertido en un auténtica guerra de dronesAris Messinis / AFP

Del carro de combate al enjambre de drones, así será la guerra acorazada del futuro

La reciente aparición de imágenes de un vehículo de combate de infantería Bradley desplegando drones terrestres FireAnt permite vislumbrar el futuro de la guerra acorazada, donde plataformas tripuladas y enjambres robóticos actuarán de forma coordinada sobre el campo de batalla

La irrupción masiva de los drones aéreos ha desencadenado una auténtica revolución en la forma de hacer la guerra. Desde Ucrania hasta Oriente Próximo, los sistemas no tripulados se han convertido en protagonistas del campo de batalla. Sin embargo, la próxima gran transformación podría desarrollarse sobre el terreno.

A primera vista, la imagen de un vehículo de combate de infantería Bradley transportando varios FireAnt en sus costados podría parecer una simple curiosidad tecnológica. Sin embargo, encierra una valiosa pista sobre cómo podrían combatir las unidades acorazadas en las próximas décadas.

Los FireAnt son pequeños vehículos no tripulados de unos 27 kilogramos diseñados para operar como parte de un enjambre coordinado. Su característica más determinante es su modularidad, pudiendo ser dotados de sensores, sistemas de guerra electrónica o de cargas explosivas.

Del «loyal wingman» aéreo al «robot wingman» terrestre

Aunque a primera vista pueda parecer una innovación específica del combate terrestre, la lógica que inspira FireAnt resulta familiar. En realidad, reproduce una idea que lleva años desarrollándose en el ámbito aéreo y que está comenzando a extenderse al resto de dominios operativos.

Durante los últimos años, las más importantes fuerzas aéreas del mundo han desarrollado la idea del loyal wingman no tripulado. Se trata de aeronaves autónomas capaces de acompañar a un caza tripulado, ampliar su alcance sensorial, emplear armamento propio y asumir las misiones más arriesgadas. Rusia lleva años trabajando en esta dirección mediante la asociación entre el caza furtivo Su-57 y el dron pesado S-70 Okhotnik («Cazador»).

Estados Unidos avanza por una senda similar mediante el programa Collaborative Combat Aircraft, destinado a incorporar aeronaves no tripuladas capaces de operar junto a cazas. Las recientes pruebas de integración entre pilotos de F-22 y drones autónomos muestran hasta qué punto el concepto de acompañante no tripulado está dejando de ser una idea de futuro para convertirse en una realidad.

Esta misma filosofía operativa comienza ahora a trasladarse al dominio terrestre. Así, el FireAnt podría convertirse en el equivalente del loyal wingman, un acompañante robótico destinado a ampliar el alcance, la protección y la capacidad de combate de las unidades mecanizadas.

Un laboratorio para la guerra del futuro

La demostración del Bradley transportando varios drones terrestres FireAnt se llevó a cabo durante el ejercicio Pegasus Charge 3, organizado por la 1.ª División de Caballería estadounidense en el marco del programa Transformation in Contact. El objetivo era validar un concepto operativo emergente: emplear vehículos blindados de combate de infantería como plataformas de despliegue y control para enjambres de sistemas terrestres no tripulados.

Más allá de las capacidades concretas de cada robot, la novedad reside en la posibilidad de extender el alcance táctico de las unidades acorazadas mediante sistemas desechables capaces de operar por delante de los vehículos tripulados. De este modo, las fuerzas mecanizadas pueden obtener información, localizar amenazas y preparar el contacto con el enemigo reduciendo los riesgos para sus tripulaciones.

Las posibilidades van más allá de la simple observación. Equipados con cargas explosivas, estos sistemas podrían actuar como armas de saturación. Frente a un carro de combate moderno, un único robot representa una amenaza limitada. Sin embargo, decenas de ellos actuando de forma coordinada podrían desbordar incluso las defensas más avanzadas. La misma lógica que ha revolucionado el empleo de drones aéreos podría trasladarse ahora al combate terrestre.

A ello se suma un factor económico. Mientras que un carro de combate o un vehículo de combate de infantería representan inversiones de varios millones de euros, estos pequeños robots están concebidos como sistemas de bajo coste diseñados para ser prescindibles.

Buena parte de estas ideas no proceden de laboratorios o programas experimentales. La guerra de Ucrania se ha convertido en un excepcional banco de pruebas para evaluar el empleo operativo de sistemas no tripulados en condiciones reales de combate. Allí, los robots terrestres ya se emplean en misiones de reconocimiento, logística, evacuación y ataque. Sin embargo, su vulnerabilidad a la guerra electrónica está impulsando la búsqueda de niveles cada vez mayores de autonomía, capaces de completar su misión incluso en entornos con comunicaciones degradadas.

Pese a los avances, persisten incógnitas relevantes sobre el grado real de autonomía de estos sistemas, la gestión de enjambres numerosos, su eficacia en terrenos complejos y, sobre todo, cuestiones doctrinales relativas al número de robots que debería integrar una unidad mecanizada, las misiones que les corresponderían y su encaje en las cadenas de mando tradicionales.

El blindado del futuro no combatirá solo

Aun así, la dirección parece clara. Los ejércitos ya no buscan únicamente vehículos acorazados más protegidos o con mayor potencia de fuego. La prioridad pasa cada vez más por integrar plataformas tripuladas y no tripuladas en equipos cooperativos capaces de multiplicar su eficacia.

La imagen del Bradley cargado de FireAnt puede parecer una simple curiosidad tecnológica. Sin embargo, podría terminar convirtiéndose en una de esas instantáneas que anuncian un cambio de época. Del mismo modo que los drones transformaron la guerra desde el aire, los enjambres robóticos podrían hacerlo ahora sobre el terreno.

El blindado del futuro no combatirá solo. Lo hará rodeado de sensores, drones y sistemas autónomos que ampliarán su alcance, reducirán su vulnerabilidad y multiplicarán su capacidad de combate.