El abogado Fernando Osuna, especialista en casos de filiación
Un orensano recibirá una herencia millonaria gracias a la saliva de su abuelo que un detective recogió del suelo
El gallego interpuso una demanda de paternidad contra su progenitor, fallecido en 2011. Nunca quiso reconocer que era su hijo
las demandas de paternidad son procedimientos bastante tediosos y cargados de implicaciones no solo jurídicas, sino también emocionales. Hay que tener mucha fortaleza y valentía para denunciar a un presunto padre que nunca quiso saber nada ni se preocupó. Sin embargo, es de derecho que se reconozca. Que se lo digan a un orensano de 35 años, cuya día de ayer nunca olvidará.
El juez dictaminó este miércoles 18 de septiembre que un empresario, fallecido a los 65 años, era su progenitor. Se hizo justicia después de años de lucha, y además, recibirá una cuantiosa herencia como legítimo heredero. Una compensación económica que se estima en un millón de euros, pero con la que no conseguirá minimizar el sufrimiento.
Tampoco su madre. Mantuvo un noviazgo con el fallecido hasta que se quedó embarazada. En ese momento, el empresario la abandonó y se mudó a México. «Después de esa conversación no volvió a saber nada de él», cuenta Fernando Osuna, abogado del demandante y experto en casos de filiación, a El Debate. Pero no solo no tuvo más noticias, sino que ante su insistencia, la familia del que era su pareja la amenazó con llevarse al niño. Por ese motivo, decidió criarlo sola.
La saliva, la prueba irrefutable
Fue su hijo quien quiso demostrar en un juzgado quien era su padre. Contrató los servicios de este prestigioso abogado y llevaron el caso ante los tribunales después de conseguir una prueba irrefutable: el ADN de su abuelo paterno.
Uno de los detectives que tiene contratado el despacho le hizo un seguimiento en una de sus visitas a Orense y en tres días consiguió la prueba gracias a que el abuelo del demandante escupió en el suelo. Una práctica que es totalmente legal, siempre y cuando se den tres condiciones. «Se recoja en un sitio público, tenga una finalidad lícita y que no tenga valor económico. No se puede coger una muestra de sudor del reloj de una persona, por ejemplo», cuenta Osuna.
«Es curioso como una cosa tan despreciable y escatológica como la saliva en la calle pueda tener tanto valor para resolver un conflicto hereditario», añade Osuna.
Después de llevar esta muestra, debidamente sellada y custodiada, a un laboratorio, se constató lo que ya sabían. La certeza de que es su hijo. Ya tenían lo necesario para llevar el caso al juzgado, quien pidió hasta en tres ocasiones, sin éxito, que el abuelo repitiese la prueba en sede judicial. Esa negativa, sumada al resto de pruebas que presentó Osuna (varios testigos, documentos y fotografías que demuestran el razonable parecido físico), el juez dictaminó a su favor.