Una balanza y varias piezas de frutas y hortalizas

El dulce de Galicia que dejó de ser exclusivo del ‘Entroido’ para convertirse en un clásico otoñal

En muchas casas gallegas se preparan en meriendas familiares, acompañadas de un buen café o un vaso de leche

El otoño se presenta cada año como una de las estaciones más ricas y generosas para la despensa. Tras la abundancia del verano, los mercados se llenan de productos que marcan el pulso gastronómico de la temporada: manzanas, peras, castañas, caquis o cítricos comparten protagonismo con una hortaliza que reina indiscutible en esta época. La calabaza, presente durante todo el año, alcanza ahora su mejor momento, convirtiéndose en el ingrediente estrella de numerosas recetas tradicionales.

Entre las múltiples elaboraciones que surgen de ella, destaca una receta muy arraigada en Galicia. Nacida en los antiguos rituales del Samain celta y posteriormente incorporada al Entroido gallego, esta preparación ha trascendido las festividades para convertirse en un bocado cada vez más presente en las tardes otoñales.

Un postre con raíces celtas y cristianas

Nos referimos a las chulas de calabaza cuyo origen se remonta al Samaín, la fiesta pagana de los antiguos pueblos celtas que celebraba el fin de las cosechas.

En Galicia, muchas de esas tradiciones se mantuvieron vivas bajo nuevas formas. Entre ellas, la costumbre de preparar dulces a base de productos de temporada como la calabaza. Así nacieron las chulas de calabaza, que con el tiempo también pasaron a formar parte de otra gran fiesta popular: el Entroido, el carnaval gallego.

Aunque tradicionalmente se reservaban para esos días de exceso y celebración, lo cierto es que su sabor ha traspasado las limitaciones del calendario. En la actualidad, se preparan no solo en carnaval, sino también durante todo el otoño, cuando la calabaza está en su punto óptimo. En muchas casas gallegas se preparan en meriendas familiares, acompañadas de un buen café o un vaso de leche.

Cómo se preparan las chulas de calabaza

La receta es sencilla. El primer paso es cocinar la calabaza, preferiblemente asada para intensificar su sabor y evitar exceso de agua. Luego se mezcla con huevos batidos, azúcar y un toque de canela. La harina y la levadura completan la masa, que debe reposar unos minutos antes de freírse en pequeñas porciones.

Existen variantes: algunos prefieren una masa más espesa para darles aspecto de buñuelos, mientras que otros optan por hacerlas más finas, como mini-tortitas. En cualquiera de los casos, el resultado son unas tortitas doradas, crujientes por fuera y tiernas por dentro, que a elección del consumidor, se pueden espolvorear con azúcar o canela.

Chulas de calabaza típicas de GaliciaWikipedia

Que las chulas de calabaza se hayan desligado del calendario festivo no es casualidad. Representan la esencia de la cocina gallega: aprovechar ingredientes de temporada, transformarlos con sencillez y compartirlos en familia.

Ya sea en los días fríos del Samaín, en la algarabía del Entroido o en cualquier tarde de otoño, estas chulas son un homenaje a la tierra, a la tradición y al placer de comer.