La iglesia románica gallega destacada por Condé Nast Traveller
La iglesia románica que ‘Condé Nast’ sitúa entre las siete más bellas de España: parece flotar sobre el Miño
Se integra en el Camino de Invierno, lo que la convierte en una parada obligatoria para los peregrinos
Galicia destaca por la amplitud y variedad de su patrimonio histórico. Su geografía reúne monasterios medievales, ermitas rurales ocultas entre montes, templos vinculados a antiguas rutas de peregrinación y catedrales. Este patrimonio religioso continúa despertando interés tanto a nivel nacional como internacional.
Un ejemplo reciente lo firma la revista Condé Nast Traveler, que ha seleccionado las siete iglesias románicas más bellas de España en una lista que pretende «evitar los ejemplos más conocidos con la intención de redescubrir el románico hispano más allá de los clásicos». En esta exclusiva lista aparece un templo gallego que, pese a su enorme valor arquitectónico y simbólico, continúa siendo un hallazgo para muchos viajeros
El templo parece flotar sobre el Miño
La prestigiosa publicación se refiere a la Iglesia de Santo Estevo de Ribas de Miño, situada en la Ribeira Sacra lucense. La describe como una obra que condensa «la esencia del románico gallego», levantada en «un enclave mágico, en una terraza que domina el río para mostrarse al visitante como un tótem en mitad del bosque».
Uno de los rasgos más llamativos de Santo Estevo es su adecuación al terreno, un aspecto clave para entender su singularidad. Para salvar el pronunciado desnivel de la ladera fue necesario rebajar el monte y construir una estructura a modo de cripta que permitiera sostener el templo. Es una solución que volverá a repetirse en otras obras románicas gallegas, siendo el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago uno de los ejemplos más paradigmáticos.
El interior se organiza mediante una nave de cuatro tramos con cubierta a dos aguas, sostenida por arcos de diafragma. El ábside semicircular, precedido de un tramo recto con bóveda de medio cañón, incorpora nervaduras que buscan simular una bóveda de crucería, un detalle poco común en la zona. A ambos lados de la cabecera aparecen dos delicados óculos de tracería geométrica que aportan luminosidad y ritmo al espacio.
Al exterior, la decoración se concentra en torno a ventanas y puertas, con una espectacular fachada que mira al valle. El protagonista absoluto es su rosetón, una pieza de tracería calada que refuerza la verticalidad del muro y que Condé Nast Traveler interpreta como «un infinito compuesto por pétalos de piedra».
San Estevo de Ribas de Miño
Bajo él, el tejaroz marca el inicio de una portada de disposición triple: dos arcos ciegos flanquean la puerta central, abocinada y profusamente decorada con motivos geométricos y vegetales. La arquivolta inferior contiene siete figuras que sostienen diversos objetos.
Los capiteles, repletos de vegetales y seres híbridos, remiten a modelos habituales de la Ribeira Sacra, reforzando la conexión artística de la zona.
Algunos de sus tesoros interiores
El interior conserva piezas de enorme valor. La Epifanía románica, recuperada durante restauraciones recientes, es una de las más conocidas. También destaca la Virgen con el Niño en su regazo mientras porta un cetro, en una composición de notable delicadeza para su época.
A esto se suma la pila bautismal románica, decorada con motivos geométricos enigmáticos que la convierten en una pieza excepcional dentro del románico gallego.
Hoy, Santo Estevo sigue funcionando como parroquia de la Diócesis de Lugo y se integra en el Camino de Invierno, consolidándose como una parada imprescindible para quienes buscan espiritualidad, paisaje y arte medieval en un mismo lugar.
La mención de Condé Nast Traveler no solo reconoce la belleza del edificio, sino que contribuye a situar al románico gallego, tan disperso como extraordinario, en el mapa del patrimonio europeo.