Portalén, el pequeño Stonehenge gallego que desafía a la historia
Portalén, el pequeño Stonehenge gallego que desafía a la historia mientras mira a las tres rías de Galicia
Un conjunto único que conecta directamente con la mitología gallega más profunda
Galicia es conocida desde hace siglos como la tierra de las meigas (brujas, en castellano), un territorio donde la piedra, el bosque y el viento parecen conservar una memoria ancestral. La arquitectura megalítica forma parte esencial de esa identidad: dólmenes, mámoas y menhires salpican el paisaje gallego como huellas visibles de antiguas creencias ligadas a la muerte, a los ciclos de la naturaleza y a lo sagrado.
En torno a estas construcciones se han tejido leyendas que han sobrevivido al paso del tiempo y que hoy siguen despertando fascinación. En ese mapa del misterio gallego, pocos lugares resultan tan sugerentes como Portalén, la llamada Porta do Alén, en la cima del Monte Seixo.
Conectado con la mitología gallega
En la cumbre del Monte Seixo se localizan dos enclaves naturales de alto valor simbólico que han contribuido a que esta zona sea conocida como la Montaña Mágica. En un entorno de naturaleza prácticamente intacta, con presencia de fauna en libertad y un paisaje dominado por el silencio y el viento, Portalén y el Marco do Vento (Marco del Viento) conforman un conjunto vinculado a antiguas tradiciones y a la mitología gallega.
Este territorio, situado entre los municipios de Cerdedo-Cotobade y A Lama, ambos en la provincia de Pontevedra, ha sido durante siglos un espacio asociado a lo sobrenatural. No es casualidad que aquí se sitúe, según la tradición, una puerta abierta al otro mundo.
Se trata de la conocida como Porta do Alén, una denominación que alude directamente a su interpretación simbólica como ‘puerta al más allá’. El enclave está formado por grandes bloques de granito fracturados que generan un vano natural, rematado por una piedra de forma redondeada que actúa a modo de dintel. Este elemento es el que concentra la mayor parte de las incógnitas, ya que resulta complejo explicar su colocación en ese punto sin la intervención humana.
Y como no podía ser de otra manera, en torno a este lugar pervive una leyenda que lo identifica como un supuesto punto de acceso entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Según la tradición oral, la puerta debe cruzarse en dirección norte-sur, y el viento sería el encargado de traer las respuestas de los difuntos a quienes se atrevan a formular preguntas. La creencia incluye, además, una advertencia precisa: es imprescindible regresar por el mismo paso, de sur a norte, para evitar quedar atrapado en el otro lado.
Con el sol atravesando la puerta
Es durante la noche de Samaín cuando, según la tradición, la frontera entre ambos mundos se debilita y la puerta se abre de forma simbólica. En ese momento, numerosos visitantes depositan ofrendas como flores, collares u objetos personales, que aún hoy pueden observarse a los pies del conjunto, como muestra de la pervivencia de esta creencia.
Entre la geología y el rito ancestral
Las rocas graníticas que conforman Portalén son el resultado de procesos geológicos desarrollados a lo largo de millones de años, vinculados al magma, el enfriamiento y la erosión. No obstante, la disposición de la piedra superior continúa siendo un enigma. No existen certezas definitivas sobre si se trata de un monumento levantado por el ser humano o de una formación natural posteriormente reinterpretada como espacio sagrado. Esa ambigüedad constituye, precisamente, uno de los principales elementos de su atractivo.
A escasos metros de Portalén se alza el segundo gran enclave de la Montaña Mágica: el Marco do Vento. Se trata de una piedra vertical de más de seis metros de altura que muchos identifican como uno de los menhires más grandes de Europa.
Su nombre alude al lugar donde se encuentran todos los vientos, es decir, todas las energías del universo. Para la mitología popular, este punto marcaba la entrada definitiva al territorio de los muertos y concentraba una fuerza especial.
La experiencia se completa con el Mirador de las Tres Rías. Desde este punto privilegiado se obtiene una panorámica excepcional de las Rías Bajas, con vistas a las rías de Arosa, Pontevedra y Vigo, e incluso al puente de Rande o las islas Cíes en los días más despejados.
Entre la leyenda, la piedra y el paisaje, Portalén continúa siendo un referente del patrimonio megalítico gallego, un espacio donde la historia, la arqueología y la mitología se encuentran.