Peregrino en el camino a Palas de Rei.
El Camino de Santiago que buscan quienes ya han cumplido los 50: una vivencia diferente
La edad no es un obstáculo, sino una oportunidad para vivir la ruta desde una perspectiva más enriquecedora
Hacer el Camino de Santiago a partir de los 50 se convierte en un viaje distinto. A esa edad, cuando la prisa deja de marcar las decisiones el Camino no empieza en una flecha amarilla, sino en un punto vital de índole personal: una jubilación, una pérdida, o simplemente la necesidad de hacer algo por uno mismo después de años cumpliendo con todo y con todos.
Es por esto por lo que peregrinar a Santiago de Compostela se convierte en esa experiencia que todos deberíamos de vivir después de los 50.
La ruta que no deja de batir récords
Lejos de ser un reto reservado a jóvenes, el Camino de Santiago se ha consolidado como uno de los grandes viajes que hacer a partir de los 50. De hecho, en 2025, el Camino de Santiago volvió a batir récords, consolidándose como uno de los destinos más populares del mundo, con más de 530.000 peregrinos completando alguna de sus rutas hasta Santiago de Compostela.
Según los datos disponibles para este año, la mayoría de los caminantes que llegaron a la Catedral de Santiago tenían entre 18 y 65 años, pero con un grupo especialmente numeroso de personas de entre 46 y 65 años y más de 60.000 mayores de 65 años. Estos números no solo muestran la diversidad etaria de quienes recorren la ruta, sino que demuestran que las personas maduras constituyen un segmento potente y en crecimiento.
Esto confirma que la edad no es un obstáculo, sino una oportunidad para vivir la ruta desde una perspectiva más enriquecedora. Además, el Camino se adapta a cualquier etapa de la vida.
Las rutas permiten elegir ritmos tranquilos, etapas más cortas y servicios pensados para el caminante que busca comodidad sin renunciar a la autenticidad. No exige una forma física extraordinaria, pero sí la consciencia de saber escuchar al cuerpo y de aceptar los límites.
Rutas y recomendaciones a considerar
Para quienes se estrenan en el Camino, hay rutas especialmente agradecidas. El Camino Francés suele recomendarse desde Sarria, con unos 115 kilómetros que pueden repartirse cómodamente en cinco o seis etapas de alrededor de 19 kilómetros al día, y con la ventaja de contar con abundantes albergues y servicios.
El Camino Portugués, por su parte, es más suave físicamente y muy agradecido a la vista, con paisajes rurales y tramos cercanos a la costa; desde Tui hasta Santiago suma unos 116 kilómetros ideales para caminar sin prisas ni grandes desniveles. Y para quienes sueñan con el mar, el Camino del Norte desde Ribadeo ofrece un inicio progresivo, rodeado de naturaleza y espectaculares vistas, perfecto para ir ganando confianza antes de afrontar terrenos algo más exigentes.
Emprender el Camino no es una decisión que deba tomarse a la ligera, especialmente si se quiere disfrutar de la experiencia sin contratiempos. La preparación física es fundamental. Fortalecer piernas, espalda y resistencia mediante caminatas previas y ejercicios específicos ayudarán a afrontar etapas de varios kilómetros sin que el cuerpo se resienta en exceso, más allá de los inevitables agujetas o ampollas.
El calzado es otro factor esencial: unas buenas botas o zapatillas de senderismo, ya usadas, evitan lesiones y rozaduras que pueden arruinar etapas. Llevar bastones de trekking ayuda a reducir la carga en rodillas y articulaciones, algo especialmente útil para las largas etapas.
También conviene planificar las etapas, alternando jornadas largas con otras más cortas, e informarse para saber dónde están los albergues, qué distancia hay entre localidades y qué servicios están disponibles.
A los 50, 60 o incluso 70 años, recorrer el Camino de Santiago más que una caminata es un viaje en el que no solo se trata de llegar a Santiago sino de vivir cada etapa como una experiencia única.