La isla gallega donde terminó la historia de los templarios: sangre, leyendas y acantiladosTurismo Galicia

El último refugio secreto de los templarios en Europa está en Galicia: una enigmática isla que pocos conocen

No es visitable, pero puede contemplarse desde una ruta de senderismo

Galicia cuenta con numerosas islas e islotes repartidos a lo largo de su litoral. Muchos de ellos, además de su interés natural y ambiental, han tenido un papel relevante en distintos momentos históricos como puntos de control marítimo, refugios temporales o espacios aislados utilizados con fines estratégicos. Archipiélagos como las Cíes, Ons, Sálvora o Cortegada son los más conocidos, pero existen otros enclaves menos conocidos que fueron escenario de episodios relevantes del pasado.

Frente a la costa de Lugo se alza un pequeño islote rocoso que, a primera vista, pasa por un enclave natural más del litoral gallego. Sin embargo, su aislamiento, el difícil acceso y su posición estratégica lo convirtieron en un lugar idóneo para el refugio, y es a este enclave al que se vinculan los últimos años de la Orden del Temple en Europa, cuando sus miembros buscaban lugares seguros tras la disolución de la orden.

Así es la isla más desconocida de Galicia

Ese enclave es la Isla Coelleira, una de las islas menos conocidas de Galicia, aunque también una de las más singulares por su historia. Su nombre procede de los conejos que la habitaron durante siglos. Situada frente a la costa de O Vicedo, en la entrada de la ría de O Barqueiro, se encuentra a unos 500 metros de tierra firme.

Presenta una forma de trapecio irregular, con una superficie aproximada de 26 hectáreas, un perímetro cercano a los dos kilómetros y una altura máxima de 82 metros, actualmente coronada por un faro.

Mientras su vertiente norte está formada por altos acantilados verticales, la sur, más baja y accesible, fue durante siglos el único punto viable de desembarco.

Según la leyenda, 36 caballeros templarios se refugiaron en este islote, convencidos de que su carácter casi inexpugnable los protegería. El océano actuaba como muralla y los acantilados como defensa natural.

Esta es la historia que la rodea

El 13 de octubre de 1307, Felipe IV de Francia ordenó la detención de los caballeros templarios. Acusados de herejía, blasfemia y otros delitos, el verdadero objetivo era desmantelar una orden poderosa, rica y con enorme influencia política. En 1312, el Papa Clemente V decretó oficialmente su disolución. Pero no todos murieron o fueron capturados.

Algunos templarios lograron huir y buscar refugio en territorios periféricos, lejos de los grandes centros de poder. Galicia, con su costa fragmentada, su tradición monástica y su conexión con rutas atlánticas y el Camino de Santiago, se convirtió en uno de esos escondites. Y la Isla Coelleira, casi rodeada de muros naturales de piedra y mar, parecía el lugar perfecto.

Isla ColleiraTurismo de Galicia

Ese aparente aislamiento no fue suficiente para garantizar su seguridad. Según la tradición oral, en el año 1331 un grupo de atacantes logró acceder a la isla por un punto desconocido. Las campanas del antiguo monasterio habrían sonado como señal de alerta, pero el ataque se produjo por sorpresa. Treinta y cinco miembros de la Orden del Temple fueron asesinados, un episodio que marcó el final del último enclave templario en Europa.

Según la tradición oral, solo uno de los templarios logró sobrevivir al ataque. Habría escapado de la isla disfrazado de campesino, a bordo de una pequeña embarcación, y alcanzado la costa de O Vicedo. Allí se refugió en una vivienda que se conoce como la Casa del Paisano.

De monasterio a faro: así se transformó

Mucho antes de la presencia templaria, la Isla Coelleira ya había sido un lugar de retiro religioso. Entre los siglos V y VI se fundó en ella un monasterio benedictino dedicado inicialmente a San Miguel.

Con el paso del tiempo y gracias a diversas donaciones, el cenobio fue posteriormente consagrado a San Agustín durante el reinado de Alfonso VI. El aislamiento de la isla, las duras condiciones climáticas y la dificultad de acceso propiciaron su progresivo abandono, que se hizo definitivo a finales del siglo XVI.

Desde entonces, la isla tuvo distintos usos. Fue atalaya ballenera y espacio de cultivo, destacando históricamente la calidad de su trigo y la blancura de su harina. Ya en el siglo XIX, adquirió un papel estratégico dentro del Plan de Alumbrado Marítimo de 1847, cuando la Armada española construyó el faro que aún hoy preside la isla.

En la actualidad, la Isla Coelleira es un espacio prácticamente inaccesible, circunstancia que ha favorecido la conservación de su carácter natural. Está rodeada por pequeños islotes como Cabaliño, Percebosa y Carabelas, y constituye un enclave de gran interés ornitológico. Aunque no es visitable, la isla puede contemplarse desde la ruta de senderismo Costa de el Vicedo, desde donde se distingue su silueta verde recortada sobre el mar.