El día de la inauguración del gimnasio
El gimnasio comunista que busca adeptos entre la juventud de Santiago para entrenarles como «clase trabajadora»
Se presenta como espacio en donde practicar artes marciales, activismo político y reivindicación de la tradición comunista en Galicia
El deporte suele presentarse como un espacio de encuentro, superación personal y convivencia al margen de la confrontación ideológica. Sin embargo, en Santiago de Compostela ha surgido un proyecto que rompe deliberadamente con esa idea: un nuevo espacio deportivo combina entrenamiento físico y activismo político.
La apertura de un gimnasio autogestionado de inspiración comunista es un ejemplo claro de politización de espacios sociales que, tradicionalmente, habían permanecido al margen de la lucha ideológica. Se trata del 'Gimnasio Popular Amada García', una iniciativa impulsada por un grupo de jóvenes vinculados a entornos de la izquierda radical que lo presentan como una herramienta de organización para «la clase trabajadora».
Bajo la apariencia de un espacio deportivo comunitario, la iniciativa combina entrenamiento físico con un marcado discurso político, reivindicando abiertamente la tradición comunista y la militancia ideológica. Un planteamiento que vuelve a poner sobre la mesa la presencia de proyectos vinculados a la extrema izquierda en ámbitos como el deporte o el ocio juvenil.
La elección del nombre no es casual. Para el colectivo que impulsa el gimnasio, la figura de la activista comunista, Amada García, representa una tradición ideológica que consideran necesario recuperar. En su manifiesto, los responsables del proyecto sostienen que personajes como ella encarnan una alternativa política que habría contribuido a ampliar libertades y derechos. Esta reivindicación histórica encaja con una estrategia habitual en determinados movimientos de izquierda radical: vincular nuevos proyectos sociales con figuras simbólicas del pasado para dotarlos de legitimidad ideológica.
Deporte de combate y militante
Los promotores del gimnasio difunden su ideario a través de redes sociales y un manifiesto fundacional en el que hablan de construir un «espacio seguro y antifascista» que sirva para organizar a la juventud trabajadora frente a lo que consideran un sistema económico que limita cada vez más las oportunidades de las nuevas generaciones.
Sin embargo, venden camisetas promocionales del gimnasio por 12 euros, una forma de financiación que resulta llamativa si se tiene en cuenta que el espacio se presenta como alternativa al modelo capitalista que, según denuncian, convierte incluso el ocio en un producto.
Los deportes de contacto suelen vincularse con valores como la disciplina, la resistencia y la cohesión grupal. Históricamente, estas prácticas se han utilizado como herramientas para fortalecer la identidad colectiva y la organización interna de los grupos.
El gimnasio compostelano refleja claramente esta filosofía: sus responsables hablan abiertamente de «deporte militante», una expresión que subraya cómo conciben la actividad física como un componente esencial de su disciplina.
Más allá del deporte: propaganda
La dimensión ideológica del proyecto no se limita a sus bases programáticas. En sus redes sociales, el gimnasio difunde carteles políticos y mensajes de carácter ideológico, además de promocionar actividades deportivas y promocionar cierto merchandising, una estrategia para consolidar identidad de grupo entre sus simpatizantes.
Este gimnasio responde a un modelo que busca generar entornos donde la militancia se integre en la vida cotidiana, más allá de los partidos políticos tradicionales. Y el deporte constituye una herramienta especialmente eficaz para combinar actividad física, identidad colectiva y sentido de pertenencia al grupo
Por su parte, los gimnasios, por su propia naturaleza, funcionan además como potentes espacios de socialización. En este caso, sin embargo, esa dimensión comunitaria adquiere una clara orientación política, convirtiéndose en un entorno donde se difunden determinadas ideas y se tejen redes de militancia.
Y la apertura de este gimnasio evidencia hasta qué punto determinados sectores de la izquierda radical buscan extender su influencia más allá de la política institucional, un fenómeno que refleja cómo la confrontación política empieza a trasladarse incluso a lugares que, hasta hace no mucho, parecían ajenos a ella.