Gárgola con el tubo en el Hostal de los Reyes Católicos

Reclaman una solución «digna» para las gárgolas del parador que más factura de España

La Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal) arremete contra la instalación de los tubos metálicos

La polémica por la intervención en las gárgolas del parador que más factura de España, el Hostal de los Reyes Católicos, en plena Plaza del Obradoiro de Santiago, lejos de apagarse, gana intensidad.

La Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal), que ya había dado la voz de alarma sobre la solución aplicada en estos elementos del histórico inmueble, ha dado un paso más con la publicación de una carta abierta en la que arremete contra la instalación de tubos metálicos. La entidad cuestiona con dureza esta actuación, ejecutada en el marco de las obras de restauración, por considerarla inadecuada para un edificio de tal valor patrimonial.

La polémica está servida

El conflicto, que comenzó con comentarios discretos y se amplificó tras la difusión de imágenes en redes sociales, trasciende ya lo técnico para convertirse en un debate de carácter social, cultural e incluso cívico. Así lo subraya el presidente de Apatrigal, el arquitecto Carlos Fernández Coto, quien advierte de que la actuación «no está a la altura del lugar en el que se inserta» y cuestiona especialmente la forma en la que se ha resuelto la evacuación de aguas pluviales.

La intervención, destinada a evitar problemas de humedades en la fachada, ha consistido en acoplar tubos metálicos a las gárgolas, piezas escultóricas diseñadas originalmente para canalizar el agua de lluvia. Sin embargo, desde Apatrigal insisten en que el problema no radica en la necesidad de esta evacuación, sino en la solución elegida. «No se trata de una cuestión de gusto, sino de adecuación», recalca Fernández Coto, quien considera que los elementos añadidos resultan «visualmente agresivos en uno de los conjuntos más sensibles del país».

La asociación pone el foco en el valor simbólico y arquitectónico de la Plaza del Obradoiro, donde se ubican algunos de los edificios más representativos de Galicia, como la Catedral de Santiago de Compostela.

En este sentido, recuerdan que cada elemento «forma parte de un equilibrio extremadamente delicado» y que cualquier intervención exige una comprensión profunda del entorno. Las gárgolas del Hostal, obra del arquitecto renacentista Enrique Egas, no solo cumplen una función práctica, sino que forman parte de un discurso arquitectónico coherente que, a juicio de los expertos, se ve alterado con la incorporación de estos añadidos.

Una llamada a reconsiderar la actuación

La carta abierta también recoge el respaldo de figuras de prestigio internacional. Según Apatrigal, arquitectos como David Chipperfield han señalado con claridad el desacierto de la solución adoptada, reforzando así la crítica desde el ámbito profesional.

En paralelo, la controversia mantiene abierta la cuestión administrativa. El Ayuntamiento de Santiago ya había anunciado que solicitaría a la Dirección General de Patrimonio Cultural que aclare si la colocación concreta de estos elementos estaba contemplada en el proyecto de restauración autorizado en 2024. Cabe recordar que el Hostal de los Reyes Católicos es un Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que cualquier intervención está sujeta a la supervisión autonómica.

Desde Apatrigal, lejos de buscar una «desautorización personal», plantean su posicionamiento como una llamada a reconsiderar la actuación. En pleno siglo XXI, defienden, existen soluciones técnicas «sobradamente contrastadas», como canalizaciones ocultas o sistemas integrados, que permitirían resolver los problemas de humedades sin comprometer la integridad estética del conjunto.

La asociación concluye su misiva con un mensaje claro: la intervención debe situarse en el nivel de exigencia que impone un espacio como el Obradoiro. «El arquitecto debería aspirar a desaparecer en la obra», señalan, apelando a una arquitectura que respete el legado histórico sin imponerse sobre él. Mientras tanto, el debate sigue abierto y crece la presión para que se revise una actuación que muchos consideran impropia de uno de los enclaves patrimoniales más emblemáticos de Europa.