Toro de Osborne sin cabeza

Toro de Osborne sin cabeza

El toro de Osborne de Galicia que perdió la cabeza por un temporal y nadie repara

La estructura ubicada en el límite entre Coirós y Aranga sufrió importantes daños a finales del año pasado, sin que haya sido reparada hasta ahora

El toro de Osborne es una icónica valla publicitaria consistente en la silueta estilizada de un toro de lidia que es desde hace muchos años un símbolo de las carreteras españolas. Galicia cuenta con cinco de ellas, de las cuales una, que ha vivido su particular calvario, se encuentra ubicada en la provincia de La Coruña.

Está situada en la Nacional 6, en una zona limítrofe entre los municipios de Aranga y Coirós. Estuvo durante muchos años oculta por culpa de los árboles y, tras una tala realizada en 2025, volvió a estar a la vista de los conductores que utilizan esta carretera. Sin embargo, un temporal registrado a finales del año pasado le provocó importantes daños, sin que hayan sido reparados hasta ahora.

Este toro de Osborne permanece desfigurado. La silueta ha perdido por completo la cabeza y los cuernos, quedando reducida a un contorno descabezado e irregular. Además, los bordes frontales de las planchas metálicas negras aparecen rotos y desprendidos, dejando huecos visibles en la parte delantera de la estructura.

A los daños en el metal se suma el avance de la naturaleza. La parte trasera se encuentra densamente cubierta por hiedra y plantas trepadoras que cuelgan desde la parte superior del lomo y bajan por las patas. Esta vegetación oculta casi por completo las planchas traseras y se entrelaza con las vigas del andamiaje metálico que sostiene la estructura.

Historia

El origen de los toros de Osborne se remonta a hace más de 60 años, cuando esta empresa encargó a la agencia Azor una valla para publicitar en las carreteras su brandi Veterano. El diseñador Manolo Prieto creó en 1956 el diseño de este animal que se integrase en el paisaje. El primero de ellos se colocó en 1957 en Cabanillas de la Sierra (Madrid) y desde entonces se instalaron decenas de ellos por toda la geografía española, incluido el de La Coruña.

Fue tal la trascendencia de este emblema que en la década de 1990 tuvo su propio movimiento de apoyo tras la aprobación de un nuevo reglamento para las carreteras españolas que restringía la publicidad en cualquier lugar visible desde la calzada. Una sentencia del Tribunal Supremo, emitida en 1997, salvó a este icono.

Los jueces concluyeron que «la silueta del toro ha superado su inicial sentido publicitario y se ha integrado en el paisaje, como un elemento de ambientación ajeno al mensaje propagandístico de una marca». También indicaron que «cumple, desde esta perspectiva, la finalidad decorativa que ha llevado a la propia Administración a colocar, en los márgenes de determinadas carreteras, estructuras esculturales, algunas de ellas curiosamente representativas de animales, que no perturban la concentración del conductor que circula por la carretera».

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