Voladura de las cuatro terres de refrigeración de la central térmica de As PontesEuropa Press

Así fue el derribo de las torres de la central de As Pontes: 425 kilos de explosivos ponen fin a un símbolo industrial

Estos gigantes de hormigón que durante cinco décadas marcaron el paisaje del municipio coruñés

La imagen que durante medio siglo definió el horizonte de As Pontes ya es historia. Las cuatro torres de refrigeración de la antigua central térmica de Endesa, de 99 metros de altura cada una, fueron demolidas en una espectacular voladura controlada que congregó a cientos de vecinos, extrabajadores y curiosos llegados de distintos puntos de Galicia para presenciar el final de uno de los grandes iconos industriales de la comunidad gallega.

Con el estruendo de 425 kilos de explosivos, una enorme nube de polvo y el sonido de los aplausos de los asistentes, As Pontes se despidió de unos gigantes de hormigón que durante cinco décadas marcaron el paisaje del municipio coruñés.

Un fallo inesperado alarga la despedida

La operación estaba diseñada para que las cuatro estructuras cayeran prácticamente de forma simultánea. Sin embargo, tras la detonación de las dos primeras torres se produjo un inesperado retraso. Lo que debía durar apenas 1,2 segundos acabó prolongándose durante cerca de 14 minutos.

Un problema en las telecomunicaciones alteró la secuencia prevista de la demolición, y provocó que las dos primeras torres se desplomaran a las 16:01 horas, obligando a esperar unos 14 minutos hasta completar la demolición de las otras dos estructuras. Pese al contratiempo, la operación se desarrolló con total seguridad gracias al amplio dispositivo desplegado, integrado por Guardia Civil, Policía Local, Protección Civil, Bomberos del Eume, el equipo Pegaso para el control de drones y distintos organismos de coordinación.

Las cuatro torres sumaban cerca de 45.000 toneladas de peso, con alrededor de 11.245 toneladas cada una y un volumen superior a los 4.100 metros cúbicos por estructura. Para minimizar la nube de polvo generada durante la voladura se utilizaron 12 cañones nebulizadores de agua, mientras que los residuos resultantes serán reutilizados dentro del propio proyecto de desmantelamiento.

El hormigón servirá como material de relleno y el acero será reciclado para nuevos usos industriales, dentro del objetivo de Endesa de alcanzar el denominado «residuo cero», reutilizando más del 90 % del material generado. La demolición de las torres constituye uno de los hitos más importantes del desmantelamiento de la antigua central térmica, cuyos trabajos comenzaron tras el cierre definitivo de la planta.

Actualmente, el proyecto supera el 40 % de ejecución y emplea diariamente a más de 160 trabajadores, con la previsión de finalizar todas las actuaciones en julio de 2028. Mientras desaparecen las antiguas instalaciones, la gran chimenea de 365 metros de altura, considerada uno de los elementos más representativos del complejo industrial, continúa en pie a la espera de su posible declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).

Una demolición con gran expectación

Desde primera hora de la tarde, los mejores miradores del municipio, la playa del lago artificial y las carreteras próximas a la central se llenaron de personas equipadas con cámaras, prismáticos, teleobjetivos e incluso mesas y sillas de playa para contemplar un momento histórico.

Entre los asistentes había antiguos trabajadores de la central, vecinos que crecieron viendo las torres desde cualquier punto del municipio y familias enteras que quisieron inmortalizar el instante con fotografías y vídeos. Muchos vivieron el momento con emoción e incluso lágrimas, conscientes de que desaparecía uno de los grandes símbolos de la historia reciente de As Pontes.

El alcalde de As Pontes, Valentín González Formoso, calificó la demolición como un momento «histórico» que simboliza el inicio de una nueva etapa para el municipio. El regidor destacó que la desaparición de las torres permitirá disponer de alrededor de 500.000 metros cuadrados de suelo industrial, donde el Ayuntamiento espera atraer nuevos proyectos empresariales y generar empleo tras el cierre de la central. Además, defendió la conservación de la emblemática chimenea como elemento patrimonial capaz de convivir con el futuro desarrollo industrial del recinto.

Las torres de refrigeración comenzaron a formar parte del paisaje de As Pontes con la puesta en marcha de la central en 1976. Durante décadas fueron visibles desde kilómetros de distancia y se convirtieron en una referencia para varias generaciones de ponteses. Su desaparición marca el cierre definitivo de una etapa ligada al carbón y abre otra centrada en la reindustrialización del municipio.

Donde hasta hoy se levantaban cuatro colosos de hormigón de casi cien metros de altura, ahora queda un enorme espacio vacío que simboliza el cambio de rumbo de una localidad que busca reinventarse sin olvidar su pasado industrial.