Varias personas durante el Desembarco Vikingo de la LXVI Romaría Vikinga en Catoira, a 2 de agosto de 2026, en Catoira, Pontevedra, Galicia (España). La fiesta del Desembarco Vikingo en Catoira, también conocida como la Romería Vikinga, es una de las celebraciones más singulares y reconocidas de Galicia, declarada de Interés Turístico Internacional. Su historia y significado nacen de la posición estratégica de Catoira en la desembocadura del río Ulla, en las inmediaciones de las Torres del Oeste, una fortaleza construida entre los siglos IX y XIII para defender el acceso al corazón de Galicia y, especialmente, a Santiago de Compostela, frente a los ataques de vikingos y piratas normandos y sarracenos.

Elena Fernández / Europa Press
02/8/2026

Desembarco vikingo en CatoiraElena Fernández / Europa Press

Galicia planta cara a los vikingos: la historia detrás del desembarco de Catoira

Miles de personas llegados de otras comunidades y de países como Portugal y Francia se congregaron para vivir en primera persona una de las grandes celebraciones del verano gallego

Miles de personas volvieron a mirar este domingo hacia las históricas Torres de Oeste, en Catoira (Pontevedra), donde se celebró el tradicional desembarco de la LXVI Romería Vikinga, una de las recreaciones históricas más multitudinarias y espectaculares de Galicia. Como cada primer fin de semana de agosto, réplicas de embarcaciones vikingas remontaron el río Ulla para escenificar el enfrentamiento entre los invasores llegados por mar y quienes defendían la fortaleza.

El desembarco, que tuvo lugar poco antes de las 14:00 horas de la tarde, volvió a congregar a miles de personas, entre ellas numerosos visitantes llegados de otras comunidades y de países como Portugal y Francia. El mercado medieval, los desfiles, las actuaciones folclóricas y las actividades programadas durante toda la semana completan una cita que cada verano sitúa a Catoira en el foco turístico.

Cuando los vikingos llegaron a Galicia

Aunque muchas veces se asocian los vikingos con los países nórdicos o con las islas británicas, también protagonizaron numerosas incursiones en las costas gallegas entre los siglos IX y XI. Aprovechando la facilidad para navegar por el Atlántico, sus embarcaciones penetraban en las rías y remontaban los ríos en busca de riquezas, alimentos y esclavos.

Galicia era entonces uno de los territorios más codiciados del noroeste peninsular. El descubrimiento del supuesto sepulcro del Apóstol Santiago había convertido Compostela en un importante centro religioso y económico, lo que despertó el interés de los invasores.

Para llegar al corazón de Galicia, una de las rutas más valiosas era el río Ulla. Quien lograra remontarlo tenía vía libre hacia el entorno compostelano, por lo que era imprescindible controlar ese acceso. Fue ahí donde adquirieron un papel fundamental las Torres de Oeste, levantadas en un punto estratégico de Catoira. La fortaleza protegía el paso por el río y constituía una de las principales defensas frente a las incursiones llegadas desde el mar.

Con el paso de los siglos, las Torres de Oeste acabaron convirtiéndose en uno de los símbolos de la resistencia del antiguo Reino de Galicia.

De un episodio histórico a una fiesta

La celebración de la Romería Vikinga nació en 1960 impulsada por un grupo de vecinos e intelectuales del Ateneo do Ullán, que pretendían recuperar la historia de las Torres de Oeste y divulgar el pasado vikingo de la comarca.

Aquella representación fue creciendo hasta convertirse en una de las fiestas más conocidas de Galicia. En 1988 recibió la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional y, desde 2002, ostenta la de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Hoy, el desembarco vikingo es solo el acto central de una programación que durante varios días transforma Catoira en una villa medieval, con mercado de época, espectáculos, música tradicional, pasacalles y actividades para todos los públicos.

Lo que hoy se vive como una gran fiesta popular recuerda un episodio que forma parte de la historia medieval gallega. Allí donde miles de personas celebran el desembarco vikingo, hace más de mil años se defendía el acceso fluvial a Santiago de Compostela, una ciudad que ya entonces era uno de los grandes centros de peregrinación de Europa. Hoy ya no llegan barcos en busca de botín, sino miles de visitantes atraídos por una celebración que ha sabido convertir un episodio de la historia de Galicia en una de sus grandes señas de identidad.

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