El castro gallego que sorprende a todos quienes lo visitanTurismo de Galicia

El castro que el mar lleva siglos intentando borrar y el único visitable de toda la costa cantábrica de Galicia

Un enclave que permite descubrir cómo vivieron las comunidades castreñas en un entorno estratégico desde el que dominaban el litoral y las rutas marítimas

Galicia es tierra de castros, pero no todos son igual de conocidos. Mientras Santa Tecla o Baroña concentran miles de visitas cada año, existe un yacimiento arqueológico en la costa lucense que sorprende por su ubicación sobre un acantilado, sus vistas al Cantábrico y una característica que lo convierte en un lugar excepcional: es el único castro costero visitable de toda la costa cantábrica gallega.

Rodeado de un paisaje de gran valor natural, permite descubrir cómo vivieron las comunidades castreñas hace más de dos mil años en un entorno estratégico desde el que dominaban el litoral y las rutas marítimas.

Unas vistas inigualables

Se trata del Castro de Fazouro, situado en la pequeña península de Punta do Castro, en la parroquia de Fazouro, perteneciente al municipio de Foz. Levantado sobre un promontorio rocoso junto a la playa de Arealonga, este asentamiento parece desafiar al mar Cantábrico, con el que prácticamente se funde cuando sube la marea. Su emplazamiento lo convierte en uno de los rincones más fotogénicos de La Mariña lucense, y también en uno de los yacimientos más importantes para comprender cómo vivían las comunidades castreñas del norte de Galicia.

El Castro de Fazouro posee una singularidad que lo distingue del resto de asentamientos de la fachada cantábrica gallega. Es el único castro costero que puede visitarse actualmente, además de ser uno de los más excavados de todo este litoral.

De planta pentagonal, el castro ocupa una superficie aproximada de 700 metros cuadrados, aunque los arqueólogos consideran que originalmente fue bastante mayor. La fuerza del Cantábrico y la erosión provocada durante siglos habrían hecho desaparecer parte del asentamiento, arrastrando sus restos hacia el mar.

Pese a ello, todavía se puede recorrer algunos de sus elementos más representativos ya que se conservan tramos de las antiguas murallas defensivas, un gran foso excavado sobre la roca y varias viviendas que permiten hacerse una idea de cómo era este poblado.

Un cambio entre dos civilizaciones

Uno de los aspectos más interesantes del Castro de Fazouro es que refleja el momento de transición entre la cultura castreña y la romanización. Mientras que los castros más antiguos se caracterizaban por viviendas de planta circular, en este yacimiento predominan las construcciones rectangulares, una tipología que comenzó a extenderse con la llegada de la influencia romana. Solo una de las edificaciones excavadas conserva una planta ovalada, un valioso testimonio de esa evolución arquitectónica.

En el interior de algunas casas todavía pueden distinguirse bancos de piedra adosados a los muros, probablemente utilizados como zonas de trabajo o descanso, además de hogares donde se encendía el fuego para cocinar o calentarse. Las excavaciones arqueológicas también han permitido recuperar numerosos objetos de la vida cotidiana que ayudan a conocer cómo vivían los habitantes de este asentamiento hace cerca de dos mil años.

Su relevancia histórica y patrimonial motivó la declaración del Castro de Fazouro como Bien de Interés Cultural (BIC), lo que garantiza la protección de uno de los yacimientos arqueológicos más valiosos del norte de Galicia.

Pero el atractivo de Fazouro va mucho más allá de su importancia histórica. Pocos lugares permiten recorrer los restos de un antiguo poblado castreño mientras el sonido de las olas rompe a escasos metros de distancia. La combinación de patrimonio, naturaleza y paisaje lo convierte en una de las visitas más singulares de La Mariña lucense. Desde el recinto se puede disfrutar de amplias vistas sobre el mar Cantábrico y la cercana playa de Arealonga, un escenario privilegiado que ayuda a comprender por qué aquellas comunidades eligieron este punto estratégico para asentarse y controlar la costa.

Con el paso de los siglos, las amenazas de invasores y saqueadores hicieron que muchos castros costeros fueran perdiendo su función defensiva hasta quedar abandonados. Fazouro siguió ese mismo destino, aunque sus restos han resistido el paso del tiempo para convertirse hoy en una auténtica ventana al pasado.