Moncho Reboiras
Moncho Reboiras, el comunista con enlaces en ETA que lideró un frente armado y es homenajeado en Galicia
Informaciones aportadas por el agente infiltrado en ETA conocido como «El Lobo» apuntaron a la vinculación de la banda terrorista con Reboiras
no es la primera —quizá ni la décima— que el nacionalismo gallego ha sacado a relucir con orgullo la figura de Moncho Reboiras. En una de las últimas ocasiones, lo hicieron durante un acalorado debate en el Parlamento de Galicia, donde el BNG terminó llamando «asesino fascista» al expresidente gallego, Manuel Fraga.
Más allá del fanatismo nacionalista, el apellido de Reboiras resuena repetidamente en la boca de aquellos que prefieren obviar gran parte de su historia para calificarlo de mártir por la libertad contra el franquismo.
Lo que no cuenta, al menos de forma directa, es su evidente vinculación con la violencia, la opresión y la banda terrorista ETA. A través de un acuerdo, Unión do Povo Galego (UPG) formó con ayuda del terrorismo vasco un «frente armado» dirigido por Reboiras.
Muerte de Reboiras
En 1975, cuando la colaboración entre ETA y UPG era apenas un rumor, un policía recién destinado en Lugo acabaría desencadenando una de las operaciones antiterroristas más relevantes de la época en Galicia.
El agente llegaba después de varios años de servicio en Bilbao, algo que disuadió a sus superiores de creerle en un principio al pensar que se trataba de una suerte de paranoia provocada por las circunstancias. Sin embargo, el policía aseguraba que había reconocido a Ignacio Villanueva Lanza, alias Txao, un conocido miembro de ETA.
La madrugada del 11 de agosto, un comando asaltó las dependencias del DNI de la comisaría de Lugo y sustrajo todo el material necesario para la confección de documentos de identidad, incluidas alrededor de 4.000 tarjetas en blanco. El botín se convertiría durante años en una pieza clave para el aparato de falsificación documental de la organización terrorista.
Tras el robo, la Policía estableció un dispositivo de vigilancia sobre el inmueble señalado por el subinspector. La operación culminó con la detención, en el municipio lucense de Guntín, de Ignacio Villanueva Lanza y Emilio Goitia Batiz, alias Joseba, ambos miembros de ETA con un amplio historial delictivo que incluía dos asesinatos. Junto a ellos fue arrestado José María Grañas Pérez, vinculado al Frente Armado de la UPG.
En el operativo se incautaron tres pistolas Browning, una metralleta Sten con varios cargadores, abundante munición, explosivos, dinero y diverso material utilizado en acciones clandestinas.
Entre las pocas referencias existentes figuraban los datos aportados por Mikel Lejarza, conocido como El Lobo, el agente infiltrado en ETA político-militar por los servicios de información un año antes. Las detenciones de Lugo supusieron uno de los primeros indicios sólidos que apuntaban a la existencia de contactos operativos entre ambas organizaciones.
En uno de los registros desencadenados por este robo se detuvieron a miembros de la UPG. Concretamente, a Elvira Souto, Lois Ríos y Moncho Reboiras. En la persecución posterior, agentes hirieron a Reboiras, que acabó muerto en el interior de un portal. Fue en 2009, 34 años después de su muerte, cuando recibió el reconocimiento de víctima del franquismo en virtud de la Ley de Memoria Histórica.