Caballos en la serra de san Mamede quemada, con nubes de ceniza levantadas por el viento. Montederramo, Ourense 06/09/25. Foto Rosa Veiga

Caballos en la serra de san Mamede quemada

Orense, un año después de los incendios que arrasaron 110.000 hectáreas: «No somos conscientes de lo que se perdió»

En algunas zonas, el monte empieza a recuperar el verde, pero los restos de la devastación continúan presentes y el recuerdo de aquellos días sigue muy vivo

Un año después de la oleada de incendios que convirtió buena parte de Galicia en un paisaje negro, Orense todavía muestra las huellas de una de las mayores catástrofes ambientales sufridas.

En algunas zonas, el monte empieza a recuperar el verde, pero los restos de la devastación continúan presentes y el recuerdo de aquellos días sigue muy vivo. Los incendios de agosto de 2025 calcinaron más de 110.000 hectáreas en Galicia, con especial incidencia en la provincia de Orense.

Un paisaje teñido de negro

El 12 de agosto de 2025, la Xunta decretó en Orense el nivel 2 de emergencia debido a la simultaneidad de varios incendios. En aquel momento, las llamas ya habían arrasado cerca de 4.330 hectáreas, en un escenario marcado por una sequía prolongada y unas precipitaciones por debajo de la media. «Aún quedan los restos de lo que fue. Hay paisajes que parecen páramos», resume el brigadista gallego Tomás Omil, que recuerda el impacto del fuego.

Doce meses después, el temor no ha desaparecido. «Se pasó muy mal y se sigue pasando muy mal. Hace un año estábamos en una situación muy crítica. Ahora estamos en época alta, no sabemos qué va a pasar el día de mañana», explica la alcaldesa de Maceda, Uxía Oviedo. Y es que el recuerdo de aquellos días permanece. «Supongo que, durante muchos años, seguiremos con ese miedo metido en el cuerpo. Fueron días muy duros y muy malos», señala la alcaldesa de Larouco, Patricia Lamela. La regidora describe la situación actual como una «calma tensa». Aunque parte de la vegetación ha comenzado a recuperarse, considera que el riesgo continúa presente: «Una pequeña colilla en el bordillo de la carretera puede correr como la espuma».

Para los equipos de extinción, aquel verano supuso enfrentarse a una situación extraordinaria. Omil lo define como «una de las mayores catástrofes ambientales» registradas en Galicia por la enorme pérdida de valor ecológico. El brigadista reclama además una mayor implicación en la gestión del territorio y de la biomasa. «No somos conscientes de lo que se perdió el año pasado», advierte, antes de recordar que la riqueza natural de Galicia «hay que protegerla» y que la prevención de incendios es una responsabilidad colectiva.

En Maceda, la preocupación de los vecinos también sigue latente. Su alcaldesa reclama una «prevención real» y medidas más contundentes para evitar que toda la responsabilidad recaiga sobre los ayuntamientos rurales, que, según denuncia, carecen de recursos suficientes para abordar por sí solos la gestión preventiva del monte.

Una huella difícil de borrar

En algunos municipios, las consecuencias de los incendios fueron todavía más allá de la pérdida de masa forestal. En Vilamartín de Valdeorras, su alcaldesa, Sherezade Núñez, habla de «daños cuantiosos» y «destrozos bastante significativos». «Vamos a tardar muchos años en volver a recuperar la normalidad», asegura. El municipio sufrió la pérdida del 100 % de su masa forestal y, posteriormente, algunas de las zonas afectadas por los incendios sufrieron también el impacto de las inundaciones. La falta de abastecimiento de agua potable y la reconstrucción de infraestructuras continúan siendo algunos de los principales retos.

En Maceda, además, algunos ganaderos afectados todavía esperan ayudas para poder poner sus propiedades en condiciones. Su alcaldesa reclama una respuesta más rápida para quienes sufrieron directamente las consecuencias de los incendios.

La recuperación del territorio se ha convertido ahora en uno de los grandes desafíos para los municipios afectados. En Larouco, su alcaldesa considera que los incendios deben servir también para replantear la relación con el monte y combatir el abandono del rural. «Se puede trabajar y vivir del rural. Quizás por ahí es por donde tenemos que tirar», sostiene.

Un año después de aquel agosto negro, Orense empieza lentamente a recuperar el color. Pero entre los montes quemados, las infraestructuras pendientes y el recuerdo de las llamas, permanece una certeza compartida por quienes vivieron aquellos días: la recuperación será larga y el miedo a que la historia vuelva a repetirse todavía no ha desaparecido.

Más medios para prevenir incendios

La Xunta asegura que, después de la campaña de incendios del pasado agosto, realizó un «análisis profundo» para reforzar el dispositivo gallego y adaptarlo a incendios de mayor tamaño, comportamiento más imprevisible y con mayor capacidad para poner en riesgo a los núcleos de población.

Entre las novedades incorporadas figura la aplicación móvil ALume, destinada a alertar de posibles incendios forestales, además de sistemas internos que emplean inteligencia artificial para identificar automáticamente fuegos y una ampliación de la red de cámaras de vigilancia.

Actualmente, el dispositivo cuenta con 241 cámaras y tres drones de vigilancia de última generación. También se han incorporado 42 nuevas brigadas, cuatro aeronaves y 16 nuevos bulldózers, que se suman a los medios de maquinaria pesada ya disponibles.

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