El pueblo de Galicia que recuerda a su Virgen tras 21 años lejos del marXunta de Galicia

El pueblo gallego que recupera a su Virgen tras 21 años alejada del mar: su himno se canta en toda Galicia

La imagen acaba de regresar a su emplazamiento original después de más de dos décadas de ausencia

Hay fiestas que se esperan durante todo el año. No solo porque llenan las calles de música y celebración, sino porque forman parte de la identidad de todo un pueblo. En este rincón de Galicia, la cuenta atrás ya ha comenzado. Este viernes, 11 de septiembre, sus vecinos volverán a rendir homenaje a una Virgen muy especial, conocida cariñosamente como A Moreniña. Una imagen profundamente ligada al mar y a la historia de esta localidad gallega.

Este año, además, la celebración tendrá un significado especial. La protagonista regresa a casa. Después de 21 años alejada del lugar para el que fue concebida, la Virgen ha vuelto a ocupar su pedestal frente al mar. Su regreso se produjo ante cientos de vecinos, entre embarcaciones tradicionales, traineras, bateeiros y música. Y hubo un momento especialmente simbólico: cuando la lona que cubría la escultura cayó, comenzaron a sonar los acordes de la Rianxeira.

A Moreniña vuelve a mirar al mar

La historia de la Virgen de Guadalupe se remonta a hace casi un siglo. En 1929, el cirujano Ángel Baltar Cortés encargó al escultor cambadés Francisco Asorey una imagen de la Guadalupe para colocarla frente al mar.

Asorey, considerado uno de los grandes escultores gallegos del siglo XX, no creó una Virgen genérica, sino una obra pensada específicamente para el lugar que iba a ocupar y para quienes la contemplarían tanto desde tierra como desde el mar. La esculpió en granito y, en 1932, la pieza quedó instalada en la playa de Tanxil. Con sus 3,20 metros de altura y alrededor de tres toneladas de peso, la imagen pasó desde entonces a formar parte inseparable del paisaje de este arenal.

La Virgen de Guadalupe antes de ser restauradaCedida por Ayuntamiento de Rianxo

La Virgen aparece sobre el acantilado, con el rostro orientado hacia el mar y un manto que parece moverse con el viento. En él se integraron además fragmentos de cerámica vidriada que juegan con la luz. Carmen Asorey, nieta del escultor, explicó durante el acto de regreso que su abuelo estudiaba cuidadosamente qué debía representar cada obra. Por eso, señaló, creó para este lugar «una Virgen marinera». Una definición que resume la relación entre la escultura y el municipio: «Esta Guadalupe es el faro de Rianxo».

Durante décadas, la imagen formó parte inseparable del paisaje y de la vida cotidiana de los vecinos. Estaba allí, frente al mar, como una presencia habitual que terminó convirtiéndose en parte de la identidad del municipio. Hasta que, en 2005, dejó de ocupar su pedestal.

Una ausencia de más de dos décadas

En 2005, los dueños de la escultura decidieron retirarla ante el peligro provocado por los desprendimientos del terreno. La intención inicial era que fuese una medida temporal para protegerla y proceder posteriormente a su restauración. La Virgen no regresó a Tanxil. Tampoco llegó aquella restauración anunciada. Aunque posteriormente se realizaron trabajos para asegurar el terreno, la imagen continuó lejos de su pedestal y el espacio que había ocupado durante décadas quedó vacío.

Para los vecinos, aquello significó perder una parte del paisaje con el que habían crecido. El regreso comenzó a desbloquearse años después, cuando surgió una oportunidad vinculada a la propiedad de unos terrenos y se alcanzó un acuerdo que permitió avanzar en la recuperación de la pieza para el municipio. Resuelto ese primer obstáculo, todavía quedaba devolver a la Virgen el esplendor que había perdido con el paso del tiempo.

La restauración fue realizada por Gonzalo Buceta Bruneti, especialista en conservación y restauración de bienes culturales. Los trabajos tuvieron un coste de 17.300 euros, financiados por la Xunta, y permitieron que la escultura recuperase buena parte de su aspecto después de décadas expuesta a las condiciones del entorno. Así, 21 años después de su retirada, la Virgen regresó al lugar para el que Asorey la había imaginado.

El conselleiro de Cultura, Lengua y Juventud, José López Campos, destacó precisamente esa relación entre la obra y su emplazamiento. «Todas las obras de arte son concebidas para un espacio» y esta Virgen fue creada para estar «aquí, en Tanxil, para recibir a los marineros, para estar al lado de la gente del mar y de sus vecinos», señaló. También quiso poner en valor la colaboración de las familias que hicieron posible recuperar la pieza y la actuación de las administraciones para devolverla a su lugar.

La banda sonora de toda Galicia

Y fue entonces cuando el pueblo le cantó. Cuando la escultura volvió a quedar descubierta frente al mar, los acordes de la Rianxeira acompañaron el reencuentro. No podía haber una banda sonora más apropiada.

Y es que hay canciones que dejan de pertenecer a quienes las compusieron para convertirse en patrimonio sentimental de un pueblo.

Y la Rianxeira es una de ellas. Nacida al calor de la emigración gallega, con el paso de las décadas trascendió su origen hasta convertirse en uno de los grandes símbolos musicales de Galicia. Se canta en fiestas, celebraciones, reuniones familiares y acontecimientos deportivos. Para muchos gallegos funciona como un auténtico himno popular.

Porque hay imágenes que terminan formando parte de un monumento, canciones que se convierten en parte de la memoria de un pueblo y pueblos que, con el paso del tiempo, acaban formando parte de una canción.