Se cumplen 50 años del hallazgo del pescador gallego

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Así fue descubierto el Casco de Leiro: una joya de oro que permaneció enterrada 3.000 años en una playa gallega

Una pieza que despierta asombro, tanto por su estado de conservación como por el misterio que aún envuelve su origen y su función

A veces, los grandes descubrimientos no surgen en excavaciones planificadas ni en laboratorios, sino por puro azar, en el lugar y el momento más inesperados. La historia del casco de Leiro es un ejemplo de los segundos; un gesto cotidiano, un golpe de pala y una vasija que se rompe acabaron convirtiéndose en uno de los descubrimientos arqueológicos más sorprendentes de Galicia.

Aquel instante, casi casual, abrió una ventana directa a la Edad del Bronce y permitió recuperar una pieza que hoy sigue despertando asombro, tanto por su estado de conservación como por el misterio que aún envuelve su origen y su función.

El día del descubrimiento casual

Bajo la arena de la costa atlántica gallega, oculto durante más de tres mil años, un objeto de oro que aguardaba a ser descubierto. Hasta entonces, había permanecido ajeno al paso del tiempo y a las mareas.

El 7 de abril de 1976, en la parroquia de Leiro, en el municipio coruñés de Rianxo, el pescador José Vicente Somoza trabajaba en su finca junto al mar. Su intención era sencilla: levantar un pequeño cobertizo para guardar su barca.

Pero el destino tenía otros planes preparados para él. Al excavar, su herramienta golpeó una vasija de barro que se fragmentó al instante. Dentro, algo brilló. Aquel destello marcó el inicio de uno de los hallazgos más enigmáticos de la Edad del Bronce en Europa.

En un primer momento, Somoza pensó que aquel objeto dorado podía ser de hierro. Sin embargo, pronto comprendió que lo que tenía entre manos era una pieza de oro. Durante varios días lo guardó en su casa, dudando sobre qué hacer. La tentación de fundirlo o venderlo estaba ahí, pero finalmente, aconsejado por el párroco local, optó por entregarlo a la Guardia Civil. Posteriormente, la pieza fue trasladada al museo coruñés del Castillo de San Antón, donde aún se conserva.

Pero, ¿Qué tipo de objeto es?

Aunque pasó a la historia como el casco de Leiro, lo cierto es que los expertos coinciden en que no fue diseñado para la guerra. Su estructura, elaborada a partir de una sola lámina de oro martillado, es demasiado fina y frágil para resistir cualquier impacto.

La pieza tiene forma semiesférica, mide unos 19,5 centímetros de diámetro y 15 de altura, y presenta un pequeño apéndice cónico en la parte superior. Su superficie está decorada con bandas de círculos concéntricos y relieves, lo que apunta a un trabajo técnico de gran complejidad.

El casco de Leiro comparte características con otros hallazgos europeos de la Edad del Bronce. Su decoración recuerda a los conos dorados de Alemania, las coronas irlandesas o los cuencos rituales encontrados en la península ibérica.

El hecho de que el objeto fuese enterrado dentro de una vasija refuerza la idea de un acto intencionado. No parece un simple escondite, sino más bien una ofrenda.

El lugar del hallazgo, conocido como Curruncho dos Porcos, no es casual. Se sitúa en un punto estratégico entre la ría de Arosa y el río Ulla, una vía natural de comunicación. Y todo apunta a que era un espacio de gran relevancia, ya que en la zona se han encontrado otros restos prehistóricos como armas, petroglifos, necrópolis…

Casi medio siglo después de su descubrimiento, el casco de Leiro continúa sin ofrecer respuestas definitivas, pero ya forma parte de la historia de la comunidad gallega.

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