La catedrática Dolores Vilavedra toma posesión de su cargo como presidenta del CGG
El nacionalismo consuma su asalto a la cultura gallega tras la toma de posesión de Dolores Vilavedra
La nueva presidenta del Consejo de la Cultura Gallega (CCG) escenificó el relevo en un acto institucional este viernes, abriendo una etapa marcada por el giro ideológico
Dolores Vilavedra ha tomado posesión este viernes como nueva presidenta del Consejo de la Cultura Gallega (CCG), en un acto institucional que escenifica y consuma el asalto del nacionalismo a las principales instituciones culturales de la comunidad.
La catedrática asume las riendas de un organismo clave y abre una controvertida etapa de concentración de poder. Su marido, Henrique Monteagudo, preside la Real Academia Gallega (RAG) desde 2025 y fue miembro de la promotora que impulsó Sumar en Galicia. Con este doble control familiar, el nacionalismo afianza su hegemonía sobre la influencia cultural y simbólica en la comunidad.
El salón de actos del CCG en Santiago sirvió de escenario para escenificar este relevo de poder, arropado por una nutrida representación del tejido cultural, académico y de las fuerzas políticas de la izquierda gallega. Se encontraba también el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda; el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices; y el consejero de Cultura, Lengua y Juventud, José López Campos, entre otros.
Durante su intervención de investidura, la nueva presidenta del organismo quiso marcar distancias con las voces críticas. «Queremos que el Consejo sea una caja de resonancia de las grandes voces de la cultura contemporánea gallegas y no gallegas. Será una prioridad de este equipo hacer visible el compromiso de esta institución con la sabiduría, la capacidad de análisis y reflexión con el espíritu crítico y con el valor del conocimiento científico», afirmó Dolores Vilavedra en la toma de posesión del cargo.
Además, Dolores Vilavedra aseguró que inicia esta etapa «con la ilusión de quien emprende una aventura, un viaje cuya meta es una Galicia en la que se den las mejores condiciones para el desarrollo de unas prácticas culturales independientes y plurales que refuercen la democracia, que combatan las desigualdades y que nos ayuden a pensar nuevas fórmulas de vida que nos hagan más libres y felices para enfrentarnos con éxito a los desafíos presentes y futuros».
Sin embargo, la apelación a unas prácticas «independientes y plurales» contrasta frontalmente con la alargada sombra de control familiar y de partido que planea sobre su designación como presidenta.
La nueva presidenta también reconoció la importancia social de convertirse en la segunda mujer en presidir la institución, un hecho que definió como «la constatación irreversible de un cambio social» que muestra a la sociedad gallega como «una sociedad más justa, más diversa» y al CCG como «una institución firmemente comprometida con estos valores».