Centro Gallego de Arte Contemporánea (CGAC)
El asalto nacionalista a la cultura gallega: el CGAC como botín ideológico de la izquierda
Las críticas al nombramiento libre de la Xunta destapan el malestar de los sectores que ya controlan la RAG y el Consejo de la Cultura
Las quejas de la izquierda por el nombramiento de Eva López Tarrío como directora del Centro Gallego de Arte Contemporánea (CGAC) no son baladíes. Detrás del manido discurso de la transparencia y la defensa de los concursos públicos, se esconde el malestar de un sector nacionalista que ve frustrado su intento por colonizar todas las instituciones de Galicia. Ya lo han conseguido con el Consejo de la Cultura Gallega (CCG), cuya presidencia ostenta Dolores Vilavedra, casada con Henrique Monteagudo, quien está al frente de la Real Academia Gallega (RAG) desde 2025 y fue miembro de la promotora que puso en marcha Sumar en Galicia.
Por esta razón, da igual que Eva López Tarrío cuente con un largo currículum y una acreditada solvencia en el mundo del arte. No es válida porque no comulga con sus dogmas, y de ahí que el PSOE, el BNG y Sumar se apresurasen a descalificar la reciente elección de nombramiento libre efectuada por la Xunta e incluso pidiesen revertir la designación.
Desde la Consejería de Cultura, Lengua y Juventud así lo piensan: «No se trata de un debate técnico, sino de un episodio que se inscribe en un contexto más amplio de disputa por la influencia cultural y simbólica en Galicia». Lo que buscan es «ejercer un papel relevante en la definición de las políticas culturales y de las instituciones públicas».
El conflicto pone de manifiesto la «existencia de redes profesionales, grupos de influencia y espacios de poder vinculados al sistema del arte contemporáneo, tanto en Galicia como en el conjunto de España».
Esta misma estrategia es la que la oposición traslada a las políticas lingüísticas. El «pacto por la lengua» ofrecido por la Xunta ha sido recibido con el boicot inmediato de las plataformas satélites de la izquierda, que tachan de insuficientes las medidas. Esta confrontación política y cultural «contribuye a crear un clima en el que cualquier decisión institucional relevante tiende a ser interpretada desde claves partidarias o ideológicas».
Libre designación
Como pretexto de sus quejas al nombramiento de Eva López Tarrío critican la designación libre de la Xunta, amparándose en la idea de que «los concursos públicos constituyen el único mecanismo legítimo para la selección de direcciones de museos y centros de arte». Esto supone «transparencia y concurrencia», pero no es sinónimo ni «una garantía automática de buena gestión ni de éxito institucional». Como ejemplo, algunas de las dificultades detectadas en los últimos años en la CGAC.
Asimismo, recalcan que la libre designación «no debe entenderse como un mecanismo arbitrario ni como una excepción al principio de mérito; se trata de una fórmula prevista legalmente para la cobertura de puestos de especial responsabilidad». Defienden que las administraciones públicas utilizan habitualmente este sistema para seleccionar responsables de organismos, lo que «permite una mayor coherencia entre los proyectos impulsados por la institución titular y la acción de la dirección ejecutiva del centro».
El verdadero desafío
Más allá de la polémica impuesta por la izquierda, el «verdadero desafío consiste en definir qué papel debe desempeñar el CGAC en la próxima década», enfrentando retos como «la ampliación de públicos, la internacionalización, la innovación digital, la colaboración con el tejido artístico gallego y la consolidación del museo como espacio de investigación, creación y pensamiento contemporáneo». El éxito dependerá de «construir un proyecto cultural sólido, ambicioso y conectado con la sociedad», reforzando «una de las instituciones culturales más importantes de Galicia».