Eva López Tarrío, directora del Centro Gallego de Arte Contemporánea (CGAC)
La izquierda carga contra la Xunta por la elección de la directora del CGAG, alejada de su ideología
BNG, PSOE y Sumar desprecian el currículum de Eva López Tarrío y piden que se revierta el nombramiento
El nombramiento de Eva López Tarrío al frente del Centro Gallego de Arte Contemporánea (CGAC) ha vuelto a activar el habitual veto ideológico de la izquierda. PSOE, BNG y Sumar se han apresurado a descalificar a la elección de nombramiento libre de la Xunta por el simple hecho de no comulgar con sus dogmas.
En su afán por criticar al Gobierno gallego, la izquierda y algunos sectores culturales no han dudado en despreciar públicamente la designación y el currículum de López Tarrío. El BNG y el PSOE han catalogado su perfil de «insuficiente para dirigir la principal institución gallega de arte», echando por tierra a esta funcionaria de carrera con un doctorado en Bellas Artes con licenciatura en la Universidad de Salamanca o sus años como catedrática de dibujo.
Exigen revertir el nombramiento para estudiar al resto de candidatos que se presentaron y «abrir el procedimiento a figuras de la comunidad artística e intelectual», como así pidió la portavoz de Cultura del Grupo Socialista, Silvia Longueira.
Frente a esto, el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, defendió esta misma semana la elección de Eva López Tarrío como nueva directora del CGAC, argumentando que, frente a «un sector» de la cultura que la critica, «otros están de acuerdo». «También gente de la cultura me hizo llegar que era una magnífica profesional y que la designación había sido un acierto», dijo.
Un matrimonio nacionalista al frente de las dos mayores instituciones culturales
La izquierda acusa a la Xunta de aplicar un «dedazo» por utilizar una plaza de libre designación para funcionarios mientras que olvida convenientemente sus criterios cuando les interesa.
No rechistaron a la designación de Dolores Vilavedra como presidenta del Consejo de la Cultura Gallega (CCG). Tampoco que un matrimonio nacionalista controle las dos mayores instituciones culturales de Galicia, puesto que su marido, Henrique Monteagudo, está al frente de la Real Academia Gallega (RAG) desde 2025.
Se trata del mismo que fue miembro de la promotora que puso en marcha Sumar en Galicia y fijó como una de sus prioridades que se llegase a un nuevo pacto que impulsase el gallego entre los jóvenes. «Nuestra gran preocupación es la situación del idioma, la Academia es una institución con pocos recursos materiales pero tenemos ideas y conocimiento y desde ese capital estamos reclamando medidas en defensa del gallego y proponiendo nuevas maneras de abordar el problema», dijo tras su nombramiento.
Hasta la propia Dolores Vilavedra, preguntada por la nueva dirección del CGAC, ya advirtió tras su designación esta semana de la «preocupación solida, profunda y radical» con «la cuestión de la gobernanza de las instituciones culturales».