El pueblo de Galicia que National Geographic recomienda visitar este septiembre
El pueblo de Galicia que ‘National Geographic’ recomienda visitar este septiembre: tiene unas piedras con leyenda
La publicación destaca su paisaje costero y la relación que existe entre sus formaciones rocosas, la tradición religiosa y una de las grandes romerías de la comunidad gallega
Septiembre puede ser uno de los mejores momentos del año para descubrir algunos de los rincones más singulares de Galicia. Las temperaturas siguen permitiendo disfrutar de la costa, pero el verano comienza a despedirse y muchos de los destinos que durante julio y agosto reciben a miles de visitantes recuperan parte de su tranquilidad. Hay, además, lugares que precisamente durante este mes viven uno de sus momentos más importantes del calendario.
Es el caso de un pequeño rincón de la Costa de la Muerte en el que National Geographic ha puesto el foco y lo ha escogido como su recomendación para viajar durante septiembre. La publicación destaca su particular paisaje costero y, sobre todo, la relación que existe entre sus formaciones rocosas, la tradición religiosa y una de las grandes romerías de Galicia.
Pueblo que mira al mar
El lugar al que se refiere National Geographic es Muxía, uno de los grandes destinos de la Costa de la Muerte. La localidad se encuentra en una península rodeada por el océano y protegida por el Monte Corpiño, una ubicación que permite contemplar desde las alturas un paisaje dominado por el mar.
La propia revista define este enclave como un lugar «refugiado a los pies del monte», como si el pueblo buscara protección frente a «esas olas y ese viento impetuosos que lo rodean».
Para descubrir esa particular posición resulta recomendable subir al este monte desde donde se obtiene una panorámica de Muxía y de su costa, con el Atlántico extendiéndose frente al núcleo urbano.
El descenso conduce hacia Punta de la Barca, uno de los lugares más emblemáticos del municipio. El camino puede hacerse por la Rúa da Virxe Barca,(Calle de la Virgen de la Barca) un recorrido estrechamente relacionado con los peregrinos que llegan hasta este extremo de Galicia.
En el trayecto aparecen algunos de los elementos que forman parte de la identidad del lugar, como la Fuente de la Piel, el Mirador Jesús Quintanal y la Piedra de los Enamorados.
Pero es al acercarse al santuario cuando comienza la parte más singular de la visita.
Las piedras de la leyenda
El Santuario de la Virgen de la Barca se encuentra en Punta de la Barca, prácticamente a los pies del Atlántico. El templo y las enormes rocas que lo rodean forman uno de los paisajes más reconocibles de la Costa de la Muerte.
La tradición cuenta que la Virgen María llegó hasta este lugar en una barca de piedra para animar al apóstol Santiago durante su predicación. Según esta antigua leyenda, las formaciones graníticas que rodean el santuario serían los restos de aquella embarcación.
La Piedra de Abalar es probablemente la más conocida. Durante siglos se ha relacionado con diferentes creencias y rituales. La tradición aseguraba que la piedra podía moverse y emitir un sonido, hasta el punto de que su comportamiento se utilizaba para determinar la inocencia de quien se situaba sobre ella.
Junto a ella está la Piedra dos Cadrís, asociada a propiedades curativas por la tradición popular. También aparece la Piedra do Temón, identificada simbólicamente con el timón de la embarcación de la Virgen.
Son formaciones de granito que explican por qué este rincón de Galicia ha conservado durante tanto tiempo una relación tan estrecha entre paisaje y creencia.
No es casualidad que National Geographic se refiera a este territorio como un lugar en el que se materializa la particular relación de Galicia con sus paisajes. La publicación recupera incluso la visión del escritor Álvaro Cunqueiro, para quien el paisaje gallego no era simplemente un decorado, sino algo que podía entenderse como «un ente vivo».
La cicatriz del Prestige
El paisaje de Punta de la Barca también guarda memoria de una tragedia mucho más reciente. Muy cerca del santuario se encuentra A Ferida, (La Herida) un enorme monolito de granito de unas 400 toneladas atravesado por una grieta. La escultura recuerda la catástrofe del Prestige, el petrolero que se hundió frente a las costas gallegas en 2002 y provocó uno de los mayores desastres medioambientales sufridos por Galicia.
La piedra partida se ha convertido en uno de los símbolos de aquella tragedia y de la respuesta de la sociedad gallega ante la llegada del chapapote a las costas.
Es otro ejemplo de cómo Muxía ha convertido sus propias piedras en parte de su memoria.
Un faro y una romería
Junto al santuario también se encuentra el faro de Muxía. No destaca tanto por sus dimensiones o por su arquitectura como por el paisaje que lo rodea. Especialmente al atardecer, la posición del faro permite contemplar el oleaje y la inmensidad del Atlántico.
La propia National Geographic reconoce que «no es el faro más bello del mundo», pero considera que su ubicación es «un buen argumento para visitarlo».
Pero si hay un motivo especialmente importante para visitar Muxía durante este mes, ese es La Romería de la Virgen de la Barca, que se celebra alrededor del segundo domingo de septiembre y está reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional.
National Geographic la define como el «escenario de una de las romerías más importantes y vistosas» de Galicia. La celebración combina la tradición religiosa con el ambiente propio de las grandes fiestas gallegas. Las misas, procesiones y promesas de los peregrinos conviven con el pulpo á feira, los vermús, los pasacalles y las verbenas.
El momento central llega el domingo, durante el Día Grande, cuando la imagen de la Virgen baja en procesión hacia el puerto. La jornada está acompañada por la tradicional traca de bombas, que la publicación describe como «la mayor de toda Galicia».
La dimensión de la celebración explica hasta qué punto septiembre es diferente en Muxía. Según la prestigiosa publicación, la romería puede reunir a más de 50.000 personas, una cifra que multiplica varias veces la población habitual de la localidad.
El final de peregrinación
Muxía forma además parte de esa prolongación del Camino de Santiago que lleva a los peregrinos hacia la Costa de la Muerte. Para muchos, llegar hasta este punto supone poner un punto final simbólico al viaje.
Frente al santuario se abre el Atlántico y el paisaje transmite esa sensación de encontrarse ante el límite de la tierra firme. No resulta extraño que algunos peregrinos continúen hasta aquí después de llegar a Compostela para contemplar el océano y despedirse del Camino.
Por eso septiembre ofrece una oportunidad especialmente singular para conocer Muxía. Mientras Galicia encara la recta final del verano, este pueblo se prepara para vivir sus días más multitudinarios.
Y entre el ruido de la romería, el viento y el Atlántico queda la imagen que probablemente mejor explica por qué National Geographic ha elegido este lugar: un santuario frente a un océano abierto, rodeado de piedras que durante siglos han formado parte de las leyendas de Galicia.