Galicia también tiene un 'Gran Cañón'

Galicia también tiene un 'Gran Cañón'Turismo Ribeira Sacra

Galicia también presume de ‘Gran Cañón’: paredes de casi 500 metros, viñedos imposibles y un río navegable

Un lugar que merece la pena contemplar tanto desde las alturas como desde el propio cauce del río

Galicia tiene la capacidad de concentrar en pocos kilómetros paisajes que parecen pertenecer a lugares muy distintos del mundo. Bosques, acantilados, playas, montañas, cascadas y valles excavados durante miles de años por el agua forman parte de un territorio en el que la naturaleza sigue siendo uno de sus grandes reclamos. Y entre todos esos escenarios hay uno que sorprende especialmente por sus dimensiones y por la singularidad de su paisaje.

En el interior de la comunidad gallega, lejos de los grandes arenales y de los destinos más conocidos de la costa, se encuentra un paisaje marcado por enormes paredes de roca y un río que se abre paso entre las montañas. Un lugar que merece la pena contemplar tanto desde las alturas como desde el propio cauce del río.

Este el 'Gran Cañón' gallego

En el interior de Galicia, lejos de la imagen más conocida de la costa atlántica, el río Sil se abre paso entre enormes paredes de roca y laderas cubiertas de vegetación y viñedos. Es el Cañón del Sil, uno de los grandes paisajes naturales de la Ribeira Sacra y un lugar en el que el río, la montaña, la viticultura y el patrimonio religioso se encuentran en apenas unas decenas de kilómetros.

La garganta se extiende durante aproximadamente 35 kilómetros y en algunos puntos las paredes alcanzan cerca de 500 metros de desnivel sobre el cauce. Una dimensión que puede resultar difícil de apreciar desde tierra, pero que adquiere otra escala cuando el visitante se adentra en el cañón por el propio río. En su tramo final, antes de encontrarse con el Miño en Os Peares, el río queda encajado entre las montañas y dibuja un recorrido lleno de curvas y meandros.

La orografía es tan abrupta que las laderas parecen caer prácticamente en vertical hacia el agua en algunos sectores. Desde los puntos elevados, el Sil aparece muy abajo, rodeado por bosques y paredes rocosas. La perspectiva cambia por completo cuando se observa desde el agua: entonces son las montañas las que parecen crecer a ambos lados de la embarcación.

Por eso, una de las mejores maneras de descubrir este espacio es mediante los catamaranes y cruceros fluviales que recorren diferentes tramos del cañón.

Viñedos, monasterios y miradores

Si hay una imagen que probablemente define mejor que ninguna otra al Cañón del Sil son las terrazas de viñedos. La pronunciada pendiente de las laderas ha condicionado durante siglos la forma de cultivar la vid y obligó a construir bancales y muros para ganar pequeñas superficies de cultivo. Estos terrenos, conocidos como socalcos, permiten aprovechar unas laderas en las que la agricultura sería prácticamente imposible sin este sistema.

Desde el río, estos viñedos parecen subir por las paredes del cañón. Las cepas se distribuyen en pequeñas terrazas y forman un paisaje agrícola completamente integrado en la montaña. Y es por esto, por lo que, por estas condiciones de trabajo se hable de viticultura heroica. Y es que las pendientes son muy pronunciadas.

La historia del Cañón del Sil tampoco puede entenderse sin sus laderas ya que fueron, durante siglos, el lugar elegido por comunidades religiosas que buscaban aislamiento y tranquilidad. La presencia de monasterios es una de las grandes particularidades de la Ribeira Sacra. Entre ellos destacan Santo Estevo de Ribas de Sil y Santa Cristina de Ribas de Sil, dos conjuntos que permiten descubrir la dimensión histórica de este territorio.

Y ya por último y, aunque navegar por el río permite descubrir el cañón desde dentro, también existen numerosos lugares desde los que contemplarlo desde las alturas. Uno de los más conocidos es el Balcón de Madrid, situado en el entorno de Parada de Sil. Desde este punto elevado puede observarse una amplia panorámica del valle y de las laderas que se precipitan hacia el río. Otros miradores, como los de Vilouxe o Caxide, ofrecen perspectivas diferentes del cañón.

Todo ello convierte al Cañón del Sil en algo más que un paisaje para contemplar. Es un lugar que demuestra que no hace falta salir de España para encontrar escenarios capaces de sorprender.

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