Una fiesta gallega entre las diez mejores de España
Esta es la fiesta gallega que se cuela entre las diez mejores de España
Comparte listado con el descenso del Sella y La Tomatina de Buñol
España tiene pocas cosas tan variadas como su calendario festivo. De norte a sur, cada territorio guarda celebraciones capaces de convertir durante unos días sus calles, plazas y paisajes en escenarios únicos. Hay fiestas marcadas por la gastronomía, otras por la música y el folclore, algunas que recuperan antiguas tradiciones y otras que directamente recrean episodios de la historia. Galicia no es una excepción y cuenta con un amplio catálogo de celebraciones que cada año atraen a miles de visitantes.
Entre ellas hay una que ha conseguido dar un paso más y hacerse un hueco en un listado nacional de las mejores fiestas populares de España. La celebración gallega ocupa el quinto puesto, por delante de otras fiestas con una enorme popularidad y proyección turística y comparte protagonismo con celebraciones tan conocidas como La Patum de Berga, la Batalla del Vino de Haro, el Descenso Internacional del Sella o La Tomatina de Buñol.
La festividad gallega entre las mejores
Se trata de la Romería Vikinga de Catoira, en Pontevedra, que ha entrado por primera vez en la clasificación elaborada por la plataforma Billionhands en colaboración con Ron Barceló. El principal atractivo de la Romería Vikinga se encuentra en una celebración que convierte la historia medieval de Catoira en una auténtica fiesta popular. El protagonista indiscutible es el Desembarco Vikingo, que tiene lugar cada primer domingo de agosto junto a las Torres del Oeste.
Durante la jornada, embarcaciones llegan por el río Ulla mientras sus ocupantes, caracterizados como vikingos, recrean los antiguos ataques que sufrió este enclave estratégico. La escena se ha convertido con el paso de los años en una de las imágenes más reconocibles de las fiestas gallegas. Pero el desembarco es solamente el acto central. La programación incorpora también desfiles, espectáculos, música, actividades culturales, un mercado medieval y gastronomía gallega, creando durante varios días una ambientación vinculada a la época medieval.
Precisamente esa combinación de recreación histórica y participación popular es uno de los elementos que explica la singularidad de la fiesta. No se trata únicamente de representar un episodio del pasado, sino de convertirlo en una celebración en la que los propios vecinos tienen un papel protagonista.
Además, el entorno de las Torres del Oeste proporciona un escenario difícil de replicar. El antiguo recinto defensivo, situado a orillas del Ulla, permite que la recreación histórica quede estrechamente ligada al patrimonio de Catoira y a su paisaje.
De una iniciativa vecinal a una fiesta internacional
La Romería Vikinga tiene además una historia relativamente reciente. Sus orígenes se remontan a 1960, cuando un grupo de vecinos e intelectuales vinculados al Ateneo do Ullán impulsó una representación destinada a recuperar y divulgar el pasado de las Torres del Oeste y la relación histórica de la comarca con las incursiones vikingas.
Aquella iniciativa fue creciendo con el paso de las décadas hasta convertirse en una de las celebraciones más conocidas de Galicia. En 1988 recibió la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional y, posteriormente, en 2002, alcanzó una categoría todavía mayor al ser reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional.
El salto al quinto puesto del ranking nacional supone ahora un nuevo impulso para una celebración que lleva décadas construyendo su identidad alrededor de la historia local. Y es que detrás de la imagen de los vikingos desembarcando en Catoira existe un episodio histórico relacionado con la defensa de las rutas fluviales hacia Santiago de Compostela.
La clasificación de Billionhands coloca así a una celebración gallega en un escaparate compartido con algunas de las fiestas populares más reconocidas del país. Más allá de la posición , el resultado pone de relieve la capacidad de determinadas celebraciones locales para convertirse en reclamos turísticos con proyección nacional.