Un pazo gallego
El motivo por el que más de trescientos pazos gallegos buscan comprador
El mercado inmobiliario ha encontrado en estos edificios un nuevo nicho de mercado
Capillas, escudos nobiliarios, grandes jardines, hórreos y construcciones de piedra forman parte de la imagen más reconocible de los pazos gallegos. Estas antiguas residencias señoriales, vinculadas durante siglos a familias, son una de las expresiones más características de su patrimonio arquitectónico.
Sin embargo, detrás de sus fachadas históricas hay una realidad que va más allá de la conservación y es que mantener una propiedad de estas dimensiones supone un importante desembolso y, cada vez con más frecuencia, sus propietarios optan por venderla. Los pazos gallegos se han convertido en un nuevo nicho dentro del mercado inmobiliario, con compradores que buscan desde una vivienda en el rural hasta una propiedad de lujo en la que desarrollar un negocio turístico.
El motivo por el que se ponen en venta
La arquitectura tradicional gallega y la historia asociada a estas propiedades están despertando el interés de compradores internacionales. En determinados mercados, una construcción de piedra con siglos de antigüedad, jardines y dependencias anexas ofrece unas características difíciles de encontrar en la vivienda convencional.
Susana Adkinson, responsable del departamento de Marketing del Grupo Country Homes, especializado en propiedades rurales de alto nivel, señala que aproximadamente el 85 % de los compradores de pazos de su cartera son internacionales.
«El 90 % de los casos contratan historiadores que les cuenten lo que ha pasado en esta propiedad, si es que no está ya hecho ese trabajo», explica Adkinson. La documentación histórica, los escudos y la vinculación del edificio con determinadas familias pueden convertirse así en elementos relevantes para quienes buscan una propiedad singular.
El aumento de la oferta no responde únicamente a la demanda de nuevos compradores. Detrás de muchas operaciones hay una cuestión práctica: conservar un pazo puede resultar complicado para una familia que ya no dispone de los recursos económicos o del tiempo necesarios para mantenerlo. Las sucesivas herencias también pueden dificultar la gestión de estos inmuebles, especialmente cuando la propiedad queda repartida entre varios familiares. A ello se suma el coste de las reparaciones y las exigencias que implica intervenir en un edificio protegido, donde las obras pueden estar sujetas a condiciones específicas de conservación.
Precios oscilan desde 200.000 euros hasta varios millones
Pero no todos los pazos se mueven en el mismo mercado. El precio depende de factores como su estado de conservación, la superficie construida, el tamaño de la finca, su ubicación y las posibilidades de aprovechamiento. Las diferencias son considerables entre una propiedad rural que necesita una rehabilitación importante y un edificio histórico restaurado que ya funciona como establecimiento turístico.
Elvira Fafián, responsable de la inmobiliaria Aldeas Abandonadas explica que el mercado se está moviendo y distingue entre los denominados pazos rurales y las propiedades de lujo. Su empresa mantiene entre 30 y 40 pazos en venta y sitúa los primeros, habitualmente en el interior y con varias edificaciones, en una horquilla de entre 200.000 y 400.000 euros.
Estas propiedades pueden interesar a familias que quieren establecerse en el campo o a compradores que buscan una oportunidad para emprender. La existencia de varias construcciones dentro de una misma finca permite plantear distintos usos, aunque cualquier proyecto debe tener en cuenta el estado del inmueble y las limitaciones derivadas de su protección patrimonial.
En el extremo más exclusivo se encuentran los pazos que alcanzan varios millones de euros. Algunos ya han sido rehabilitados y cuentan incluso con una actividad empresarial en marcha, como hoteles boutique o espacios dedicados a la celebración de bodas y otros acontecimientos. En estos casos, el comprador no adquiere únicamente una residencia histórica sino también un negocio vinculado al turismo y a los eventos.
Así, los pazos se encuentran en una encrucijada entre patrimonio y mercado inmobiliario. Para algunos propietarios, vender supone resolver una gestión familiar difícil de sostener; para otros, la compra representa la posibilidad de vivir en una construcción histórica o poner en marcha un proyecto empresarial. El resultado es una oferta cada vez más visible de edificios que, tras siglos ligados a una familia, buscan ahora nuevos dueños capaces de asumir tanto su atractivo como el coste de conservarlos.