Calle Ramón y Cajal, en el barrio de Cuatro Caminos de La Coruña
Cuatro Caminos, el barrio de La Coruña que se cotiza al alza entre narcopisos e inseguridad
Uno de los puntos más calientes es la calle Alcalde Marchesi, una vía recientemente peatonalizada que estaba llamada a ser el gran bulevar comercial y residencial de la zona, pero que hoy se ha transformado en el epicentro de los toxicómanos
Cuatro Caminos es uno de los barrios que más ha cambiado en las últimas décadas en La Coruña. Lo que hoy se percibe como una zona vibrante, comercial y céntrica fue, durante mucho tiempo, el gran motor obrero e industrial de lo que era considerado las afueras de la ciudad. Una frontera urbana moldeada por el trasiego de la Fábrica de Gas, la histórica Fábrica de Tabacos y el nacimiento de Estrella Galicia, que comenzó a inundar el barrio con su aroma a lúpulo en 1906.
El desmantelamiento progresivo de este tejido industrial y una ambiciosa regeneración urbana han dado paso en estos días a un barrio completamente renovado, moderno y con una altísima demanda residencial.
Cuatro Caminos es hoy el gran objeto de deseo del mercado inmobiliario coruñés, cuyos metros cuadrados se cotizan al alza, rivalizando sin complejos con el mismísimo Ensanche u otras zonas de la ciudad más emblemáticas como pueden ser los Cantones.
La paradoja de este barrio es que sus vecinos conviven con la droga. Puerta con puerta con las nuevas promociones de vivienda, los residentes de Cuatro Caminos se ven obligados a sortear la constante inseguridad que genera el trasiego de los narcopisos. Con portales convertidos en improvisados fumaderos, el trapicheo diario y la delincuencia se han instalado en la rutina de una zona que cotiza al alza en el mercado.
Yonkilandia
De hecho, este barrio es conocido ya entre muchos residentes y la Policía como 'yonkilandia', conformando varias 'rutas del crack'. Uno de los puntos más calientes es la calle Alcalde Marchesi, una vía recientemente peatonalizada que estaba llamada a ser el gran bulevar comercial y residencial de la zona, pero que hoy se ha transformado en el epicentro de los toxicómanos de la ciudad.
En varios edificios del barrio se han instalado narcopisos, como en el número 9-11 de la calle Ramón y Cajal, donde 80 familias conviven atemorizadas por un infierno cotidiano. En este gigante residencial de diez plantas, más de 200 vecinos sufren el trasiego incesante de toxicómanos que compran dosis y se pinchan en los propios rellanos y escaleras.