El histórico banquete gallego de 1856 que desafió las diferencias de claseWikipedia

Cuando los estudiantes sirvieron a los obreros: el banquete gallego de 1856 que desafió las clases sociales

Un gesto de fraternidad entre estudiantes y obreros convirtió un robledal de Santiago en escenario de uno de los episodios más simbólicos de la historia social gallega

Hay lugares que pasan desapercibidos para quienes los recorren sin conocer la historia que esconden. Espacios que, a simple vista, pueden parecer un rincón más, un espacio cotidiano por el que se pasa sin detenerse demasiado. Sin embargo, algunos esconden episodios singulares. Historias que, una vez descubiertas, cambian por completo la forma de mirar esos lugares.

En ocasiones, su importancia nace de un gesto aparentemente pequeño que termina convirtiéndose en un símbolo. Esto fue lo que ocurrió en un barrio de Santiago de Compostela hace 170 años.

Testigo centenario hoy reconocido

Un simple gesto convirtió en símbolo una carballeira (robledal) de Santiago de Compostela hace 170 años, cuando un grupo de estudiantes decidió sentarse a la mesa con obreros y artesanos en un acto de fraternidad que desafió las diferencias sociales de la época. Aquel encuentro pasó a la historia como el Banquete de Conxo. Y es que, en aquella época, las diferencias entre las clases sociales estaban muy marcadas y un gesto como este suponía toda una declaración de intenciones.

El 2 de marzo de 1856, un grupo de estudiantes universitarios de Santiago de Compostela organizó un banquete al que invitaron a obreros y artesanos. Lo extraordinario de la convocatoria no fue solamente que personas de distintos orígenes sociales compartiesen mesa, sino que los jóvenes universitarios se encargaron de servir la comida a los trabajadores, invirtiendo simbólicamente los papeles que imponía la sociedad de entonces.

La iniciativa pretendía reivindicar la igualdad y la fraternidad entre clases. Sin embargo, el acontecimiento no fue bien recibido por las autoridades. La celebración despertó recelos entre los sectores más conservadores y la carballeira estuvo vigilada por soldados.

Aquel encuentro terminó convirtiéndose en un símbolo de fraternidad y reivindicación social. Un banquete organizado alrededor de un gesto tan sencillo como servir a quienes ocupaban una posición social inferior acabó adquiriendo una dimensión política que trascendió la propia jornada. Y todo ello, bajo la mirada de un testigo centenario.

Reconocimientos al testigo centenario

Aquel banquete se celebró ante un testigo excepcional: un carballo de más de 250 años que acaba de ser incorporado al Catálogo de Árboles Singulares de Galicia.

Un ejemplar que ya crecía aquel 2 de marzo de 1856. Su incorporación al registro autonómico, publicada en el Diario Oficial de Galicia (DOG), reconoce precisamente sus valores históricos y culturales, además de su singularidad natural. La Xunta considera que proteger este árbol supone también conservar una parte de la memoria colectiva gallega.

Está considerado el ejemplar más veterano del Bosque del Banquete de Conxo. Su longevidad y sus características naturales se suman a su vinculación con un episodio fundamental de la historia compostelana. El ejemplar alcanza aproximadamente los 30 metros de altura y su tronco tiene cerca de cuatro metros de perímetro.

Su singularidad ya había obtenido reconocimiento más allá de Galicia. En 2021 fue elegido Árbol Español del Año 2022, con 22.974 votos, lo que le permitió representar a España en el certamen europeo de ese año.

Ahora, su incorporación al Catálogo de Árboles Singulares supone un nuevo reconocimiento cuya protección permite preservar no solo un elemento destacado del patrimonio natural, sino también el recuerdo de un acontecimiento que forma parte de la identidad histórica gallega.

El registro gallego suma ya 207 elementos, de los cuales 159 son ejemplares individuales y 48 formaciones arbóreas, pertenecientes a un total de 85 especies diferentes.

La historia del Bosque del Banquete de Conxo no termina en aquella celebración de 1856. El espacio atravesó después un largo periodo en el que permaneció cerrado al público, vinculado al recinto del antiguo manicomio de Conxo.

En 2018, después de los trabajos de acondicionamiento, el bosque volvió a abrir sus puertas para que los ciudadanos pudiesen recorrer sus senderos y disfrutar del entorno del río Sar. Hoy constituye un espacio verde en el que conviven árboles centenarios, caminos y elementos patrimoniales que recuerdan su pasado.