Uno de los jardines botánicos más antiguos de España
Uno de los jardines botánicos más antiguos de España está en Galicia: con más de 150 años y de 300 especies
Un paseo por este espacio permite descubrir un auténtico tesoro patrimonial sin salir del casco urbano
Galicia cuenta con un amplio patrimonio natural y paisajístico que se extiende por entornos rurales y urbanos. Bosques, ríos, parques y jardines, muchos de ellos con características singulares, conforman una red de espacios verdes de notable valor ambiental, histórico y cultural. Algunos de estos enclaves se han consolidado como referentes del paisaje gallego, como la Alameda de Santiago de Compostela, los jardines históricos de Castrelos, en Vigo, o el Parque del Pasatiempo, en Betanzos, un conjunto único en el que el diseño paisajístico se combina con elementos patrimoniales y culturales.s
A todos ellos se suma otro espacio menos conocido, pero de gran relevancia histórica, cultural y botánica. Se trata de un jardín que mantiene una estrecha vinculación con la historia y la literatura gallega.
Un jardín en el corazón de Galicia
Ubicado en el centro de la villa de Padrón (La Coruña), el Jardín Botánico Artístico constituye uno de los jardines botánicos más antiguos de España. Integrado plenamente en el casco urbano, este espacio permite acercarse a un patrimonio natural, histórico y cultural sin necesidad de salir de la ciudad, una realidad cada vez menos frecuente en las ciudades.
Este jardín, creado en el siglo XIX y documentado ya en 1869, ocupa aproximadamente una hectárea y conserva alrededor de 300 especies vegetales procedentes de distintos puntos del mundo. Su relevancia va más allá del ámbito botánico, ya que también posee un notable interés histórico y cultural, lo que motivó su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en el año 1946. Este reconocimiento lo sitúa entre los primeros jardines botánicos del país y lo equipara a otros grandes referentes históricos del paisajismo español.
A pesar de su relevancia, durante décadas, el recinto atravesó un progresivo deterioro, especialmente acusado en la segunda mitad del siglo XX. No fue hasta finales de los años ochenta cuando se impulsó una intervención integral que permitió recuperar el jardín, devolverle su valor original y consolidarlo de nuevo como un espacio verde de referencia en Galicia.
Así es este jardín con especies únicas
El nombre oficial de este espacio es Jardín Botánico-Artístico de Padrón, y su singularidad va mucho más allá de su antigüedad.
Entre sus ejemplares más destacados figuran varios incluidos en el catálogo gallego de árboles singulares como la palmera del Senegal, dos secuoyas rojas, el roble fastigiado, la corona de Cristo o el castaño de Indias. Árboles que no solo impresionan por su tamaño y longevidad, sino también por su valor ambiental y simbólico.
El diseño del jardín refleja la superposición de distintas épocas y estilos. La zona más antigua sigue un trazado de estilo francés, caracterizado por parterres geométricos cargados de simbolismo, mientras que las ampliaciones realizadas posteriormente adoptan un estilo inglés, con largas alineaciones de plátanos de sombra. Todo el conjunto está delimitado por una verja de inspiración jacobea, decorada con vieiras y cruces que recuerdan la estrecha vinculación de Padrón con el Camino de Santiago.
Además, entre sus senderos se encuentran esculturas que rinden homenaje a figuras destacadas de la historia gallega. Una de ellas está dedicada a Castelao y fue donada por el pueblo de Rianxo; otra recuerda al trovador medieval Macías El Enamorado, figura legendaria del siglo XIV; y la tercera honra al profesor Ernesto Gende, en reconocimiento a su labor pedagógica, financiada por sus propios alumnos.
El recorrido se completa con el Banco de los Enamorados, un sencillo monumento de bronce que rememora a las parejas que, a lo largo del tiempo, eligieron este jardín como lugar de encuentro y paseo.
En los últimos años, el jardín ha recibido nuevos reconocimientos, entre ellos la certificación Observer para espacios singulares, que acredita su elevado valor natural, su buen estado de conservación y su accesibilidad. Este sello refuerza su proyección como un destino de interés científico, cultural y turístico, consolidando su relevancia dentro del patrimonio gallego.