La villa gallega perfecta para una escapada y probar sus famosos dulces conventuales
El pueblo gallego perfecto para una escapada tiene un monasterio fundado por una reina
Un casco histórico de origen medieval, una repostería con siglos de tradición y una Navidad que transforma sus calles en un escenario de cuento son algunos de los atractivos de esta villa orensana
Hay localidades que reúnen todos los ingredientes para organizar una escapada: calles empedradas, edificios con siglos de historia, rincones junto al río y una gastronomía que merece la pena descubrir. En el interior de Galicia existe un pueblo que reúne todos estos atractivos y que, además, conserva una tradición repostera.
Sus famosos dulces de almendra, un conjunto monástico vinculado a la monarquía y los restos de su pasado medieval forman parte de una visita que gana todavía más atractivo durante las fiestas navideñas, cuando sus calles se llenan de escenarios de fantasía.
Una villa ligada a la historia de la monarquía
El lugar al que nos referimos es Allariz, en la provincia de Orense. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1971, esta localidad conserva un importante legado medieval y un entramado urbano en el que conviven antiguas construcciones religiosas, casas de piedra, plazas y calles empedradas.
Su historia está vinculada a la monarquía. Durante la Edad Media fue residencia de diferentes reyes, entre ellos Alfonso X el Sabio, y llegó a desempeñar un papel destacado en la vida política del reino.
Uno de los edificios que mejor representa ese pasado es el Real Monasterio de Santa Clara, cuya fundación fue impulsada en 1268 por la reina Violante de Aragón, esposa de Alfonso X. La intervención de la monarca permitió establecer en la villa una comunidad de clarisas que marcaría durante siglos la historia de Allariz. El conjunto actual presenta una arquitectura fundamentalmente barroca, fruto de las reconstrucciones realizadas a lo largo de su historia. Su iglesia y su claustro forman parte del patrimonio religioso más destacado de la localidad.
El monasterio conserva también importantes piezas artísticas, entre ellas la conocida Virgen Abrideira, una talla medieval de marfil que, al abrirse, muestra diferentes escenas religiosas. Se trata de una de las obras más singulares de su patrimonio sacro.
El dulce que identifica a la localidad
La visita a Allariz tiene otra parada obligatoria para los amantes de la gastronomía. Sus almendrados son uno de los productos más característicos de la villa y forman parte de su tradición repostera. Los orígenes de esta repostería los sitúan en el asentamiento de comunidades judías durante la Edad Media. Con el paso del tiempo, las recetas se conservaron y transmitieron, también gracias a las monjas del convento de Santa Clara, que enseñaron sus elaboraciones a mujeres de la localidad.
Los almendrados se preparan principalmente con almendra, azúcar y clara de huevo. Su textura y su intenso sabor los han convertido en uno de los dulces más reconocibles de la gastronomía orensana. Tradicionalmente se presentan sobre una pequeña base de oblea.
La tradición no termina ahí. La tarta real, los melindres, las roscas de cazo y las almendras de pico forman parte también de la repostería artesanal alaricana.
Estas elaboraciones se encuentran vinculadas a la marca Producto Artesano de Allariz, que identifica y promociona algunas de las especialidades tradicionales de la villa. Una buena oportunidad para conocerlas es acercarse a sus establecimientos y descubrir cómo se mantienen recetas.
Una villa con un pasado medieval
La importancia de esta localidad orensana durante la Edad Media queda reflejada en los restos de las antiguas estructuras defensivas que protegían la villa. Allariz contó con un castillo y un recinto amurallado que respondían a su relevancia estratégica y política.
También merece la pena detenerse en el puente de Vilanova, una construcción medieval sobre el río Arnoia que constituye uno de los elementos más representativos del patrimonio de la localidad. Los márgenes del río permiten contemplar antiguas construcciones vinculadas a la actividad artesanal e industrial que tuvo tanta importancia en la economía alaricana.
Otra posibilidad es acercarse al Parque Etnográfico del río Arnoia, donde se pueden conocer antiguos oficios y actividades tradicionales de la localidad. El conjunto incluye el Museo del Cuero, instalado en una antigua fábrica de curtidos, y el Museo del Tejido O Fiadeiro, que permiten acercarse a dos actividades que marcaron la historia económica de la villa.
Más allá de sus monumentos, Allariz invita a recorrer sin prisas sus calles de piedra, pequeñas plazas y antiguos edificios rehabilitados. Su recuperación urbanística fue reconocida con el Premio Europeo de Urbanismo.
Una Navidad de cuento
Allariz tiene otro atractivo que cada invierno consigue atraer a numerosos visitantes. Cuando se acercan las fiestas navideñas, la localidad transforma sus calles y plazas con una decoración muy particular que se ha convertido en uno de sus principales reclamos turísticos.
Lejos de limitarse a las tradicionales luces navideñas, su propuesta apuesta por pequeños escenarios temáticos, figuras y construcciones artesanales repartidas por distintos puntos del casco histórico. El resultado es un recorrido por mundos de fantasía, paisajes invernales y escenas propias de estas fechas.
Una iniciativa que destaca por el aprovechamiento de materiales y la implicación local en la elaboración de los decorados. La propuesta se completa habitualmente con actividades culturales, espectáculos, talleres infantiles y otras iniciativas municipales durante diciembre y los primeros días de enero.
Es uno de los motivos por los que esta localidad se ha consolidado como una de las opciones para disfrutar de una escapada navideña en Galicia. Además, recorrer los escenarios permite conocer el casco histórico desde otra perspectiva, especialmente al caer la tarde, cuando la iluminación adquiere protagonismo.