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El agua de Córdoba como sinónimo de garantía y salubridad

EMACSA realiza un exhaustivo proceso de eliminación de bacterias, metales pesados y microorganismos para garantizar la potabilidad de este recurso natural.

30 tomas diarias en diferentes puntos de la ciudad y en torno a 80 técnicos encargados de su potabilización y depuración, en una compañía en la que trabajan por y para el agua más de 200 personas. Estas son las cifras de EMACSA para alcanzar la máxima calidad del agua potable de Córdoba.

De hecho, puede presumir de ser uno de los recursos más controlados en la actualidad. Desde su recogida en el Embalse de Guadalmellato hasta la Estación de Tratamientos de aguas potables en Villa Azul, su recorrido es rápido, casi como su potabilización. Que puede estar lista para el consumo humano en una o dos horas. Se estima que el agua consumida por los cordobeses es recogida, tan solo, con dos días de antelación, a través de una tubería de 25 kilómetros de largo, las 24 horas del día, 365 días al año.

En su llegada a las instalaciones de EMACSA, se elimina todo lo que puede verse a simple vista y lo que no. Desde plaguicidas, enterococos, coliformes o metales pesados. Un minucioso proceso tanto químico, como biológico. El agua turbia se transforma en agua inerte y, a diferencia de otros abastecimientos, sin sabor a cloro, y con unas calidades avaladas y respaldadas por la legislación vigente, tanto nacional, como europea.

Matrícula de honor en concienciación

Frente a la escasez de lluvias se torna imprescindible alzar la voz respecto al consumo consciente del agua. El responsable de calidad de EMACSA, Rafael Marín, aboga por «usar este recurso escaso más con la cabeza que con la boca ». Y aprovecha para brindar « matrícula de honor a los cordobeses » por su concienciación al respecto y su gran respuesta ante periodos de sequía.

En cuanto al agua residual o gris, aquella que se recoge de los bajantes de las viviendas o de las fabricas cordobesas, sea cual sea su actividad, el objetivo es controlar su vertido. No permitir que lleguen al río aguas contaminantes o con materia orgánica. Para ello, EMACSA se encarga de recogerla y llevarla a la depuradora de La Golondrina, depurarla, tamizarla y filtrarla para que alcance el río de forma segura y salubre. Simulando el proceso de la naturaleza.

Nuevos proyectos

El ciclo del agua, tanto para el consumo humano como para su evacuación, supone no sólo una gran inversión económica, para contar con las últimas tecnologías o infraestructuras, sino un importante engranaje humano que intervenga, controle e inspeccione este recurso hídrico.

En su compromiso para con la ciudadanía y el medioambiente, EMACSA prevé la implantación de nuevos e importantes proyectos que permitan optimizar el uso del agua, así como su reutilización. Un plan que se puso en marcha de forma pionera en el Parque de la Asomadilla, donde se utiliza agua tratada y no potable para bañar sus flores y arboleda. Algo que no ocurre con los demás parques de la ciudad en los que se sigue operando con agua apta para el consumo. Un esfuerzo económico y estructural que permitirá hacer frente a los nuevos desafíos medioambientales.

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