Una persona sostiene un teléfono móvil .EP

Casi un 65% de los cordobeses que regresan esta semana de las vacaciones no han podido desconectar del trabajo

Los sindicatos advierten de un aumento de bajas médicas por estrés y piden que el derecho a la desconexión digital se refuerce en la ley

La vuelta al trabajo tras las vacaciones estivales ha puesto de relieve un problema cada vez más generalizado: la incapacidad de desconectar de las obligaciones profesionales. Según el último Estudio de Bienestar y Salud Laboral elaborado por Edenred, en España el 65% de los profesionales afirma seguir atendiendo llamadas o mensajes fuera de su jornada laboral, incluso durante periodos de descanso o vacaciones.En Córdoba, los sindicatos constatan que la situación es similar y denuncian que el impacto sobre la salud mental de los trabajadores es cada vez mayor.

El responsable de Acción Sindical de CCOO en Córdoba, Raúl Tirado, advierte de que «la desconexión digital se está convirtiendo en un problema en los últimos años para los trabajadores». A su juicio, la incorporación de las TIC en el ámbito laboral ha supuesto un avance en eficacia, pero también ha generado un efecto perverso: «las personas trabajadoras no pueden conciliar fuera de su jornada, se ven prácticamente ligadas a un teléfono o a un ordenador las 24 horas del día». Sectores como el comercio, la informática o el periodismo son los más expuestos, frente a otros como la construcción o el campo, donde el uso intensivo de dispositivos es menor.

El estudio refleja, además, que los jóvenes son quienes más dificultades encuentran para desconectar. El 71,4% de los millennials y el 66,7% de la Generación Z reconocen seguir conectados fuera del horario laboral, frente al 60,9% de la Generación X y el 61,9% de los baby boomers más jóvenes.

Este patrón coincide con lo que perciben los sindicatos en Córdoba: un aumento de consultas, especialmente en sectores altamente digitalizados. «Muchos trabajadores llegan incluso con bajas médicas por depresión, estrés o ansiedad de no poder compatibilizar el trabajo con su vida personal», subraya Tirado, que señala que en pequeñas empresas sin representación sindical resulta más difícil implantar protocolos de control horario.

La legislación, recuerda el dirigente de CCOO, establece de forma clara que la jornada de trabajo debe respetarse: «Fuera de tu jornada laboral no tienes por qué usar ni el teléfono ni el ordenador». Sin embargo, durante las vacaciones esta situación se agrava: «Se produce más todavía, porque al no cubrir las empresas las bajas de quienes están de vacaciones, se les sigue llamando y presionando para que trabajen desde casa», advierte.

Desde UGT Córdoba, su secretario de Salud Laboral, Jaime Sarmiento, sostiene que «el derecho a la desconexión digital es fundamental para proteger la salud física y mental de los trabajadores y trabajadoras». Reclama que se incluya expresamente en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y que se impulse la formación y sensibilización en las empresas para evitar riesgos de fatiga informática. Sarmiento alerta de que el incumplimiento de este derecho deriva en múltiples problemas: «patologías relacionadas con la salud mental, riesgos cardiovasculares y musculoesqueléticos, alteraciones del sueño, dificultades de conciliación y, en última instancia, menor rendimiento laboral».

«Siempre disponible»

El estudio de Edenred confirma que la cultura del «siempre disponible» está profundamente arraigada en España. El 13,4% de los encuestados reconoce atender de manera habitual comunicaciones laborales fuera de horario, mientras que un 51,3% lo hace de forma ocasional; solo un 35,2% logra desconectar completamente.

Aunque existen diferencias por sectores el problema se extiende a la mayoría de profesiones.

A nivel territorial, Madrid (68,75%), Galicia (67,93%), Comunidad Valenciana (67,38%) y Cataluña (67,09%) son las comunidades con mayor nivel de conexión fuera del horario laboral, frente al País Vasco (46,2%) y Castilla y León (41,4%), que lideran la desconexión.

Aunque el estudio no incluye cifras específicas de Córdoba, los sindicatos aseguran que la provincia refleja las tendencias nacionales y que las consultas por este motivo han aumentado de manera notable en los últimos años.

En este contexto, tanto CCOO como UGT coinciden en reclamar a las empresas cordobesas la implantación de protocolos claros, el respeto estricto a los tiempos de descanso y el desarrollo de acciones de sensibilización que permitan compatibilizar la digitalización con la protección de la salud. «La salud es cuestión de todos, y en primera instancia es obligación de los empresarios respetar los tiempos de descanso», concluye Sarmiento.

¿Qué es el derecho a la desconexión digital?

El derecho a la desconexión digital está reconocido en la legislación laboral española desde 2018, cuando se incorporó a la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de Derechos Digitales. Su finalidad es clara: garantizar que los trabajadores no tengan que atender llamadas, correos o mensajes relacionados con su empleo fuera del horario de trabajo.

Este principio busca salvaguardar los tiempos de descanso, la conciliación personal y familiar y la salud física y mental de las personas empleadas. Para ello, las empresas deben establecer políticas internas que limiten el uso de dispositivos electrónicos fuera de jornada y reforzar los mecanismos de control horario que eviten prolongaciones encubiertas.

En cuanto a la supervisión, no existe todavía un régimen sancionador específico vinculado exclusivamente a la desconexión digital. Sin embargo, la Inspección de Trabajo puede actuar si una empresa mantiene un contacto reiterado con sus empleados más allá de su horario. En casos de insistencia continuada -por ejemplo, llamadas o mensajes de forma repetida- la conducta puede llegar a calificarse como acoso laboral y derivar en sanciones por infracción grave.

Los sindicatos recuerdan que la inclusión de este derecho en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales permitiría reforzar la protección frente a riesgos psicosociales y evitar que el uso abusivo de la tecnología desemboque en estrés, ansiedad, fatiga informática o problemas de conciliación.