Voluntarios de Cruz Roja Española atienden a familiares del accidente de Adamuz (Córdoba)
La oscura noche de Córdoba en la que brilló la solidaridad
El accidente de Adamuz pone a prueba a unas administraciones que responden ante la tragedia
El fin de semana tocaba a su fin. Los pasajeros ferroviarios de las tardes de los domingos se pueden encuadrar en dos grupo: los que regresan tras un par de días de descanso y quienes vuelven a su casa para iniciar el lunes la semana laboral. Ambos eran los ocupantes casi mayoritarios del Alvia y del Iryo que cruzaron fatalmente sus destinos a las 19:45 en el término municipal de Adamuz.
En los primeros minutos se produjo la confusión propia de todo suceso. La única certeza que se tenía era la colisión de dos trenes de alta velocidad en las inmediaciones de la localidad cordobesa de Adamuz. A esta confusión contribuyeron también los primeros vídeos que se conocieron del siniestro, en los que se veían a jóvenes de pie en el pasillo sin alarmismo alguno o a empleados de la compañía ferroviaria dando indicaciones con toda normalidad.
Esa tranquilidad aparente que trasmitían esas imágenes que quebró al poco cuando se supo que había dos fallecidos. La cifra fue subiendo a lo largo de la noche a la vez que crecía la certeza sobre la gravedad de lo ocurrido.
A unos siete kilómetros del lugar del choque entre el Alvia y el Iryo, en Adamuz, todo el mundo sabía lo que tenía que hacer. Lo primero era rescatar a los heridos y trasladarlos hasta el pueblo. Numerosos vehiculos se pusieron a disposición y hasta un Quad sacó más de una camilla. Cada uno aportó lo que pudo, desde un generador eléctrico para iluminar la zona de rescate hasta mantas, bocadillos, bebidas calientes y hasta la cercanía humana que tanto se valora en esos momentos.
El drama daba la cara
Mientras los vecinos de Adamuz daban en ese momento lo mejor de sí mismos, a unos kilómetros comenzaban a sacar cadáveres de todas las edades. La cifra crecía a cada momento hasta alcanzar los 39, que fue la que muchos conocieron cuando se despertaron.
Las comunicaciones ferroviarias entre Madrid y Andalucía quedaron cortadas en la esperanza de que este viernes se reanuden y los cargos institucionales, al ver la magnitud del siniestro no dudaron en trasladarse hasta Adamuz en la noche del domingo. El consejero de Presidencia, Antonio Sanz, se puso al frente del centro de operaciones y después llegó el presidente de la Junta, Juanma Moreno, quienes también estuvieron todo el lunes.
El polideportivo y el Hogar del Pensionista de Adamuz concentraron esa noche todo el calor humano que la localidad fue capaz de proporcionar a quienes más lo necesitaban. Los heridos graves fueron trasladados en ambulancia a distintos centros hospitalarios y los más leves fueron atendidos en un hospital de campaña.
Vista aérea este lunes de los trenes accidentados el domingo cerca de Adamuz (Córdoba).
Lo que durante esa noche no era más que una intuición se confirmó con las primeras luces del día. Los dos trenes, separados centenares de metros, estaban fuera de los raíles con algunos vagones destrozados. La incógnita se encerraba en el propio lugar del siniestro, una recta en la que, encima, ambos trenes circulaban muy por debajo del máximo permitido, que es de 250 kilómetros por hora.
La atención a las familias
A media mañana se habilitó el Centro Cívico Poniente Sur, situado junto a la plaza de toros, como punto de atención a los familiares por ser aproximadamente equidistante entre el Hospital Reina Sofía, el Quirónsalud, la Ciudad de la Justicia y la Comandancia de la Guardia Civil, donde se toman pruebas de ADN de los familiares para facilitar la identificación de los cadáveres.
A este punto llegaron a media mañana en un autobús los familiares que a lo largo de la noche habían llegado a Adamuz en busca de información de unos familiares que ya no les cogían el teléfono. Para ellos era un calvario lo que les quedaba por delante, por muchos voluntarios de Cruz Roja Española y muchos psicólogos que intentaran mitigar su dolor.
Familiares en el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba
A lo largo del día insistían las autoridades que no había que dar por cerrada la cifra de 39 fallecidos, ya que podía crecer en cualquier momento. Así ocurrió a la caída de la tarde, cuando confirmaron la aparición de la víctima número 40. Mientras tanto, en los distintos hospitales de la capital donde estaban repartidos los heridos, las altas se producían con cuentagotas. El Ayuntamiento de Córdoba ha dispuesto para ellos el Centro de Educación Ambiental, situado junto al Zoológico, donde podían estar hasta tanto pudieran regresar a sus domicilios habituales.
Otra preocupación latente a lo largo de la jornada fue la de los enfermos ingresados en la UCI, alrededor de una docena sin que ninguno de ellos pasara a planta. Lo mismo preocupan los cinco niños ingresados, ninguno de los cuales ha recibido el alta en todo el día.
Las visitas de políticos
Cuando en Adamuz no quedaba ninguno de los que viajaban en el Alvia o en el Iryo accidentados, ni de sus familiares, fue el momento de los políticos llegados desde Madrid. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llegó acompañado de Marlaska, la candidata Montero y un Oscar Puente que en la noche del domingo siguió el suceso desde una pantalla con rayitas de colores. Todos ellos portaban el chaleco reflectante de Adif, para diferenciarse de otros políticos, con la diferencia de que otros, como el alcalde de Adamuz, Juanma Moreno o Antonio Sanz, llevaban allí casi desde el primer momento. Lo mismo le pasó a Feijóo, que demoró tanto su visita que sólo sirvió para ilustrar los informativos de la noche.
Pedro Sánchez, en Adamuz
Una vez agotada la información sobre el accidente, ya que todo estaba dicho y sabido, las tertulias radiofónicas y televisivas de la tarde y de anoche mordieron la carnaza de las hipótesis. Cada tertuliano tenía su teoría y, por supuesto, su posible culpable pero a esas horas, una veintena de forenses trabajaba sin respiro en el Instituto de Medicina Legal, que sí es algo de admirar. Y mucho.