Pedro Sánchez y María Jesús MonteroEuropa Press

Pedro Sánchez remeda en Córdoba el eslogan «prioridad nacional» de VOX para reivindicar sus políticas

El colegio mayor La Asunción ha acogido un acto pre-electoral con el presidente del Gobierno y la candidata andaluza María Jesús Montero

Si en España la extensión se mide en campos de fútbol, la intensidad de los mítines del PSOE se evalúan según los «¡guapos!» lanzados al presidente. Y el acto electoral de Córdoba fue pródigo en ellos. Numerosos «¡guapos!» a la velocidad del sonido, alternados con «¡Pedros!» crearon la atmósfera idónea para un Sánchez que lo mismo baila un día que ironiza que ironiza otro, pues adapta perfectamente su papel al del guionista contratado para la ocasión. Esta vez, su charla supuso un constante remedo al eslogan «prioridad nacional», de VOX, haciendo de esta especie de parodia la columna vertebral de una corta exposición...en la que apenas atacó a VOX. Junto a él, María Jesús Montero, aquella por cuyo acento se preguntan numerosísimas personas en las redes. Los andaluces suelen señalar: «nunca he oído a nadie hablar así». Efectivamente. Montero tiene un acento específico, el acento socialista andaluz, una especie de imitación agresiva del igualmente extraño acento de Felipe González. Esta forma de hablar sólo la poseen algunas altos cargos del partido, pues es algo exclusivamente femenino. Mezcla las hablas occidentales con las orientales, con ces y eses arbitrarias que no son ni de Sevilla ni de Córdoba, ni de Cádiz ni de Granada, ni de todos estos sitios mezclados. Comunicar es su función secundaria. La primaria está clara: acojonar.

Si los actores prometían, la naturaleza de la función aún más. Los mítines del PSOE son los mítines canónicos en España, de la misma forma que sus políticas son el modelo democrático que siguen incluso los demás partidos. Todo está controlado, desde la gente que viene en autobús a los que aparecen tras el que ofrece el discurso; desde los que se levantan a los que aplauden; desde las invectivas a voz en grito a los chistes intercalados. El mitin del PSOE es el mitin por excelencia, una mezcla entre corral de comedias, monólogo y televisión.

Pero dentro del mítin del PSOE está el subgénero andaluz. Depende mucho de la persona. Los periodistas recordamos con enorme añoranza a Manuel Chaves, cuyos problemas cognitivos hacían que dijese palabras distintas a las que aparecían en el discurso que entregaban a los informadores. Si había un salobre decía un salubre, donde ponía sección espetaba cesión, donde indicaba prejuicio pronunciaba perjuicio. Finalmente, lo que salía de aquella boca nada tenía que ver con lo que le habían escrito. Ni siquiera el LSD tiene efectos tan lisérgicos. Ojalá hubiera sido presidente siempre. Ojalá vuelva aunque sea como emérito. En otras ocasiones se generaban impactos curiosísimos. Por ejemplo, Susana Díaz, con su mera presencia, hacía llorar a la gente, como una mesías que viniese de Triana. Y no sólo al público. Los ojitos de quien escribe estas líneas han visto llorar a altos cargos del partido a poco de empezar su discurso, cuando apenas había dicho nada. Es la idiosincrasia del mitin del PSOE andaluz, que tiene el puntito o el puntazo de quien lo ofrece, un nosequé de la tierra.

Así las cosas, el colegio mayor La Asunción se deshizo desde el principio en palmas al ritmo de 'Será porque te amo', versión italiana, mucho más pasional e idónea para agitar banderas y con una letra que ya predisponía al idilio. De la balada transalpina, el dj pasó a la rumba para acercarse al territorio, con un estribillo de «verde que te quiero verde» en el que no faltaba tampoco el «caballo en la montaña». Tras ello se pasó a la presentación de María Jesús Montero y Pedro Sánchez, que fueron ubicado en un círculo interno. El presidente procedió entonces a un clásico, sostener niños, algunos bastante creciditos para elevarlos, quizá no se contaba para estos menesteres con los más pequeñitos tradicionales a causa del invierno demográfico.

Escenario circular

Hay que volver a hablar del círculo, pues se optó por la pequeña innovación de situar el atril en el medio, con el público alrededor. Tras la intervención de la cabeza de lista por Córdoba, Silvia Mellado, también alcaldesa de Fuente Obejuna, llegó el turno de María Jesús Montero, recibida con gritos de «¡presidenta!». La candidata comenzó con seseos puros, en honor a Córdoba, para seguir con su acento socialista andaluz al poco.

Montero reivindicó los servicios públicos para pasar a alabar la política internacional de Sánchez con un indispensable estar «del lado correcto de la historia» y un clamar por el «no a la guerra». Tras este preámbulo alabó la economía, que a su juicio ha creado 40.000 puestos de trabajo en Córdoba, así como la contratación o el incremento del salario mínimo. De manera seguida resaltó desde la eutanasia como derecho a la protección de los derechos de los niños ante las redes sociales, en una serie de enumeraciones cortas donde no faltó el feminismo de forma general o las privatizaciones. Ahí, el público estalló de forma coral: «¡sanidad pú-bli-ca|», coreada tres veces de forma, queremos creer, completamente improvisada. Las listas de espera para el médico centraron parte de sus reivindicaciones: «La primera medida que voy a tomar será que los ciudadanos puedan ser atendidos por su médico de familia en un plazo de 24 a 48 horas». Con la vivienda y derechos convencionales de las mujeres concluyó un discurso bastante neutro que sirvió como repaso de multitud de asuntos. Montero ejerció poco de Montero cuando se esperaba que lo fuese más que nunca.

Pedro Sánchez inició su discurso tratando de las transferencias a las comunidades autónomas y el mal uso que hace la derecha de ellas. Inmediatamente, remedó la «prioridad nacional» de VOX para adaptarla a ataques contra el PP, con referencias a los gobiernos de Rajoy. La afiliación a la Seguridad Social, fuentes renovables de energía, no a la guerra, empleo, asistencia sanitaria, equilibrio económico, cohesión territorial o pensiones, fueron calificadas por Sánchez de sus prioridades nacionales.

Siguiendo esa línea, concluyó un sorprendentemente breve discurso para alabar las políticas feministas frente «al pacto de señoros entre Feijoó y Abascal», única referencia a VOX, a pesar de que empleó, a modo de constante parodia, el comentado eslogan.

Si existiera la labor de crítico de mítines, éste hubiera dejado a tal efecto un sabor agridulce. Estaban ahí todos los mimbres del clásico, pero tamizados tras una asepsia controlada que ponía difícil hasta la elección de titulares. El crítico de mítines del PSOE andaluz no tendría otro remedio que dar solamente al acto dos rosas de cinco. La tercera quedaba bien lejos.