CEUTA, 26/08/2026.- Un vehículo militar patrulla por la playa del Trampolín de Ceuta en labores preventivas ya que numerosos migrantes continúan asentados en este lugar. EFE/ Reduan

CEUTA, 26/08/2026.- Un vehículo militar patrulla por la playa del Trampolín de Ceuta en labores preventivas ya que numerosos migrantes continúan asentados en este lugar. EFE/ ReduanEFE

Cordobeses en Ceuta: «Estamos totalmente abandonados, no hay un plan para ver cómo se saca a esta gente de aquí»

Rosa y Manuel, un matrimonio de Córdoba, llevan más de dos décadas viviendo en la ciudad autónoma y relatan cómo la crisis ha alterado la vida de una familia que considera Ceuta su hogar

Más de veinte años dan para hacer una vida. Rosa y Manuel, nombres ficticios para preservar su identidad, son un matrimonio cordobés que lleva más de dos décadas viviendo en Ceuta. Ella trabaja como administrativa y él es militar. Allí han criado a sus hijos y allí estaba ya su hogar mucho antes de que la entrada masiva de inmigrantes iniciada el pasado 30 de julio alterara una cotidianeidad que todavía no han recuperado.

«Estamos totalmente abandonados», resume Rosa casi un mes después. Su diagnóstico es rotundo: «No hay un plan por parte de nadie para ver cómo sacamos a esta gente de aquí». Habla desde una ciudad en la que la tensión ha ido creciendo durante las últimas semanas y donde el jueves cuatro militares resultaron heridos después de que un grupo de entre 30 y 40 inmigrantes les tendiera una emboscada en Benzú. Doce marroquíes fueron detenidos por estos hechos. Ese mismo día, una protesta en la playa del Trampolín terminó con la quema de enseres de asentamientos de inmigrantes y cargas de la Policía Nacional.

Las declaraciones de Rosa a La Voz de Córdoba han tenido lugar este viernes, horas antes de la manifestación prevista para la tarde-noche con dirección a Playa Benítez, en un momento en el que las protestas vecinales se han sucedido en distintos puntos de la ciudad.

Rosa recuerda que, antes incluso de la entrada masiva, algo estaba cambiando. «Los días y semanas anteriores se venía notando un incremento de los pases. Cada día entraba más gente y cada vez más lo hacían bordeando el espigón». Pero no esperaban lo que finalmente ocurrió. «Que fuese a pasar lo que ha pasado, la verdad es que no».

La experiencia de 2021 estaba en la memoria del matrimonio, aunque Rosa aprecia una diferencia sustancial: «En 2021 entró muchísima gente, pero digamos que se cortó pronto. Esto fueron horas y horas con la frontera abierta y entrando gente sin parar».

«Es como un tsunami, una ola de personas»

Los primeros momentos los recuerda como una mezcla de desconcierto e incredulidad. «Cada vez ves a más gente por la calle, cada vez ves a más grupos, vienen mojados... Es como un tsunami, una ola de personas que va entrando en tu barrio, que va entrando en tu vida, y dices: «Pero bueno, ¿qué está pasando?».

En una ciudad de las dimensiones de Ceuta, explica, las noticias circulaban rápidamente entre vecinos y conocidos. Mientras tanto, a cientos de kilómetros, la familia que dejaron en Córdoba seguía lo que estaba ocurriendo con preocupación. Rosa y Manuel optaron por contarles menos de lo que estaban viviendo.

«A lo largo de los años vas creándote un caparazón y no quieres contar a tu familia lo que realmente pasa. Es una manera de protegerlos para que no se preocupen», explica. «Nosotros no alarmamos a nadie y lo que hay aquí, aquí se queda». Mientras sus familiares veían o escuchaban las noticias, ellos procuraban «quitarle hierro», aunque Rosa reconoce que estaban «alarmados desde el primer momento».

Un mes después, esa preocupación se ha trasladado especialmente a sus hijos. «Sobre todo tenemos miedo por ellos». Pero el matrimonio se niega a que ese temor los encierre en casa. «Nosotros no nos estamos prohibiendo salir a la calle porque, si no, les estamos regalando los espacios públicos. Si encima los ceutíes nos quedamos en nuestras casas, los jardines van a ser suyos, los parques van a ser suyos, los bares van a ser suyos y las calles van a ser suyas. Y de eso nada». Su decisión, asegura, es sencilla: «Nosotros seguimos haciendo nuestra vida».

La situación de los militares

La profesión de Manuel hace que la crisis tenga además otra dimensión dentro de la familia. Rosa explica que la rutina de los militares destinados en Ceuta también se ha transformado durante estas semanas: han pasado de tener su horario normal y corriente a hacer turnos, relata al describir la situación que viven su marido y sus compañeros.

Según cuenta, unos realizan turnos en sus destinos habituales mientras otros prestan servicios de patrulla y permanencia en puestos durante 24 horas. Pero resume en una sola palabra la misión que, a su juicio, desempeñan en las calles: «Estar».

La única consigna, según relata, es que los militares no pueden actuar: si detectan cualquier cosa, la única solución es llamar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. «Los militares lo único que hacen en la calle es estar presentes. Nada más», afirma. Para Rosa, esa presencia tiene al menos un efecto sobre los vecinos: «Que la gente vea que, por lo menos, hay militares en la calle y así intentar evitar esa sensación de abandono que existe en Ceuta».

El testimonio coincide con el malestar expresado durante estos días por efectivos militares destinados en la ciudad, que han descrito su función fundamentalmente como de presencia y disuasión. La situación ha cobrado todavía mayor relevancia después de la emboscada de Benzú, tras la que asociaciones profesionales militares han reclamado un marco normativo y reglas de actuación que permitan responder ante agresiones.

«Esto es una invasión»

Rosa rechaza además la expresión «crisis migratoria» para definir lo que están viviendo. «Esto es una invasión. Es que no hay otra cosa», afirma. Y desarrolla su propia interpretación: «Esto es una invasión utilizando vectores distintos a los de una invasión militar».

Sus palabras se endurecen al hablar de quienes permanecen en la ciudad. «Lo que hay aquí es escoria», sostiene, antes de remitirse a «las agresiones sexuales, los robos», las entradas en viviendas o los incendios. La Fiscalía ha informado esta semana de 16 agresiones sexuales con 17 víctimas desde el inicio de la crisis, la mayoría menores, además de un incremento de los delitos contra el patrimonio y de los atentados y resistencia a los agentes.

Rosa tampoco comparte el enfoque humanitario con el que se aborda la situación desde determinados ámbitos. «Cuando me hablan del factor humanitario, sinceramente, me pongo en el cuerpo del que sufre la invasión, no del que la ha hecho». Para ella, quienes han visto alterados sus derechos son los habitantes de la ciudad: «Yo miro primero por el pueblo de España, miro primero por el pueblo de Ceuta y miro por aquellos a quienes se les han quitado sus derechos civiles y constitucionales».

El temor a que aumente la tensión está también presente. Rosa recuerda cómo las primeras concentraciones reunían «200 o 300 personas» y asegura que posteriormente han llegado a congregar a alrededor de un millar. «Los primeros días no había conatos violentos; ya los hay», advierte. «Esto va a ir a más».

«Esto no va de partidos políticos»

Precisamente las movilizaciones ocupan una parte importante de su relato. Rosa rechaza que las protestas que se están organizando en Ceuta respondan a consignas partidistas. «Esto no lo mueve ningún partido político. Son los propios barrios, organizados en barriadas y asociaciones de vecinos, los que están movilizándose».

«Aquí no ha habido ningún partido que haya organizado nada: ni Vox, ni PP, ni PSOE», insiste. Y subraya un detalle que considera especialmente significativo: «Las únicas banderas que están permitidas son la española y la de Ceuta. Aquí en Ceuta, hablo».

Su reflexión se extiende a las concentraciones de apoyo convocadas para el próximo 2 de septiembre en distintos puntos de España. «Esto no va de partidos políticos. Esto va de integridad territorial, va de soberanía española, va de los derechos de unos ciudadanos españoles que están escritos en una Constitución que nos cubre a todos».

Rosa pide a quienes viven al otro lado del Estrecho que intenten ponerse en la situación de los ceutíes. «Que cada uno haga en conciencia lo que crea conveniente, pero que nadie se excuse diciendo que lo organiza este partido o el otro, porque eso no es así».

La salida fácil que no quieren tomar

Después de más de veinte años, Rosa y Manuel mantienen sus raíces en Córdoba. Y, a diferencia de muchos de los vecinos con los que han compartido su vida en Ceuta, ellos saben que tendrían una salida relativamente sencilla si la situación terminara por resultar insoportable. Podrían volver a la Península. Podrían regresar a Córdoba.

No se lo plantean.

«Son muchos años aquí y no somos de dejar a nadie tirado», responde Rosa. «Si nosotros queremos el apoyo de España, no podemos coger, hacer las maletas y dejar tirada aquí a la gente».

El matrimonio recuerda cómo fue recibido cuando llegó a la ciudad. «Aquí nos hemos sentido siempre muy acogidos, nos hemos sentido muy a gusto. Esas han sido las maduras; ahora vienen las duras y nosotros vamos a estar con Ceuta».

Rosa sabe que, para ellos, marcharse sería lo fácil. «En cualquier momento cogemos, hacemos las maletas y nos vamos. No hay más. Pero eso no lo vamos a hacer» . Y repite: «Nosotros vamos a estar con Ceuta. Aquí, a lo que sea, vamos a estar».

Porque esa posibilidad que conserva este matrimonio cordobés no existe para muchos de quienes llevan toda su vida allí. «Ellos tienen aquí a su familia, tienen aquí su vivienda, tienen aquí su negocio, tienen aquí enterrados a sus familiares. Lo tienen todo aquí. Tienen su vida aquí».

Y ahí establece Rosa el límite que ni ella ni Manuel están dispuestos a cruzar: «No podemos dejarlos abandonados y hacerles sentir el abandono que nosotros mismos sentimos».

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