Mar Rodríguez Vacas

Mar Rodríguez VacasSamira Ouf

Mar Rodríguez Vacas, periodista y escritora

«Cuesta entender por qué sigue siendo difícil ver capaces a la mujeres en pleno siglo XXI»

'Helena, la luz de Roma' es el título del nuevo libro que acaba de publicar la editorial cordobesa Almuzara

Hay perfumes que se anticipan a la presencia física del perfumado. O la perfumada. Mar Rodriguez Vacas (Córdoba, 1980) llega siempre un poco más tarde que el Coco Mademoiselle de Chanel que la viste. «Hace años que la uso. Aviso a los que me regalan otra colonia que no la voy a cambiar». La convicción de principios se fortalece en los pequeños gestos cotidianos y Mar no se baja de ese olor que la acompaña y casi la define.

Ha escrito una novela de algo más de 600 páginas y uno se pregunta de dónde saca tiempo y fuerzas para ello, porque el trabajo como jefa de prensa en la Junta de Andalucía en Córdoba tiene su miga. Cuando acude a la cita al Hotel Hospes Bailío, que amablemente nos acoge, es la hora de almorzar para el resto de mortales, pero ella ha encontrado, en ese tramo del día, casi el único hueco para atender a este periódico, en una jornada que comenzó bien temprano con un acto institucional y que no tiene pinta de acabar pronto. Y es pura energía. Responde a varias llamadas antes de empezar la charla y seguidamente pone el foco en Helena, con ‘H’, santa, compañera y madre de emperadores, y una de las figuras más influyentes en la historia del cristianismo primitivo.

En la Domus Romana del lujoso hotel cordobés resuenan mejor los ecos de esa historia que Mar ha rescatado casi del olvido y a la que ha dotado de tramas y renglones. Una novela que invita a sumergirse en un tiempo quizá no tan distinto, en esencia, al actual. Un cambio de época que siempre merece una lectura atenta, por lo que pueda venir.

Mar Rodríguez Vacas

Mar Rodríguez VacasSamira Ouf

– Usted es periodista, madre y escritora. ¿Cuánto duerme al día ahora?

– Yo duermo durante horas, y además lo necesito. No puedo trabajar por la noche ni de madrugada, ni levantarme temprano para trabajar, porque tengo que dormir. No voy a romantizar la escritura. Cuando me he tenido que quedar estudiando o haciendo algo por la noche, lo he hecho, pero yo por la noche tengo que dormir.

– Miro el número de páginas de su último libro, más de 600, y creo que sería interesante saber cómo organiza su agenda.

– Mi agenda la ocupan principalmente mi trabajo y mis hijos. Quienes tenemos hijos y tenemos que conciliar sabemos perfectamente las horas que podemos dedicar a una cosa y a otra. La agenda está muy tasada. También es verdad que tengo tiempo libre, y cuando no estoy con mis hijos dedico el tiempo a lo que me gusta. Ahora me he apuntado al gimnasio… no prometo nada, pero intento hacer cosas que disfruto. No soy de tumbarme a ver series —aunque es muy loable—, pero a mí me gusta estudiar, leer, investigar, rastrear y sacar el detalle de todo. Y como me gusta escribir, uno ambas cosas, y van saliendo mis novelas y mis cosas.

– Pero cuando uno se dedica profesionalmente a la comunicación institucional y política… eso no tiene horario, ¿no?

– Eso no tiene horas. Estamos 'veinticuatro siete' y es lo que hay.

– Por eso le preguntaba cómo se organiza una agenda trabajando ahora como jefa de prensa de una administración pública.

– Porque 'veinticuatro siete' no significa que tengas que estar trabajando las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Significa estar disponible por si surge una urgencia, una emergencia o hay que trabajar un fin de semana. Pero cuando no hay agenda institucional y la agenda normal te lo permite, como cualquier hijo de vecino, tenemos tiempo libre, que también lo necesitamos. Y no solo quienes trabajamos en gabinete: los políticos también necesitan descansar.

– No lo parece.

– No lo parece, pero se tiene y se debe hacer. El descanso es fundamental; si no, esto quema al más pintado.

Mar Rodríguez Vacas

Mar Rodríguez VacasSamira Ouf

– Este es ya el tercer título. ¿Qué es lo más atractivo o apasionante de escribir un libro?

– Meterte en la piel de los personajes y darles vida: pensar cómo son, describirlos y generar diálogos en los que se explayan y muestran su carácter. En la novela histórica, la trama principal está delimitada, pero puedes inventar tramas secundarias que la apoyen. Cuando tú das vida a los personajes y tu imaginación entra en juego, escribir es divertidísimo. A mí es la parte que más me gusta.

– ¿Cómo se mantiene el pulso narrativo?

– Aunque parezca mentira, no dejándote llevar por esa idea etérea de la inspiración. Hay que trabajar mucho el esquema: saber qué tienes que escribir, qué quieres contar antes, qué quieres contar después y a dónde quieres llegar. Es la única manera de generar una trama que mantenga la tensión y que te permita saber siempre por dónde vas sin perderte. También es la única forma de evitar los bloqueos mentales que sufrí en mi primera novela. En esta lo he planteado de otra manera: estructura, esquemas y saber qué tienes que contar. Yo bromeaba con mi familia: «Me voy, que tengo que escribir; tengo a Constancio Cloro en no sé dónde». Y me preguntaban si sabía lo que iba a escribir: «Sí, sé perfectamente que Constancio Cloro está aquí, que tiene que terminar aquí y eso es lo que tengo que escribir esta tarde». Así es mucho más fácil.

– Y sin dejarlo todo a la inspiración, ¿cómo se mantiene el pulso creativo?

– La creatividad entra cuando, sabiendo lo que tienes que escribir, le metes tu parte imaginativa. Por ejemplo, al idear la novela me salió el personaje de Zenobia de Palmira. Yo tenía que mandar a Constancio Cloro a Siria, a Palmira, para luchar contra la reina y luego devolverlo. Y al empezar a escribir sobre ella, las palabras salían solas. Lo que iba a ser un capítulo se convirtió en cuatro, y en un personajazo que es la gran antagonista de Helena en las dos primeras partes del libro. La imaginación se despliega, claro que sí, pero tienes que saber de dónde vienes y a dónde vas. Si no, te pierdes.

Mar Rodríguez Vacas, durante la entrevista

Mar Rodríguez Vacas, durante la entrevistaSamira Ouf

– ¿Cuánto de la vida de Mar hay en los personajes de su libro?

– Creo que todo escritor plasma algo de su vida en sus personajes; es innegable. Del Olivo me dijeron una vez que parecía que los personajes hablaban como yo. En esta novela no es igual, porque El olivo de los Claudios está escrito en primera persona, y Helena tiene un narrador omnisciente, así que cada personaje toma su propio carácter. Pero sí, volcamos nuestros anhelos, sueños, frustraciones, vivencias del día a día, deseos… Claro que hay partes mías en Helena.

– Santa Helena nos deja muchas lecturas, pero quizá la principal es que las mujeres siempre han jugado un papel crucial, aunque sin que se conociera.

– Sí, sobre todo en épocas muy antiguas. En Roma la mujer no tenía presencia política ni militar; estaba en su casa. Había mujeres poderosas, pero siempre a la sombra de un hombre. Con Helena no fue distinto. Fue esposa de Constancio Cloro, que la repudió antes incluso de ser César; después Augusto. Pero tuvo un hijo con él, Constantino, y eso la empoderó. Su hijo obtuvo la púrpura, la reclamó para que estuviera a su lado y, no sabemos por qué, le dio poder para actuar a su antojo. Helena fue augusta —como algunas otras mujeres en el imperio—, pero, como me gusta decir, fue augusta de facto. Actuó como emperatriz, con los mismos poderes que su hijo.

Claro que hay partes mías en Helena"

No estuvo del todo silenciada, porque las fuentes hablan de ella, sobre todo al final de su vida cuando viajó a Tierra Santa: mandó edificar basílicas, regalaba objetos litúrgicos y disponía del tesoro imperial. Pero también hubo autores paganos que intentaron acabar con su reputación aludiendo a orígenes humildes e incluso escribiendo que había sido prostituta. La verdad no la sabemos, pero no puede haber tanta diferencia entre fuentes. Puede que su origen fuera humilde, y no pasa nada, pero en aquellos años era una forma de atacar la legitimidad política y social de Constancio y Constantino.

– ¿Cuáles son las Helenas de hoy?

– Todas esas mujeres que actúan a la sombra de un hombre, pero tienen la fuerza y la idiosincrasia suficientes como para ser ella, con mayúsculas. Y hay muchas. Las mujeres tenemos cada vez más protagonismo, está más que demostrado que somos plenamente válidas, pero aún queda camino. Empiezo el libro con una frase de Séneca, de Consolación a Marcia, donde habla de la mujer y de su capacidad —¿quién ha dicho que ellas no pueden hacer lo mismo que los hombres, e incluso hacerlo mejor?—. Ya en el siglo I había hombres que lo veían: Séneca, o Constantino dando plenos poderes a su madre. Así que es difícil de entender por qué en el siglo XXI sigue costando tanto.

– ¿Qué ha sido lo más complicado de este nuevo libro?

– Intentar compilar toda la información y meterla en la trama para que todo fluyera. Tenía los conflictos militares por un lado; los sociales por otro; la política, la tetrarquía, la división del imperio y luego la reunificación; y encima la irrupción del cristianismo. Yo pensaba: «¿En qué jardín me estoy metiendo?». Pero ahí está. No voy a ser yo quien la valore, eso les corresponde a los demás, pero ha salido una versión de lo que pudo ocurrir en aquellos años, muy reducida, porque podría haberme explayado muchísimo más. Las páginas estaban contadas.

Mar Rodríguez Vacas, vista por Samira Ouf

Mar Rodríguez Vacas, vista por Samira Ouf

– Hay un plus de originalidad: Santa Helena no ha sido muy glosada.

– Sobre Helena sabemos muy poco; fuentes escritas hay pocas. Y en novela, yo solo he encontrado una. Y encima hacía referencia a una Santa Helena que pudo ser una princesa británica, porque hubo un tiempo en que se pensó eso. Ese libro me costó muchísimo conseguirlo; lo encontré en una librería de segunda mano en La Coruña, rastreando prácticamente por toda España. Y pintaba una figura de Santa Helena alegórica, casi de realismo mágico.

Me he encontrado con que no hay nada escrito, lo cual es una ventaja para un novelista, porque puedes hacer lo que quieras sin estar bajo la lupa. No hay comparación posible. Ahora mismo esto es lo que hay. Si alguien más quiere escribir sobre ella, habrá tantas versiones como personas dispuestas a hacerlo.

– ¿Le preocupa lo que diga la crítica?

– Claro que sí. Al final me estoy exponiendo. No es solo mi trabajo: es algo muy personal, escrito por mí misma. Me preocupa por muchas razones: la principal, porque quiero seguir escribiendo. Quiero que la novela se venda para tener la oportunidad de seguir escribiendo y que otros puedan leer mi obra. Y luego, porque todos tenemos un personaje dentro de nosotros que se llama ego, y nos preocupa mucho lo que diga la gente.

Mar Rodriguez Vacas, en la Domus Romana del Hotel Hospes Bailío de Córdoba

Mar Rodriguez Vacas, en la Domus Romana del Hotel Hospes Bailío de CórdobaSamira Ouf

– ¿Suele releerse o es mejor no hacerlo, porque siempre se encuentran cosas que mejorar?

– Ambas cosas. Sí me releo, muchas veces de manera obsesiva. Helena aún no la he releído; quiero dejar pasar un poco más de tiempo y reabrirla con un rotulador rojo en la mano. Lo hice con El olivo y tengo un ejemplar lleno de tachones. Lo haré con Helena, claro que sí. Me doy cuenta de mis errores; todos los tenemos. Algunos pueden corregirse.

De todas maneras no es lo mismo leerse que verse: yo he hecho mucha televisión y verme no me gusta nada. Eso no va conmigo.

– Esta es una novela histórica. Es su segunda novela histórica. En medio hay un libro que no sabría cómo definir, el del ballet. ¿Cómo lo definiría?

– Es un pequeño ensayo en el que cuento anécdotas del ballet clásico y aprovecho para narrar un poco su historia.

Verme no me gusta nada. Eso no va conmigo"

– Por eso quería preguntarle: si escribiera ensayo, aparte del ballet, ¿sobre qué le gustaría reflexionar?

– Yo dije cuando terminé el libro del ballet que «a Dios pongo por testigo que jamás volveré a escribir un ensayo», porque me costó muchísimo trabajo. Cuesta más que una novela: en una novela echas a volar la imaginación, pero en un ensayo no puedes. Hay muchísimas lagunas; hay personajes y momentos del ballet clásico que son historia —como la primera vez que una bailarina se puso puntas— y te quedas con la anécdota y poco más. En una novela le das fantasía, haces volar a la bailarina, cuentas lo que sienten los espectadores, el dolor de los pies, la emoción de hacer historia. En un ensayo no puedes hacerlo, es complicado.

Mar Rodríguez Vacas, durante la entrevista

Mar Rodríguez Vacas, durante la entrevistaSamira Ouf

– Pero sobre qué le gustaría escribir ahora, siendo periodista.

– Pues ahora… no sé si puedo contarlo, pero ya he firmado un contrato para otro libro. No lo llamaría ensayo, porque no lo es, pero vamos a hablar de la historia de Córdoba, y no va a tener ni una pizca de ficción. Volveremos al mundo de la narrativa de no ficción. A ver cómo salgo de esta.

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