Albert Boadella
Albert Boadella, dramaturgo y taurino
«La mejor faena del bufón es incordiar al poder»
Este año ha sido el encargado del pregón taurino del Real Círculo de la Amistad de Córdoba
La presencia de Albert Boadella (Barcelona, 1943) en Córdoba fue aplazada una semana debido a un contratiempo con la salud. «Un problema de vértigo», confiesa el actor y dramaturgo señalándose al oído derecho, antes de la firma en el libro de honor del Real Círculo de la Amistad de Córdoba, la institución que lo ha traido para el pregón taurino de mayo, un evento que cumple 35 años y que goza de excelente salud a pesar de los tiempos y las corrientes en contra.
Ese sentido vital y artísitico de ir hacia la otra dirección es la que define a Boadella a lo largo de su carrera profesional y que confirma los adjetivos que recibe en el acto: hombre libre, honesto, comprometido. Vindicar la tauromaquia, la fiesta nacional, la identidad española, la cultura heredada, los ritos que nos definen, y pretender ser entendido o cuando menos, respetado en el empeño, es tarea muy difícil. Por eso tiene mucho más mérito que este señor de 82 años, pudiendo estar cómodamente sentado leyendo un libro en un masía-exilio del Ampurdán esté en Córdoba pidiendo que los niños vayan a los toros para aprender de qué va la vida.
Nos atiende con simpatía, sin perder ni un ápice de la profesionalidad ejercida durante años, pero con cierta prisa, porque quedan pocos minutos para que empiece el acto y todo está muy medido. La puntualidad también. Así que recortamos y convertimos el encuentro previsto en un test. Delicioso, eso sí. Boadella es siempre un lujo.
Albert Boadella
- Pregonar la tauromaquia en Córdoba, todo un reto.
- Sí, porque es una ciudad con un arraigo indiscutible. Y, por lo tanto, para mí es un reto, como lo fue el día que lo hice en Sevilla. Son plazas de primera categoría, donde el público es exigente porque conoce bien el tema. Aunque yo hablaré naturalmente de tauromaquia, también hablaré de una sociedad que cada vez se ha vuelto más contraria a la tauromaquia y de cómo tenemos que defendernos frente a ella, sobre todo por el mundo animalista y por el lado sensiblero en la educación, incluso, de los niños. Ese lado hace que un niño hoy no pueda ver una corrida de toros de una forma natural, como la veíamos nosotros a los cinco o seis años. Un niño hoy ve una corrida de toros con esa edad y hay un trauma tremendo, porque ha visto dibujos animados y ha pensado que los animales eran como personas.
Y eso conforma toda una sociedad que está a favor de esto y, por lo tanto, en contra de los aficionados taurinos.
-Comienzo la frase, acábela usted. Si Manolete levantara hoy la cabeza...
- …creo que estaría contento del plantel de toreros que hay y también de las ganaderías, porque los toros han adquirido cierta percepción para torear. Yo creo que torearía quizá de forma distinta, pero más cómodo que con aquellos bichos que se encontraba.
- ¿Molesta la tauromaquia o incomoda lo español?
- En Cataluña incomoda lo español; en las regiones más separatistas. Pero en el resto molesta por el hecho de la muerte de un animal en una plaza y en público. Y eso crea una molestia.
- ¿Volverán las corridas a Cataluña?
- No. Bueno, vamos a ver, la vida es pendular. Quiere decir que ahora estamos en otro lado del péndulo. El péndulo quizá vuelva y quizá acabe ese sarampión de locura que ha cogido Cataluña. Pero, por el momento, no.
Albert Boadella
- Publicamos esto el día de las elecciones, el 17 de mayo. ¿Los políticos nos torean?
- Imagínese. Llevamos miles de años de historia en los que nos torean. Algunas veces incluso los políticos nos han matado.
Pero estamos en una época en la que, seguramente, el nivel de profesionalidad de los políticos es inferior, porque el nivel de vocación también es inferior. El político ahora está por otras cosas, no exactamente para ayudar a la sociedad, sino por otros intereses que, muchas veces, no son del todo limpios.
Albert Boadella, visto por Samira Ouf
- ¿Cuál es la mejor faena de un bufón?
- La mejor faena de un bufón sería incordiar a la sociedad constantemente. Pero, sobre todo, no incordiar a los débiles o a los oprimidos, sino al poder. Esa es la faena inicial y, casi diría, equilibradamente ecológica de un bufón.