Campo con olivos en CórdobaEFE

Las nuevas variedades de olivo de Europa pasan su examen en Córdoba

La UCO mantiene actualmente 24 variedades candidatas en estudio y necesita un mínimo de cuatro años para determinar si cada una es realmente distinta, homogénea y estable

Decir que se ha obtenido una nueva variedad de olivo es relativamente sencillo. Demostrarlo oficialmente requiere bastante más tiempo. Un mínimo de cuatro años, diez plantas de partida, dos cosechas consecutivas y la comparación con una colección que permite saber si aquello que parece nuevo lo es realmente. Y, si la variedad aspira a obtener protección en Europa, ese examen pasa por Córdoba.

La Universidad de Córdoba es actualmente el único centro acreditado en Europa para realizar los exámenes técnicos de variedades de olivo, un trabajo que desarrolla en el Centro de Examen de Variedades de Olivo (CEVO), en Rabanales. El BOE ha publicado este lunes, 14 de septiembre, el nuevo convenio que permitirá mantener durante otros cuatro años una actividad que la institución académica cordobesa desarrolla desde 2004.

«Todas las variedades que se puedan presentar en Europa al registro de una variedad protegida tienen que pasar por España y, en este caso, por la Universidad de Córdoba», explica Pablo Morello, responsable del CEVO.

El centro mantiene actualmente 24 variedades en examen y por sus instalaciones han pasado alrededor de 70 que han terminado registrándose, bien en el Registro de Variedades Comerciales o en el de Variedades Protegidas.

Cuatro años para demostrar que es diferente

El procedimiento comienza antes incluso de que los pequeños olivos lleguen a Córdoba. El obtentor presenta la solicitud ante la Oficina Española de Variedades Vegetales o ante la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales y, posteriormente, el CEVO recibe el material que tendrá que estudiar.

«Recibimos diez plantas, de las que establecemos cinco en campo, y hacemos un examen técnico», explica Morello. Es el denominado examen DHE, tres letras que resumen las condiciones que debe cumplir la candidata: ser distinta, homogénea y estable.

La primera parece evidente, pero exige demostrarla. La variedad tiene que diferenciarse mediante caracteres morfológicos de todas las que ya se conocen. La homogeneidad obliga a comprobar que las cinco plantas estudiadas expresan esos caracteres de la misma manera. Y la estabilidad exige verificar que se mantienen a lo largo del tiempo.

Ahí aparece uno de los factores que hacen particularmente lento el examen del olivo. No basta con analizar una muestra en un laboratorio. Las plantas tienen que crecer.

«Desde que recibimos una planta hasta que acaba este examen duran un mínimo de cuatro años», señala Morello. Primero hay que establecerla en campo y esperar a que se forme el árbol y fructifique. Cuando llegan las primeras aceitunas comienza la fase decisiva: durante dos ciclos consecutivos de cultivo se estudian sus caracteres morfológicos y se comprueba que se mantienen.

Solo entonces el centro puede determinar si aquella candidata es efectivamente distinta, homogénea y estable y remitir su informe a la oficina española o comunitaria.

Una biblioteca viva para identificar olivos

Pero demostrar que un olivo es diferente plantea una pregunta inevitable: ¿diferente de qué?

La respuesta está también en Rabanales. El CEVO dispone como colección de referencia del Banco Mundial de Germoplasma de Olivo de la Universidad de Córdoba, que permite enfrentar cada candidata con variedades conocidas y previamente caracterizadas.

«Tenemos que contrastarla con esta colección de referencia para comprobar que no es igual a una de las que ya existen», explica Morello. El centro conoce sus características morfológicas y su comportamiento agronómico, de manera que puede utilizarlas como referencia frente a cada nueva candidata.

El trabajo acumulado va bastante más allá de las aproximadamente 70 variedades que finalmente han pasado por el proceso de registro. El centro ha proporcionado a las oficinas competentes información sobre unas 400 variedades de su colección de referencia, porque disponer de variedades correctamente identificadas es necesario para poder realizar las comparaciones.

De Córdoba al registro europeo

Superado el examen, la UCO no concede por sí misma el registro. El CEVO elabora el informe técnico y lo remite a la administración competente. Es esta la que, a partir de los resultados, puede reconocer la variedad y, en el caso de las protegidas, los derechos de propiedad intelectual correspondientes al obtentor.

Ese reconocimiento tiene una consecuencia económica muy tangible. Una nueva variedad protegida puede generar derechos para quien la ha obtenido mediante su explotación comercial y el cobro de royalties.

La encomienda que acaba de publicarse en el BOE renueva por otros cuatro años una relación que comenzó en 2004 y que Morello considera también un reconocimiento a la trayectoria científica de Córdoba en este cultivo.

«Es prestigio», resume. Para el responsable del CEVO, que la Universidad de Córdoba sea el centro encargado de estos exámenes supone «el reconocimiento a los años de estudio y de experiencia que tiene la Universidad en el cultivo del olivo y en las variedades de olivo».

Una especialización que convierte a Rabanales en una suerte de aduana científica: antes de que una nueva variedad de olivo consiga demostrar oficialmente que es diferente a las demás, tiene que pasar varios años creciendo y dando fruto en Córdoba.