De comienzo en comienzoElena Murillo

El día de Todos los Santos

No transformemos en miedo la alegría, no hagamos uso de lo terrorífico cuando sabemos que hay fiesta en las alturas

Actualizada 05:00

Los cipreses erguidos, estirándose, simulando tocar el cielo. Visitas a camposantos e iglesias. Ramos de flores, claveles, rosas y crisantemos en memoria de aquellos seres queridos que ya no están entre nosotros. Un sencillo, a la par que suculento, plato de gachas; con su pan frito y con una textura fina e impecable. Una representación teatral, Don Juan Tenorio, propia de las vísperas de los Difuntos. Escenas costumbristas de nuestro entorno que aparecen al mismo tiempo que el cambio de ropa en los armarios cuando se están abriendo las puertas del mes de noviembre. Suena en el ambiente el refrán que habla del dichoso mes, que empieza con Todos los Santos y acaba con San Andrés. Es tiempo sombrío y el ambiente se torna más gélido, es la ocasión de volver a recrear las tradiciones mantenidas y transmitidas, la herencia que quedó de aquellos que nos precedieron.
Así es. Prácticas conservadas que no se deben quedar en la muerte. Tradicionalmente la Iglesia ha celebrado este día como el de la vida, el día de los que han alcanzado la gloria de Dios, de los que fueron por delante y, gracias al ejemplo que dieron, triunfaron y subieron a los altares; y también de aquellos santos, los de la puerta de al lado como gusta llamarlos al Papa Francisco y que aunque la Iglesia no los haya proclamado como tales ya gozan del mejor estado, la vida eterna. Por tanto, no transformemos en miedo la alegría, no hagamos uso de lo terrorífico cuando sabemos que hay fiesta en las alturas. Ni siquiera creo que sea necesario usar anglicismos del tipo holywins, no hay ninguna obligación que nos lleve a suplantar el Día de Todos los Santos.
Me agrada ver cómo estos días se suceden las obras de teatro por distintos espacios de nuestra ciudad: el burlador en el Palacio de Viana, Don Juan Tenorio en el Palacio de la Merced o en los cementerios de la Salud y San Rafael… Amor, honor y muerte tratados dramáticamente. Doña Inés salvando a un pecador que se arrepiente al borde de su propia sepultura, la vuelta a escena del mito de Don Juan.
Días para la meditación que desde el fin de semana provocaba la función de Amistad, con esa visión filosófica que la nueva obra del magistral Mayorga traía a la comedia de la vida. «Amistad es saber que un día uno tiene que cargar con la muerte de otro». La amistad convertida en juego. Vida y muerte unidas íntimamente en el escenario y en la realidad.
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