EditorialLa voz de Córdoba

La permanente coartada de la Mezquita Catedral

Está bien que tanto el PSOE como Hacemos Córdoba se hayan quitado la careta y hayan mostrado, una vez más, quiénes son y a qué se dedican como grupos de la oposición en el Ayuntamiento. Con las cartas boca arriba, los ciudadanos saben ya a qué atenerse: llevar a pleno la titularidad de la gestión de la Mezquita-Catedral supone un claro mensaje a los cordobeses de que sus representantes en estos partidos prefieren dedicar su tiempo a causas superadas y sin recorrido antes que a los problemas reales de la ciudad.

En ese mismo pleno se aprobó, por ejemplo, una moción para la rehabilitación de viviendas en el Parque Figueroa, presentada por Vox, ante la que PSOE y Hacemos Córdoba optaron por abstenerse. Una decisión difícil de justificar cuando se contrasta con la energía que sí emplean en escenificar su lucha a favor de Palestina o en reclamar una gestión pública de un monumento cuya titularidad está clara, tanto jurídica como legalmente, y cuya reclamación no cuenta con demanda social alguna.

Resulta sonrojante que los munícipes de izquierda reduzcan sus argumentos a un simple «lo público es mejor» o a inexactitudes tan burdas como calificar una avería en la cisterna de un baño del monumento de inundación negligente. La misma vergüenza provoca escuchar a la plataforma por la Mezquita repetir, como un mantra, el mismo discurso que esconde su verdadera motivación: no es la gestión lo que les importa, sino el rédito político y el beneficio económico derivado de las taquillas.

Todo ello se hace, además, desde una pretendida superioridad moral, como si su ideología les otorgase más autoridad que a quienes llevan siglos gestionando y cuidando el templo. El Cabildo no solo lo hace con prudencia y solvencia, sino que acredita más formación - intelectual y humana- de la que algunos muestran en el salón de plenos. Ahí están las cuentas transparentes, el mantenimiento ejemplar del edificio y la destinación de gran parte de lo recaudado a fines sociales y asistenciales. Eso se llama caridad, y complementa al culto y a la cultura, algo difícil de imaginar en la gestión política, más proclive al despilfarro, al clientelismo y a la corrupción «marca Sánchez» que ya padece más de media España, salvo para el CIS de Tezanos.

Finalmente, la moción no prosperó. En su lugar se creó un órgano de coordinación en el que participarán el Gobierno central, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento y el Cabildo Catedral para formar parte del nuevo Plan de Gestión del Centro Histórico de la ciudad de Córdoba. Y es en ese órgano donde el Cabildo tiene mucho que aportar: basta recordar que la propia Unesco ha puesto como ejemplo el plan de protección que evitó que el incendio del 8 de agosto pasara de ser un accidente fortuito a una catástrofe. La eficacia y la rapidez con la que se está solventando lo ocurrido son, también, dignas de elogio.

Difícilmente lo público podría haber respondido igual.

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