En el artículo La Gallina dijo ¡eureka! que escribí en septiembre, afirmaba que María Jesús Montero correteaba Andalucía descosida y desatentada como una gallina clueca, ya que creía tener entre manos una buena baza electoral para conquistar San Telmo con la quita de la deuda a las comunidades autónomas. Su objetivo se centraba en convencer a los andaluces de que el presidente de Andalucía era un irresponsable si no aprovechaba la propuesta surgida de los intereses independentistas.

La comparativa no tenía otro sentido que el de poner en valor movimientos y aspavientos del personaje en cuestión, por exagerados tanto en sus escapadas andaluzas como en el Congreso, lo que rescataba de mi memoria la magnífica sátira humorística del grupo argentino Les Luthiers, en la que una gallina clueca emulando a Arquímedes dijo ¡eureka! al poner un huevo. Un huevo podrido y fétido en el caso que nos ocupa.

Así, las expresiones faciales, la postura corporal, la posición de las manos o la mirada son tan instructivas que, como expresaba un conocido profesional de las ondas, resulta muy sugestivo visualizar sin sonido las estancias parlamentarias de la bancada azul y resaltar la riqueza de sus gestos. La Pedrocracia gestual ha convertido el Congreso de los Diputados en el mayor y más lamentable espectáculo de Occidente: un circo en el que el maestro de ceremonias combina burdamente una agresividad supremacista y burlesca hacia la oposición, con la sumisión más vergonzante ante las fieras independentistas. Es en esos momentos cuando Montero ahueca el ala cobijando amablemente los chantajes necesarios para mantener erguido el mástil central de una carpa circense que hoy, a pesar de todas las concesiones, se tambalea con los vientos huracanados de Junts, o dilata las yugulares y entra en éxtasis cuando la verborrea impúdica se centra en el Partido Popular.

Como ejemplo, en la sesión de control del pasado veintidós de octubre, y dada la práctica habitual por parte de Sánchez de esquivar las preguntas del líder de la oposición y atacar con la munición del momento fraguada por la caterva asesora de Moncloa, la chef que nos fríe a impuestos aplaudía de forma espasmódica y miraba al techo del hemiciclo de Babel con una expresión de gozo cuasi orgásmica al escuchar al líder supremo de Tezanos recrearse con los cribados del cáncer de mama en Andalucía. El cóctel de fango, bulos y cinismo fue de tal intensidad, que la candidata andaluza lo ha interiorizado como el aderezo perfecto para unas elecciones en las que ni los suyos le auguran un resultado aceptable.

Este nuevo intento de sacarle rentabilidad política a situaciones de desgracia colectiva es tan infame que el bumerán lanzado ha de regresar para golpear a su dueño con lo que más le duele, la verdad. Porque nadie discute que en Andalucía se ha producido un fallo en el protocolo del cribado de cáncer de mama, pero también es muy cierta la rápida respuesta del Ejecutivo andaluz reconociendo el problema, asumiendo responsabilidades, tomando medidas para solucionar los déficits detectados y mejorando de forma evidente el programa. Una forma de proceder totalmente opuesta a las continuas cortinas de humo que el sanchismo genera para tapar vergüenzas, ocultar fallos y encubrir la aciaga realidad judicial que lo acorrala.

De esta suerte, hechos similares como el de Castilla-La Mancha (gobernada por el PSOE) donde no se realizó cribado de cáncer de mama a más de 3.000 mujeres durante cinco meses, o el de la Ciudad Autónoma de Melilla (con competencia sanitaria absoluta del Ministerio de Sanidad) en la que parece ser que ya va más de un año sin programas de cribado, no son motivo de crítica, no merecen petición de dimisión alguna, ni se les otorga la entidad necesaria para hacer saltar los resortes mediáticos públicos y convertir dichos hechos en una continua noticia de cabecera.

La evidencia de lo que acontece muestra cómo la problemática del cáncer de mama en Andalucía y la angustia ocasionada a las personas afectadas están siendo manoseadas con invitación a la náusea por parte del socialismo y de una candidata-clueca que, por la cercanía de las elecciones andaluzas, se ha embarcado en un reality de intensidad diez en la escala obscena del desgobierno sanchista. Quizás piensa haber encontrado otro asidero seguro para lanzarse a la piscina andaluza (alas extendidas, yugulares ingurgitadas y pecho al frente) y volver a gritar ¡eureka! Sin embargo, es de esperar que, tal y como descubrió Arquímedes, experimente un empuje hacia arriba directamente proporcional al volumen de líquido desalojado y, dado lo mucho que esta señora ha desalojado y contribuido a desalojar de Andalucía, el empujón puede ser de tal magnitud que la lance para siempre fuera de la piscina, algo que sería muy deseable.

Porque la realidad andaluza de hoy es muy diferente a la que anhela con nostalgia la candidata socialista. La Andalucía de 2025 ya no es el cortijo secuestrado por vísceras ideológicas, ni el furgón de cola en el que se acomodaba a su antojo una izquierda indecente y corrupta que llevó a cabo el mayor atraco a las arcas públicas de nuestra democracia. Una Andalucía que crece en empleo, en oportunidades de futuro y en una sensatez que incita a no apoyar a quienes utilizan para fines espurios huevos podridos, recursos torticeros y un lenguaje gestual impropio del templo de la palabra, al que las urnas han de devolverle las funciones que el maestro de ceremonias le ha arrebatado con el beneplácito de una ministra clueca y reincidente.

Bartolomé Madrid Olmo es Diputado en el Congreso y alcalde de Añora