El rodadero de los lobosJesús Cabrera

¡Viva el lechón!

«El lobo del veganismo no debe tener la conciencia tan tranquila cuando se reviste con la piel lanuda de la salud, del bienestar, del equilibrio y, cómo no, del medio ambiente»

El rector de la Universidad de Córdoba, Manuel Torralbo, que es de Cardeña y ejerce de tal, debería liderar la defensa del lechón como bandera de esa tan rica como extensa gastronomía provincial que por ideología está sutilmente marginada por, ay, estar fundamentada en productos cárnicos de excelente calidad y cualidades.

La operación es sibilina: bajo la máscara de promocionar una alimentación sana, equilibrada, de proximidad y otros tantos adjetivos biensonantes, se esconde la promoción del veganismo. Esto es algo legítimo siempre y cuando se respete la libertad de quien no quiera practicarlo. Si uno anhela atiborrarse toda su vida a base de vitamina B12, como si fuera un enfermo crónico, allá él, pero que deje en paz a quien quiera disfrutar del lechón de Cardeña, por ejemplo, del chorizo de Espejo o del flamenquín del Rafalete.

El lobo del veganismo no debe tener la conciencia tan tranquila cuando se presenta revestido con la piel lanuda de la salud, del bienestar, del equilibrio y, cómo no, del medio ambiente. Si el mensaje es sensiblero, provoca la lagrimita y en el objetivo se pone a los niños, el éxito está asegurado. Quienes ven los fantasmas del adoctrinamiento a la vuelta de cualquier esquina lo provocan con la excusa de los menús escolares, un arma que concita unanimidades sin ver el fantasma del aleccionamiento más refinado.

Cualquiera sabe que defender la libertad en la alimentación no es estar dándole todos los días al flamenquín, al cochifrito y a la morcilla como si no hubiera un mañana. En vez de predicar la formación nutricional correcta, el equilibrio y las ventajas de los productos se opta por la abolición, la persecución y el señalamiento de quienes deciden hacer lo que les da la gana conscientes de lo que deben hacer y de lo que no.

Por esto, quedó un poquito chungo que el otro día viniera a Córdoba, concretamente a la Corredera, el líder de una formación política que lleva a Andalucía por bandera. Su objetivo era intentar colocar el mensaje de que los comedores escolares no alimentan bien a los niños y para adornar la faena se puso a repartir platos como ejemplo de lo que hay que comer. Montó el tenderete frente al Sánchez Peña y repartió salmorejo -hasta ahí, bien- y pisto manchego. Que un político nacionalista andaluz, con una camiseta en la que lucía la bandera de la tierra, repartiera el plato estrella de la región de García-Page, es para hacérselo ver.

En esta ocasión, los de Adelante Andalucía se dejaron vencer por sus múltiples complejos y dejaron pasar la oportunidad de conectar con la gente de la tierra, la que vive y disfruta con los ibéricos de los Pedroches, con las morcillas de Hinojosa o con los insuperables quesos de Zuheros.

Es de comprender que esta formación tirara por algo baratito, como el pisto manchego, pero podía haber triunfado con unos montaditos de salchichón de Pozoblanco. El mensaje que queda al final es que por lanzar la tabarra adoctrinadora de siempre han conseguido más votos en Tomelloso y en Almagro que en esta tierra que no se acompleja de comer carne. Y lechón de Cardeña.